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24 de noviembre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La corrida contra la deuda europea no se detendrá sola. Y no respetará pergaminos. Ayer le tocó el turno de morder el polvo a la propia Alemania. Para nuestro entrevistado -que se refugia en la máscara de Gordon Gekko- el mensaje de los mercados es inquietante: ya hay quienes piensan que Alemania no es un refugio plenamente satisfactorio.

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Tim Geithner
Periodista: Ayer nos preguntábamos, ¿cuándo reaccionará Europa? ¿Cuando los bonos alemanes sean el blanco? Dicho y hecho. También Alemania cayó en la trampa y se complicó con una subasta desafortunada.

Gordon Gekko: Seguro.

P.: ¿Qué tan grave es el hecho de que no haya podido colocar toda la emisión prevista?

G.G.: Es delicado. Señala una obviedad: la crisis se profundiza a lo largo de la eurozona, la destrucción de valor se acelera y ya tampoco Alemania es un refugio plenamente satisfactorio.

P.: El contagio llegó a Berlín.

G.G.: Quien no quiera creerlo, tiene ahora una primera evidencia palpable.

P.: Me imagino que si el Tesoro hubiera estado dispuesto a pagar una tasa más alta hubiese podido agotar los 6 mil millones de euros planificados. La noticia es la suba de tasas de los bonos alemanes.

G.G.: Cabe pensar que sí. Pero hubo interesados solamente por el 65% de los bonos ofrecidos; apenas por 3.600 millones. La tasa de corte de la licitación fue del 1,98%. El bono a diez años cotizó después, en los mercados secundarios, al 2,15%.

P.: El riesgo-país de las deudas europeas se mide con referencia a lo que rinde Alemania. Ahora que también supone peligro, ¿cómo obtener una lectura precisa?

G.G.: La anterior no lo era. Hace un tiempo que las deudas soberanas entrañan riesgo de crédito y los mer-cados de credit default swaps (CDS) -aun con muchas

imperfecciones- reflejaban un ascenso. Lo único que cambió es que Alemania subió otro escalón. ¿Quiere riesgo cero (o mejor dicho, mínimo)? Entonces váyase de la eurozona. Ese es el mensaje tácito.

P.: Y compre bonos de los EE.UU.

G.G.: El Tesoro estadounidense colocó, esta semana, bonos de todos los colores. Hoy (por ayer) no tuvo inconvenientes en despachar una emisión a siete años al 1,415%. La subasta estuvo más de tres veces sobresuscripta.

P.: ¿Qué pasó? Alemania era el árbitro de la situación europea. ¿El juez termina en el banquillo como un acusado más?

G.G.: La explicación más sencilla tiene que ver con el agravamiento de la crisis: ¿quien va a pagar esta factura que ya no es despreciable?

P.: ¿Alemania? Al menos, eso se piensa.

G.G.: Entonces su situación fiscal no luce tan rozagante. La deuda pública no debiera permanecer indemne.

P.: Pero Alemania puede negarse. Hasta el momento, es lo que ha hecho con notable tenacidad.

G.G.: Puede. No obstante, la deuda es una moneda con dos caras. Mire el reverso, ¿quiénes son los acreedores? Alemania también se anota. Y con una tajada importante. ¿Qué va a pasar con su sistema financiero? No se rescatará a Grecia o a Portugal, pero no se puede permitir el colapso de la banca. Y la cuenta es impredecible.

P.: Palos cuando bogas y palos cuando no bogas. ¿No hay forma de zafar?

G.G.: No si uno está en el bote. Es imposible desembarcar. Ya es muy tarde.

P.: Cuando la crisis cercó a Italia, en julio, recuerdo que comentó que lo único bueno era que obligaría a Europa a ensayar una respuesta eficaz. No sucedió. ¿Ahora que el calor se siente en Berlín, será el gatillo de una reacción?

G.G.: Europa se comprometió a levantar un muro cortafuegos. Ya en la cumbre del 21 de julio, precisamente cuando la amenaza apuntaba a Italia.

P.: El incendio avanzó mucho más rápido que la empalizada con que se pensaba detenerlo.

G.G.: Es así. Las cumbres de octubre reavivaron el tema y Europa prometió potenciar al fondo de rescate y llevarlo a una capacidad de un billón de euros.

P.: Increíblemente nada se hizo.

G.G.: Había motivos para pensar que se obraría con más determinación. Simplemente considerando todo lo que está en danza, lo más sensato, hace tiempo, era ocuparse de apagar el fuego.

P.: ¿Se podrá resucitar el proyecto de fondo de rescate ampliado y darle un curso ultrarrápido?

G.G.: Todo es posible. Pero era mucho más fácil dos o tres semanas atrás, amén de tener mejores chances de resultar eficaz. Hoy podría servir de complemento, y con suerte. Sin el concurso del BCE, lo hemos hablado mil y una vez, no hay matafuegos que sirva.

P.: Salvo que también se destruya el euro.

G.G.: Aun en ese caso.

P.: Bueno, pero si lo que vimos hoy (por ayer) se torna crónico, y los inversores huyen de los bonos alemanes y también del euro, ¿serviría?

G.G.: Las obligaciones que hay que afrontar son en euros. Si usted puede fabricarlos puede también enderezar la cuestión. Que el euro pierda algo de su valor no vendrá mal tampoco.

P.: ¿Lo permitirá Alemania? ¿Estará dispuesto el BCE?

G.G.: ¿Hace cuánto que nos preguntamos lo mismo? Ya en septiembre EE.UU. lo mandó a Tim Geithner, el secretario del Tesoro, a que remueva el avispero. Merkel le prometió, así lo dijo Geithner y nadie lo desmintió, que Alemania no toleraría un aquelarre europeo. La situación actual se parece como un calco a lo que Geithner quería evitar, y aun así no hay respuesta. Lo más interesante es que tampoco se lo ve a Geithner (o al presidente Obama) tan exaltado como entonces. Hablamos de una revolución francesa, ¿recuerda? Si Papandreu pataleó, y no quiso entregarse, llama la atención esta mansedumbre de todo el mundo frente a un accidente tan grave en ciernes. El umbral de tolerancia es mayor que el que uno podía imaginar. Se sabe que la corrida tomó envión y que no se detendrá sola.

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