22 de julio 2002 - 00:00

El plan para devolver depósitos

Llegaron ayer al país los cuatro integrantes de la comisión de notables que propondrán una salida al dinero del "corralito". Definirán con el FMI y con el Tesoro de EE.UU. la liberación total de depósitos en caja de ahorro y cuentas corrientes. Ya estaría acordada. Hay un nuevo plan optativo para el dinero reprogramado. Para devolver los depósitos originales en dólares, los bancos se harán cargo hasta $ 1,40 y el gobierno de la diferencia con el tipo de cambio actual. Así los depósitos de menos de $ 10.000 se pagarían en 6 meses. Los ahorristas que tengan entre $ 10.000 y $ 40.000 tendrían un bono a 5 años. Para los depósitos de más de $ 40.000 será a 10 años. Por pedido del FMI este nuevo plan se ofrecerá en dos etapas: primero para los ahorristas y un mes después para las empresas. Aldo Pignanelli (Banco Central) gestionó apoyo externo a este proyecto. Siguen las diferencias con Lavagna. Se define esta semana.

Los cuatro ex presidentes de bancos centrales que llegaron ayer al país y la misión del Fondo Monetario Internacional que encabeza John Thornton discutirán, desde hoy hasta el miércoles, la propuesta de eliminación del «corralito» financiero que elaboró el Banco Central y que fue defendida por el titular de esa entidad en Washington durante la semana pasada. Entre el jueves y el viernes pasado, Aldo Pignanelli expuso ante Anne Krueger y Anoop Singh los lineamientos principales de su programa: se liberarían totalmente las cuentas transaccionales (corrientes y caja de ahorro) y para los depósitos reprogramados se ofrecería un menú de efectivo y bonos, garantizados de manera conjunta por los bancos y el Estado.

El «plan Pignanelli» prevé que los ahorros reprogramados inferiores a u$s 10.000 originarios podrán ser retirados en 6 meses. Los que van de u$s 10.000 a u$s 40.000 originarios podrían optar por un bono a cinco años de 1,40+CER a cargo del banco (de la diferencia cambiaria se haría cargo el Estado también mediante un bono) y los superiores a u$s 40.000 por un bono a 10 años (el Estado absorbería también aquí la diferencia cambiaria). El anuncio de la liberación se haría en dos etapas, con un mes de diferencia; primero se beneficiaría a personas físicas y después a las empresas. Todo el esquema fue analizado ayer durante una reunión de banqueros de ABA y ABAPRA que se realizó por la tarde.

El principal argumento de Pignanelli, sobre todo cuando se trata de defender su propuesta ante el sector político del gobierno, es que con este programa se satisface la expectativa de los pequeños ahorristas, que fueron los que quedaron atrapados de peor manera en el «corralito»: «Los grandes se fueron en 2001 o por el 'goteo' judicial. Ahora liberamos a 78% de los depositantes», le explicó el presidente del Central a Eduardo Duhalde antes de partir hacia los Estados Unidos. Duhalde repitió esas palabras ante Nito Artaza, cuando el actor lo visitó para expresarle su queja.

•Salida retórica

Más que protocolar, el gobierno enfrentará hoy un problema político: los cuatro expertos que visitan el país y el mismo Thornton, el encargado del «caso Argentina» en el Fondo Monetario Internacional, asistirán a la presentación de dos programas monetarios. Uno, el que defiende Pignanelli. El otro, aconsejado por el ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien ayer almorzó con los cuatro notables que deben dictaminar sobre la cuestión. En el gobierno disimularán esa distancia, diciendo que en rigor existe un solo programa monetario, sólo que en dos fases. La más antigua, que defiende Lavagna, y otra ampliada y corregida según los datos del comportamiento del mercado en los dos últimos meses, que es la de Pignanelli. Es una salida retórica para no quedar pésimo ante las visitas: el titular del Central y el ministro de Economía mantienen una pelea destemplada, que promete subir su temperatura más aún.

No debería sorprender, por ejemplo, que sea sometida a sumario la conducta de dos directores del Banco (Alberto Camarasa y Víctor Bescos) por asistir a reuniones con Lavagna y el secretario de Financiamiento, Guillermo Nielsen, sin notificar a Pignanelli, lo que podría ser violatorio del artículo 5° de la Carta Orgánica de la entidad, según un dictamen preliminar del equipo jurídico. Hasta este nivel llega la guerra.

Estas tensiones electrizarán el aire, sobre todo durante el almuerzo de hoy: Hans Tietmeyer, Andrew Crockett, John Crow y Luis Angel Rojo, los cuatro expertos que arbitrarán entre Economía y el Fondo, igual que Thornton, compartirán la mesa con Lavagna y también con Pignanelli, quien concurrirá al Palacio de Hacienda en respuesta a la forzada invitación de Lavagna. El presidente del Central juega con ventaja. Tal como le informó a Duhalde telefónicamente, consiguió que el Fondo mire con simpatía su programa para levantar el «corralito». El jueves y el viernes de la semana pasada los técnicos de ese organismo, básicamente Singh y Thornton, se concentraron en el examen de la propuesta.

•Recomendación

Todo comenzó el miércoles de la semana pasada, cuando Pignanelli dialogó brevemente con la directora estadounidense del Fondo, Krueger, en un aparte de un seminario académico del que participó en Boston. Ella le recomendó viajar a Washington y, de ese modo, el economista pudo exponer sus ideas ante Singh. «Esto de levantar el 'corralito' es lo que siempre quisimos. Puede ser que a Lavagna no le guste pero a mí sí», habría comentado el indio, director para el Hemisferio Occidental del FMI, memorioso de los reproches que le hizo formalmente el ministro de Economía cuando era el encargado de la operación argentina. Para demostrar su entusiasmo, Singh informó: «Vamos a acelerar la visita de Thornton; que viaje este domingo». Así ocurrió.

Según trascendió ayer en distintas oficinas del gobierno, Singh se interesó especialmente por conocer cuál era el respaldo que Duhalde le ofrecía a la propuesta. Pignanelli aclaró que
«yo quería saber qué visión pueden tener ustedes de este borrador antes de avanzar en un compromiso político más amplio». Confesó, eso sí, que el domingo 14 por la noche, antes de viajar, había comido en lo de Alfredo Atanasof a quien le informó minuciosamente todo el plan. Singh y Thornton se interesaron por saber qué efecto podría tener la liberación del «corralito» sobre el tipo de cambio. El presidente del Central arguyó: «Se liberarían $ 25.000 millones por cuentas a la vista. Sobre $ 6.000 no habría que temer porque se trata de depósitos del Estado, nacional, provincial y municipal. El resto, $ 15.000, no debería plantear inconvenientes tampoco. Primero, porque es lo que la economía requiere para moverse. Segundo, porque si miramos el comportamiento del sistema, en junio hubo un goteo (por cambio de cheques contra dólares o compra de acciones para negociar en el exterior) por menos de 25% de lo que preveíamos y en junio los depósitos subieron $ 22 millones». El funcionario advirtió que sí existe preocupación por el dinero que sale del «corralito» por vía de amparos: «Son $ 1.000 millones por mes, contra los $ 780 millones previstos inicialmente».

Todo el razonamiento es importante, ya que Lavagna sostiene -privada y públicamente, como quedó consignado en un comunicado que irritó a Pignanelli-que la vía propuesta desde el Central es inflacionaria. En los oídos hipersensibles de Duhalde el ministro agregó:
«Esto nos va a llevar a la híper y de allí estaremos en la dolarización, con lo que Menem le habrá ganado la batalla». Como se ve, todos juegan con todo con tal de ganar esta guerra.

Además del encuentro con Singh y Thornton, Pignanelli mantuvo dos entrevistas clave durante su paso por Washington. Una fue con el titular del Fondo,
Horst Köhler, con quien habló de manera muy estilizada sobre el programa monetario e hicieron algunas previsiones sobre la visita de los notables. El pasaje más importante de la conversación, acaso el que más pese en la relación con Economía, es aquel en el que Köhler (hablando en alemán con el argentino) aseguró: «Nos interesa mucho la autonomía del Central, porque queremos establecer un acuerdo institucional con la Argentina, no con un gobierno». Este criterio quedó fijado en el «manual de instrucciones» que se les dio a los cuatro notables que visitan el país y que asignan al banco la facultad de discutir el programa monetario. Es sobre la base de ese ritual que esos expertos visitarán la entidad en dos oportunidades para discutir el plan de Pignanelli.

La otra conversación clave de Pignanelli en Washington fue con John Taylor, el subsecretario del Tesoro, que visitará el país con Paul O'Neill a comienzos del mes que viene
. Astuto, el argentino le dejó a su anfitrión una copia en inglés de su trabajo, con un anexo «ad hoc»: la presentación de las variables fiscales, monetarias, de asistencia a bancos e intervención en el mercado de cambios según el criterio de «inflation targeting» (objetivos de inflación). Es una forma de presentar el programa cuya autoría se le reconoce al propio Taylor.

Duhalde está a la expectativa de lo que suceda con el plan de Pignanelli. Lo avalará si concita la aprobación explícita del Fondo. Mientras tanto, se tranquiliza con las novedades sobre el acuerdo con el organismo:
junto con varios países y otras entidades multilaterales podrían realizar desembolsos por cerca de u$s 3.000 millones, es decir, por el equivalente de lo que la Argentina ya pagó a esas instituciones en lo que va del año. Parte de ese monto podría ir directamente al Central, para avalar intervenciones que despejen la principal duda que despierta el plan de Pignanelli: su impacto sobre el dólar y la inflación.

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