31 de julio 2002 - 00:00

Era previsible: los bancos empezaron a cerrar sucursales

Las principales entidades del sistema financiero dieron comienzo al anunciado ajuste de sus redes de sucursales
Las principales entidades del sistema financiero dieron comienzo al anunciado ajuste de sus redes de sucursales
" Señores clientes: a partir de hoy esta sucursal atiende en Cabildo 15..." El cartel, pegado en la vidriera de la agencia que tenía el BankBoston en Libertador y Mendoza informa a los clientes que las entidades ya han comenzado a achicar sus redes ante la nueva realidad del mercado financiero argentino.

Carteles similares pueden leerse en la ex sucursal del Banco Río en el complejo Torres del Sol de Pilar, la que tenía el HSBC en Santa Fe y Julián Alvarez, o la del BBVA Francés, en Charata (Chaco), que reenvió a sus clientes a la (también chaqueña) localidad de Presidencia Roque Sáenz Peña.

Sin embargo, el achique no es ni tan extendido ni tan traumático como se preveía hace un par de meses: muchas entidades están «aguantando» sus redes lo más que pueden, a la espera de que se aclare el panorama.

A diciembre del año pasado, la última fecha en la que los bancos presentaron balances y el Banco Central pudo elaborar su -hasta entonces mensual-Informe de Entidades Financieras, el total de agencias bancarias que funcionaban en el país ascendía a 4.273, en las que trabajaban unas 110.000 personas. Y si bien hoy es muy difícil aventurar cuántas de las agencias sobrevivirán -y cuántos empleados perderán su trabajo-, el proceso de achicamiento ya empezó y no parece que vaya a detenerse. No al menos mientras no se reconstituya algún tipo de actividad de intermediación (básicamente créditos y colocaciones de fondos); hoy los bancos son poco más que meras bocas de cobro de impuestos y servicios (lo que se conoce como «banca transaccional»).

«Antes todos los bancos expandíamos nuestras redes porque había un gran negocio de intermediación; ahora, con la banca transaccional como único negocio, no tenemos más remedio que fusionar las agencias que están cerca las unas de las otras.»
La frase, dicha por un ejecutivo de un banco extranjero, puede ser puesta en boca de cualquier banquero.

• Redundantes

Lo cierto es que en las últimas semanas las principales entidades del mercado local comenzaron a cerrar lo que califican como «sucursales redundantes», en la mayoría de los casos sin desprenderse del personal. Algunos casos:

• El
Galicia, que cuenta con la red privada más extendida del país (306 sucursales) cerró veinte casas, y hasta fin de año tiene planeado desactivar cuarenta más. También cerraron cerca de ochenta puntos de atención (para operaciones hasta $ 1.000) que operaban en otras tantas sucursales del Correo Argentino (del que todavía tienen 12,5%).

• El
BBVA Francés (310 sucursales) cerró 30 agencias a lo largo de un proceso que culminó la semana pasada. Ahora están en proceso de desmontar el mobiliario y devolver los locales a sus dueños. «El banco compró varias entidades en los últimos años (el Almafuerte, parte del Mendoza, etc.), y muchas de sus agencias quedaron cerca de otras que ya teníamos. Buena parte de las fusiones obedece a ese fenómeno», dice una fuente de la entidad.

• El
Banco Río (270 sucursales) discontinuó la operación de doce agencias en julio, y cerrarán otras siete en agosto. De esta casi veintena de casas bancarias, seis son lo que en el banco denominan «filiales automáticas» (atendidas por dos o tres empleados, que fueron reabsorbidos en las agencias más cercanas). «Por ahora no están previstas más fusiones de sucursales, pero seguiremos monitoreando la evolución del mercado financiero, y obraremos de acuerdo a eso», afirma un ejecutivo de la entidad que preside Enrique Cristofani.

• El caso del grupo
HSBC es algo diferente, porque tiene cinco empresas, cada una con sus propios puntos de atención al cliente (el banco, Máxima AFJP, HSBC Salud -ex Docthos-, New York Life y La Buenos Aires). Ahora, muchas actividades se han concentrado en un solo local, y si bien el banco registra sólo tres cierres de agencias (sobre 65), la cifra trepa a una decena si se consideran las de las subsidiarias no bancarias.

• El
Citi (84 sucursales) acaba de cerrar cuatro y cerrará otras cuatro antes de que termine 2002. ¿Habrá más? De nuevo, «todo depende de que el sistema financiero se arregle», dice un gerente de la entidad estadounidense.

• Rumor

Llamativamente, el rumor indica que no sólo la banca privada se vería obligada a esta clase de ajuste: se dice que más de una entidad oficial podría comenzar a achicar su red en las próximas semanas. Desde ya, entidades más chicas también están encarando reducciones similares, en proporción a sus redes.

¿Hay vuelta atrás en este ajuste?
Sólo si en la Argentina vuelve a haber un sistema financiero. ¿De qué depende? Según los banqueros, de que se resuelva el tema de los amparos, y se acuerda con el gobierno algún tipo de compensación por las pérdidas que sufrieron las entidades en virtud de la pesificación asimétrica.

El CEO de un banco sentencia:
«Mire: a pesar de todo volvieron al sistema unos $ 2.500 millones, y en las casas de los argentinos hay entre u$s 8 y 10 mil millones. Esa plata va a volver a los bancos algún día, porque la gente ya se da cuenta de que los secuestran y los roban buscando esa plata».

Lo que el banquero no dice es que ese di-nero retornará a las arcas de las entidades sólo cuando los argentinos dejen de temerle más al gobierno que a los ladrones y secuestradores.

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