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Durante un almuerzo que se servirá a las 12 del sábado, Remes y Blejer expondrán ante los ministros de economía de Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Japón, Italia y Canadá, los objetivos alcanzados, aunque sea parcialmente, por la gestión de Eduardo Duhalde: proyecto de reforma a la Ley de Quiebras, proyecto de ley para compensar con un bono a los depositantes del «corralito», acuerdo fiscal entre la Nación y las provincias y presupuesto aprobado por el Congreso.
Como contrapartida, Remes expondrá en esa mesa su principal demanda: que los países con inversiones en la Argentina intervengan en el Fondo Monetario Internacional para resolver con alguna fórmula el problema de la deuda externa privada. ¿Un fondo especial para establecer algún seguro de cambio? ¿Una negociación política para que los bancos acreedores, con casas centrales en los países representados en la mesa, programen con más consideración sus exigencias? Los argentinos harán notar de alguna manera que una ley de quiebras que responda al estándar internacional deja abierto el problema del default de las empresas privadas, sobre todo las que cobran sus servicios en pesos pero deben afrontar sus pasivos en dólares. Es el principal problema que no encuentra remedio, siquiera teórico, en la mesa de Remes y es el que más intranquilo lo tiene: no quiere ser víctima de la campaña (ya lanzada por «Clarín» para conseguir que no se modifique su aberrante Ley de Quiebras) que busca presentarlo como el «entregador» del capital nacional a cambio de un modesto acuerdo con el Fondo.
Si del almuerzo del sábado Remes espera una señal especial respecto de la deuda privada, hoy tendrá una serie de reuniones imposibles de superar en importancia para un ministro de Economía que quiera tomar contacto con el gobierno de los Estados Unidos.
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