El casi milagro de ver gente por las calles, yendo a sus tareas, de apretar la perilla y que encienda la luz, o abrir la canilla y que caiga agua, cuando todo en el contexto indica que estamos viviendo un programa virtual de funcionamiento de una Nación, parece irse diluyendo con el correr de los días. Esto sería una vuelta a la verdad, el corporizar toda la estructura social y que deba actuar sin eufemismos, sin analogías sino cara a cara con lo que necesita y lo que posee. Y allí, como en las malas ruedas bursátiles, lo que se encuentra es una plaza descompensada y con preeminencia de vendedores: sin «tomador» a la vista.
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... tal vez toda esta película de terror, y de clase «C», merezca una revisión de las bases y el hacer los primeros palotes en todo orden. Por caso, ver de qué modo se funda un sistema financiero, en qué manera se teje un andamiaje comercial, y con qué estructura política llegaremos a esos logros. Todo lo que en países que funcionan normalmente les resulta obvio, a nosotros se nos ha convertido en una meta por alcanzar. El haber seguido caminando dentro de las necesidades esenciales, como comida, servicios, lo elemental de la vida, ahora está también en el cuestionamiento. Parece mentira, pero es verdad. Tener una Bolsa ya suena a una exquisitez que excede nuestras posibilidades, ver armarse los negocios en un recinto de oferta pública, suena a un lujo que deberíamos poseer más adelante. Porque entre el comprar acciones de Pérez y tener dinero para hacer las adquisiciones en el mercado de alimentos: hoy en día, hay un abismo. Mañana, será otro día...
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