Arjona, de nuevo para multitudes

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«Tour Metamorfosis». Ricardo Arjona. Presentación del disco «Independiente». (Estadio Vélez, 12 al 15 de abril).

Queda poco por agregar sobre Ricardo Arjona, un cantautor que ha superado las dos décadas de trabajo y los 20 millones de disco vendidos, que colecciona por cientos los álbumes de oro y platino, que se dio el gusto de hacer una serie récord en 2006 que enardeció a Fito Páez («cuando la ciudad le da 35 Luna Parks a Arjona y a Charly García le da dos, tenés que pensar qué significan la política y los diarios en esa ciudad, en la que hay valores que fueron aniquilados»). El mismo que en 2009 se superó con cinco canchas de Boca y ahora hizo cuatro Vélez como parte de una gira internacional que, en su sección argentina, incluye además a Córdoba, Rosario, Junín, Mendoza, Comodoro Rivadavia, Neuquén, Bahía Blanca, Santa Fe, Corrientes y Tucumán.

Como pasa sólo con algunos elegidos, el cantautor guatemalteco convoca por igual en el Madison Square Garden de Manhattan que en el Auditorio Nacional de México, y en nuestro país, tiene sin dudas una de sus muy buenas plazas.

Si muy en sus comienzos, cuando había que arrastrar a la prensa para conocerlo y reunirse con él, sus canciones apuntaban hacia el lado del «compromiso, con temas como «Jesús verbo no sustantivo», o «Si el norte fuera el sur», con los años se fue centrando casi exclusivamente en la temática romántica; y la ilusión de un Serrat latinoamericano quedó bien en el olvido. Con eso, a partir de un discurso algo extraño en el trato hacia las mujeres -por ejemplo, una de sus nuevas canciones se llama «Mi novia ya se está poniendo vieja»-, que enoja a las que no están entre sus fans y enloquece a muchísimas otras, se ha convertido a la vez en un eficiente fabricante de canciones y de divisas de todos los colores.

No hay nada nuevo entonces bajo el sol de Arjona, pero a quién le importa. El hombre repasa viejos y nuevos títulos, presenta su último disco «Independiente» y recuerda sus piezas más clásicas, recurre a0 textos que se pelean con el idioma y con la rima, repite fórmulas de melodías y arreglos, impone su presencia de basquetbolista en el escenario y convierte a las 25.000 personas del estadio de Liniers en un agudo y multitudinario coro en relación 90/10 entre mujeres y hombres. Y todos felices.

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