2 de marzo 2011 - 00:00

Carlos Trunsky: “Hacer poesía con lo siniestro”

Carlos Trunsky: «Esta puesta es muy teatral, pero no cabe duda de que sólo puede ser interpretada por bailarines. Ningún trabajo mío fue pensado para actores puros».
Carlos Trunsky: «Esta puesta es muy teatral, pero no cabe duda de que sólo puede ser interpretada por bailarines. Ningún trabajo mío fue pensado para actores puros».
Mientras aguarda la conformidad del Centro de Experimentación del Teatro Colón para reestrenar «Four Walls o La niña del enfermero» de John Cage, a fines de marzo o principios de abril, Carlos Trunsky ya tiene casi listo su nuevo espectáculo, «Pavura», basado en un cuento del cantante, compositor e historiador Gabo Ferro. Se trata de un relato coreográfico («un tratamiento poético de lo siniestro cruzado por elementos que hacen a nuestra cultura»), con música original de Jorge Chikiar, que se presentará a partir del 13 de marzo a las 20 en la Sala «Portón de Sánchez» (Sánchez de Bustamante 1034) con Ramiro Soñez, Emanuel Ludueña, Victoria Hidalgo y Victoria Viberti.

Trunsky
lleva montados alrededor de 30 títulos (entre piezas académicas, contemporáneas y de experimentación). Muchos de ellos fueron estrenados en teatros oficiales: Colón, San Martín y Argentino de La Plata. Premiado como coreógrafo en diversas ocasiones, Trunsky sigue siendo miembro del Ballet Estable del Teatro Colón, desde 1987.

Periodista: ¿»Pavura» es más teatral que sus obras anteriores?

Carlos Trunsky:
Después de mi última trilogía (integrada por «Incandescente», «Saña» y «Voraz») creo que hice un cambio como director. Esta nueva puesta es muy teatral, pero no cabe duda de que sólo puede ser interpretada por bailarines. Ningún trabajo mío fue pensado para actores «puros». La excepción fue Gabo Ferro que me pareció ideal para el rol de paciente, en «Four Walls». Y como trabajé muy bien con él, luego le pedí que escribiera un texto a partir de la palabra «pavura».

P.: Pavura es el miedo llevado al extremo...

C.T.: Es el paroxismo del miedo y en este caso tiene que ver con ese gran miedo que desde siempre ha movido a la humanidad: el miedo a la muerte. Este es un tema recurrente en casi todos mis trabajos, sobre todo en mi versión de «Four walls».

P.: Una extraña historia de amor entre un paciente agonizante y su enfermero, en medio de una atmósfera onírica que recuerda a las ficciones de Manuel Puig.

C.T.: A mí me recuerda a la película de Bergman «Persona» pero recién la vi ahora. Ambas tocan ciertos pensamientos religiosos que las emparentan.

P.: ¿Qué lugar ocupa la muerte en «Pavura»?

C.T.: El énfasis está puesto en la idea de muerte como transformación, si bien la obra también bordea por momentos el pensamiento judeo-cristiano con la idea de un plano terrenal y un plano superior. Fue inevitable, son elementos que están impresos en nuestra cultura y es muy difícil salirse de ellos. Yo creo que ese pánico ancestral ante la muerte fue lo que dio origen a las religiones y lo que llevó a inventar la figura de un dios. En la obra aparecen varios referentes culturales que tienen que ver con la historia de la humanidad. Si tuviera que definir a este espectáculo diría que es barroco y surrealista a la vez. Pero la música es absolutamente contemporánea.

P.: ¿La obra está narrada como un cuento?

C.T.: Sí. Es como escuchar un disco mientras uno va pasando las hojas de un libro, que aquí está danzado y actuado. El hecho de narrar una historia es algo que tengo muy arraigado desde la niñez. Me gusta crear situaciones, fantasías y que la obra tenga un claro principio, un transcurso y un final. Hay un narrador (la voz en off de Ciro Zorzoli) y cuatro personajes que a veces son uno solo.

P.: Usted se formó como bailarín ¿Cuándo surgió esta necesidad de narrar?

C.T.: Cuando empecé a bailar ya tenía el deseo de contar. No es que estuviera limitado por el género, porque en la danza siempre existió la posibilidad de contar algo, más allá de las abstracciones que luego la fueron transformando. Tanto la danza como la pantomima surgieron de la necesidad de transmitir y compartir algo. Pudo ser alguien que cazó un animal o una pequeña comunidad disfrutando del hecho de reunirse y jugar con los sonidos y el cuerpo. Esta cosa de bailar actuando o de actuar bailando figura entre los primeros gestos del hombre.

P.: ¿No le pesaba ser sólo un bailarín?

C.T.: Yo empecé a coreografiar bastante temprano, a los 25 años. Hace exactamente 20 años coreografié mi primer obra y al poquito tiempo s años ya estrenaba en el Teatro Colón. El coreógrafo estuvo en mí desde el principio, pero ya estaba desde mucho antes en mi imaginación. Yo supe de entrada que para poder dirigir y crear mis propios espectáculos antes tenía que bailar. De haber sido músico hoy sería compositor y de haber sido actor hoy sería director.

P.: Pero fue integrante del Ballet estable del Colón.

C.T.: Lo sigo siendo.

P.: ¿Pese a no estar en actividad?

C.T.: Así es. No estamos bailando debido a las difíciles circunstancias que atraviesa la compañía. Hoy carecemos de un régimen jubilatorio. Hace años teníamos un régimen especial de retiro, pero se derogó. Incluso se perdieron los registros de aportes de empleados y hoy hay un tironeo muy grande con el gobierno. Ahora todo pasó a manos de la justicia porque ha habido muchas irregularidades en los últimos años con el tema de los aportes. El gobierno pagó en negro durante muchísimo tiempo. ¿Y qué más le puedo decir? Todo esto es muy complicado.

Entrevista de Patricia Espinosa

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