Con un vestuario y una puesta austeros, Cat Power (la cantante Chan Marshall) se adueñó del escenario del Gran Rex en un recital que volvió a mostrarla en pleno dominio de su hermosa voz.
Actuación de Cat Power. Con la Dirty Delta Blues, integrada por Judah Bauer (guitarra), Jim White (batería), Gregg Foreman (teclados, coros) y Erik Paparozzi (bajo). (Teatro Gran Rex, 16 de julio).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El vestuario y el aspecto despojado de Cat Power (Chan Marshall) no se corresponden con los de una estrella del rock y parecieran hacer lo posible para esconder su belleza. Tiene una historia «indie» que ha ido variando con el tiempo hasta ponerla en el terreno del «mainstream», aunque sin abandonar su espíritu original. Su repertorio combina fundamentalmente material de sus últimos dos álbumes; uno con temas propios («The Greatest» de 2006) y otro de «covers» («Jukebox» del año pasado).
En su segunda visita al país, actuó en un Gran Rex prácticamente colmado, esto es, cerca de 3000 personas (la primera había sido en 2001, para actuar en el muchísimo más pequeño teatro Margarita Xirgú) frente a un público que ya la conoce muy bien. Y con su gestualidad contenida y esa voz grave de hermoso timbre que maneja con comodidad se fue haciendo dueña del enorme escenario sin perder un ápice de su frescura independiente. Puede pensarse -con razón- que ese lenguaje sonoro que ella expresa a través del canto y el que surge del cuarteto Dirty Delta Blues es algo anticuada. No son novedosos ni los ostinatos rítmico-melódicos, ni los «sinfines» que llevan a un discurso circular, ni sus intencionadas desafinaciones y «calaturas», ni esa puesta de luces y de escena tan fría que es casi una antipuesta.
Pero eso, que puede incomodar en el principio, se va olvidando a medida que transcurre el concierto. Pasan piezas de Creedence, James Brown, Joni Mitchell, Lee Clayton; clásicos como «A Woman Left Lonely» (popularizado por Janis Joplin), «New York New York» o, ya en el cierre, «Angelitos negros» en un castellano poco comprensible.
El cuarteto muestra su valía en la coherencia de su mensaje, la simbiosis con la cantante y los pocos pero sabrosos momentos solistas. Y Cat Power (Chan Marshall) se va haciendo anfitriona y va jugando, sin que se noten los límites, entre la cantante, la actriz y la «performer» para placer de una multitud que festeja especialmente cuando baja a la platea cerca de la despedida y exhibe el momento más íntimo con su público.
Dejá tu comentario