18 de agosto 2014 - 00:36

Charlas de Quincho

No hay fin de semana largo que dé tregua a los políticos, ya sean oficialistas o de la oposición, como se verá en esta primera parte de los abundantes quinchos de hoy. Desde ya, el horizonte buitre con sus perspectivas fastas y nefastas ocupa los desvelos de Cristina de Kirchner, del canciller Timerman (con las valijas siempre listas) y del jefe de Gabinete, quien aportó lo más notable de lo que se tratará hoy. En dorados quinchos diplomáticos se habló de esto y de mucho más, pero también bajamos a la política más terrena, y estuvimos junto con los presidenciables de UNEN, después de la algarada de Carrió contra Pino; entre las nieves, con Mauricio Macri, y en una peña santiagueña, con Julián Domínguez y los Carabajal. Terminamos a toda música, con Daniel Barenboim. Veamos.

La larga despedida de Daniel Barenboim del país: el Colón le obsequió su propia camiseta 10 de la Selección; y al lado, en la milonga La Cumparsita, tanguería de Balcarce y Chile.
La larga despedida de Daniel Barenboim del país: el Colón le obsequió su propia camiseta 10 de la Selección; y al lado, en la milonga La Cumparsita, tanguería de Balcarce y Chile.
Los frentes de adentro y de afuera no dan pausa ni para tomarse ya el fin de semana largo. Lo padecieron oficialistas y opositores, que se desplegaron por las llanuras patrias, pero sin cortar teléfonos ni agendas. Cristina de Kirchner siguió el minuto a minuto de su desvelo central -la pelea con buitres- desde Santa Cruz, donde le hicieron llegar alguna noticia que alivia dentro del pronóstico de nubarrones hasta fin de año si no actúa alguna mano oculta del mercado que saque a la economía del default y el estancamiento por falta de certezas. Los opositores de la liga UNEN y algún candidato oficialista, como Julián Domínguez, aprovecharon el feriado para exhibir en geografías tan distintas como Mendoza, Córdoba y Santiago del Estero su perfil de postulantes competitivos para las elecciones del año que viene, mostrando dientes, artillería y explotando la imaginación para lograr identidad con el público, que decide las elecciones, aquí y en todo el mundo, que es el electorado moderado de las grandes ciudades. Ganar elecciones, dice una máxima universal, es tirar hacia el centro. La clave es adivinar en dónde está, porque es un blanco móvil.

Para el Gobierno, el traficante de novedades fue el jefe de Gabinete, itinerante cuando hay feriados -esta vez pasó más de un día y medio en el Chaco repasando asuntos de la gobernación y visitando familia-, que aportó lo más notable de lo que se discutirá desde hoy en la trama buitre: la presentación que harán los "euro-holders" -o sea, los bonistas europeos que entraron en los anteriores canjes de deuda- ante la Justicia de los EE.UU. contra las decisiones del juez Thomas Griesa, que les impiden cobrar lo que la Argentina quiere pagarles. Este reclamo judicial golpea el casco de la nave Griesa, porque trata de descalificar la decisión de que no se mueva fondo alguno del país sin antes cumplir la decisión de pagarles a los buitres lo que reclaman. La presentación de los europeos replica presentaciones anteriores de la Argentina que atenderá, según se anunció el viernes, el tribunal de apelaciones de Nueva York. Esta instancia puso fecha para una audiencia por dos reclamos, uno del Gobierno argentino y otro del Citibank, para que se liberen pagos y se desbarate la intención de Griesa de diferenciar bonos criollos con destino a pagar la deuda de Repsol de los que quiere vayan a los buitres malos. Esa presentación que abre la semana y la cita que se anunció el viernes son los únicos movimientos en un cuadro mudo donde el público espera que alguien haga algún gesto que movilice las figuras congeladas. La estrategia del Gobierno es facilitar el paso del tiempo, eso que el género humano quiere siempre demorar, hasta que llegue enero y salten por el aire los rufos y otros demonios.

Hasta entonces, el panorama es sombrío y hace que el Gobierno se prepare para nuevas andanadas de pirotecnia para concentrar apoyos de adentro y de afuera para dilatar la atención. La intención es replicar las observaciones de la oposición que señala la inmovilidad del escenario, y desafía la capacidad del Gobierno de salir del entuerto. A la espera de dicho enero, hay escaramuzas entre bambalinas, como las que protagoniza la Cancillería a través de Héctor Timerman ante la ONU para lograr que se vote, el mes que viene, por lo menos una carta de intención para convocar a una conferencia internacional para un nuevo tratado que ampare los procesos de desendeudamiento. Esa tarea prospera muy discretamente y puede ser la noticia que acompañe la presencia de Cristina de Kirchner en la tercera semana de septiembre ante la asamblea del organismo, en donde el tema de su discurso será, obviamente, la guerra buitre. Timerman tiene la valija lista para salir de nuevo esta semana a Nueva York si los acontecimientos se precipitan, pero hasta ahora basta el teléfono para sumar prosélitos de esa idea que nadie, en los papeles, rechazará. Es lo más que se puede lograr desde la oficina de la Cancillería, esto de sumar declaraciones, como la del comité asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que prometió estudiar la actuación de los fondos que antes se llamaban golondrina, pero que han virado a buitres.

Por lo demás, hay puertas que no se abren, por ejemplo la de los funcionarios de Estados Unidos, sobre quienes pesa una orden de su Gobierno de no abrir el diálogo sobre esta crisis con funcionarios argentinos. Nadie ha visto la disposición formal, pero es la conclusión a la que llegaron los diplomáticos después de intentar alguna entrada en ese tema en Washington. En el Gobierno argentino sigue vigente la interpretación maximalista de Olivos de que el Gobierno de Barack Obama podría influir sobre el juez Griesa por lo menos para que reponga el "stay" o amparo que permita liberar los pagos a los bonistas canjeados. Que no lo haya hecho demuestra que giró de opinión, desde el apoyo en el juicio como "amicus curiae" de la Argentina o los informes del Tesoro de ese país en favor de la Argentina, a esta indiferencia de hoy. Nadie en el Gobierno argumenta alguna razón, salvo la que expresa la doctrina de Olivos de que Estados Unidos respalda a Griesa y a la Suprema Corte de Justicia de Washington (que no revisó sus sentencias) porque quiere que a la Argentina le vaya mal, baje las defensas y entregue las vacas vivas, las vacas muertas y las que están con gripe. Una hipótesis que no cuenta con pruebas y que tampoco nadie desmiente. Como todo posicionamiento ideológico es totalizador, omniexplicativo, se basa sobre datos ciertos, pero está eximida de explicaciones racionales. Con eso basta para hacer política.

Esta presunción le atribuye a la Argentina una centralidad en la agenda de los EE.UU. que debe aún demostrarse, cuando las relaciones con Washington en la gestión Obama vuelven al aislacionismo, pese a que quiere irse de donde tiene problemas, que no es la región ni la Argentina. Un testimonio lo aporta el último libro de memorias de Hillary Clinton ("Hard Choices", Simon & Schuster, 2014) que le dedica a América Latina todo un capítulo ("Democrats and Demagogues"), pero que omite mención alguna a la Argentina o sus gobernantes, que ni figuran en el índice de nombres. Es cierto que el libro es más un programa electoral que una confesión de vida, pero esta Hillary que se anota para suceder a Obama concentra su mirada continental en México, Canadá (destino del 40% de las exportaciones de su país), en Cuba y Venezuela, como contradictores de Washington, y en el elogio a Brasil, Chile y Colombia. De lo demás, ni hablar. No innova Hillary en la mirada ponderativa sobre Brasil, y en particular sobre el ciclo de Lula da Silva. Dice que Brasil es un jugador mundial y que simboliza, más que otro país, las transformaciones y las promesas de futuro. No recordó que ese elogio roza la ironía, porque de Brasil se ha dicho siempre, como de China, que es una promesa y siempre lo será. En suma, Hillary no se acuerda de la Argentina ni para criticar dentro del capítulo de los "demagogos". Quizá porque sabe que las relaciones con Buenos Aires se han basado sobre acuerdos en temas centrales, como derechos humanos, política nuclear, seguridad, en suma, lo que importa.

De esto y mucho más se habló en la semana en los quinchos dorados con diplomáticos para despedir al embajador de China, Yin Hengin, que deja esta semana el país para regresar a Pekín, donde se jubila (en ese país, la edad son los 62 y el estipendio es bueno, cerca del 90% del salario como activo) para ser reemplazado por el actual embajador de su país en Chile, Yang Wanming, quien asume antes de fin de mes. De esas despedidas registramos dos, una el martes en el restorán Francesco, de Palermo, que ofrecieron el empresario y cónsul honorario de Singapur, Jorge Estrada Mora, su esposa Nancy O'Toole, y la embajadora de Canadá, Gwyneth Kutz, quien ya se fue, pero de vacaciones, y vuelve. La otra despedida, más formal, fue el miércoles en el Palacio San Martín, con toda la cúpula de la Cancillería, salvo Timerman, que estaba en Asunción junto con la Presidente, y donde le propinaron al chino una condecoración. El veto a hablar del tema con los americanos -se oyó en ese cóctel del miércoles- cierra un camino a alguna salida por la vía diplomática, que sigue ardiendo, para Buenos Aires, frente a otros territorios, como el Uruguay, con el cual la Argentina libra ya una guerra abierta por el dominio de los embarques marítimos en la región. Que ese país esté en plena campaña electoral para la sucesión de Pepe Mujica tampoco ayuda a que reine la sensatez, porque para los uruguayos la cuestión argentina es un issue político. Mujica ha sido acusado en su presidencia de ser muy pro Buenos Aires y eso lo ha obligado a endurecerse hasta los resbalones. Como el de la semana pasada, cuando suspendió una reunión de presidentes de Unasur que iba a albergar en Montevideo por el solo pedido de Brasil, cuando una decisión así debía tomarla Surinam, país que ejerce la titularidad temporal de ese sello. Se enojaron los surinameses, y también los colombianos, porque en esa cumbre que se iba a hacer esta semana iba a asumir el nuevo secretario de la Unasur, el expresidente de Colombia Ernesto Samper. Los diplomáticos trabajaron este fin de semana para levantar esa reunión, aunque sea para que se haga a nivel de cancilleres en otro país, para firmar la designación de Samper, un emblema del tercerismo continental porque fue acusado en su momento de ser pro narcos y tuvo problemas con los Estados Unidos hasta que se demostró que no era cierto. Suspender su nombramiento enojó a muchos con Mujica y el Uruguay.

Por una vez, una cumbre no se suspendió por Cristina de Kirchner, que suele eludir esas reuniones salvo que las considere imprescindibles, y a esta de Montevideo había decidido a ir porque esperaba otro documento antibuitres. La justificación de esas ausencias se hacía en nombre de la salud presidencial, que parece repuesta, a la vez que se resiente la de algunos de sus funcionarios. Julio De Vido pasó por la clínica hace diez días y puede ser que vuelva para algún tratamiento complementario. El titular del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, alimentó las leyendas sobre su migración hacia otros destinos con dos crisis de hipertensión que dejaron marca. Sean ciertas o no esas leyendas, el mercado demostró el fin de semana que era verdadera la posición del funcionario de que si se bajaba la tasa de interés se alimentaría la huida de los ahorristas al dólar "blue". Sostuvo durante meses esa plaza frente a los reactivacionistas del Ministerio de Economía, a quienes les duele que el mercado haya montado el perfil del Fábrega sensato y eficiente, y ellos pasen por ser los adalides de la recesión. Con la baja de tasas hay más dinero disponible para dar créditos, pero los bancos siguen con sus carteras líquidas pero sin mucha demanda de pesos. En especial de las empresas, que esperan a que haya señales de más certidumbre sobre a dónde va a disparar la economía en los próximos meses. De esto se habló mucho en las mesas que se tendieron el jueves por la noche en La Rural para recaudar fondos para becas de la Universidad de San Andrés, pobladas de empresarios y "socialites" con información y experiencia en el mercado. Por esas meses circularon nombres de reemplazantes de Fábrega como el secretario de comercio Augusto Costa o, con más números comprados a su favor, del viceministro Emmanuel Álvarez Ajis, dos axelistas de paladar negro. Entre los asistentes a esta cena benéfica de San Andrés, estuvieron Jorge Brito, Guillermo Stanley, Andrés Von Buch (que en un momento actuó de recaudador mesa por mesa), Jorge Sánchez Córdova, Juan Pablo Maglier, el "Corcho" Jorge Rodríguez (su mujer Verónica Lozano fue la animadora en el escenario), Guillermo Murchison, Nelly Arrieta de Blaquier, Carlos Roszencrantz (rector de esa casa), George Mandelbaum (de La Caja), Eduardo Orteu (funcionario de San Andrés), Enrique Duhau, Gabriela Flores Pirán de Neuss y otros. Entre todos recaudaron $ 8,1 millones con destino a becas en esa universidad.

De estas espesuras de estados conviene descender un poco a la política agónica, esa que es la sal de la tierra y que se circunscribe a lo más encantador del oficio, que es la lucha por alcanzar, conservar y (no) perder el poder. Lo más notable de la semana lo protagonizaron los miembros de la liga UNEN en la algarada del lunes, cuando Elisa Carrió le dio el portazo a Pino Solanas, con quien había urdido esa alianza, porque al cineasta se le ocurrió criticar su acercamiento a Mauricio Macri. El fin de semana, sin Pino -que se repone de una oportuna operación de hernia- los presidenciales de la liga aparecieron en Mendoza para hacer presencia (como dicen en los boliches de las fiestas con ricos y famosos que atraen al público, y por eso les pagan tanto) en un acto sanmartiniano que culminó ayer en un almuerzo en la finca Doña Elvira, en el corazón del valle Uco, albergado por el matrimonio de Mario Battaglia y Elvira Hinojosa (un apellido con solera en esa comarca) para que Ernesto Sanz, Julio Cobos, Hermes Binner y Elisa Carrió tuvieran un largo diálogo a solas sobre política y economía con casi un centenar de productores agrícolas venidos de toda la provincia. A ese encuentro llegó Carrió con una advertencia: "Si alguien habla de límites para las alianzas, ya les aviso que voy a decir lo que tengo que decir". Eso sirvió para que reinase la armonía, porque Carrió, cuando discute en esos niveles, es temible para propios y extraños. El ala suave de la alianza -Cobos y Binner- había cenado en la noche del sábado en el chalé del exvicepresidente en la urbanización Dalvian. Carrió había hecho noche con seguidores mendocinos y con Sanz, que venía de Córdoba de un congreso sobre diabetes que homenajeó la ley que promovió el senador radical para la atención de esa enfermedad. Cenaron el sábado a la noche en el restorán de uno de los hoteles más tradicionales de Mendoza. Allí, Sanz y su esposa esperaron a Carrió y a Fernando Sánchez para compartir un asado con papas al plomo. Sánchez y la señora de Sanz disfrutaron de pescado. Lilita fue la única que no probó el vino y que sorprendió a los comensales cuando dijo que no comería postre, que le alcanzaba con un café. Café que tomaron cuando la mesa ya se había ampliado: había pasado la medianoche y la líder de la Coalición Cívica invitó a compartir la mesa a varios turistas que se acercaron a saludar y sacarse fotos. Entrada la madrugada Carrió y Sanz encabezaban una larga mesa. Todos se divertían con las anécdotas de la esposa del presidente de la UCR.

El cuarteto de presidenciables no llegó a tener una reunión a solas porque el almuerzo fue con más gente y después se dispersaron. En los cabildeos, sin embargo, se puso más en evidencia la diferencia de percepción de los diversos sectores: el ala Cobos-Binner, más eficientista, cree que con las marcas que tienen ellos dos puede arrastrar a otras fuerzas y que no hay que ir a buscar hoy una alianza por afuera de UNEN. Se tienen confianza como candidatos. El ala Carrió-Sanz está más cerca de entender que una alianza con el PRO impediría una victoria del peronismo en primera vuelta y el acercamiento sinceraría lo que en el futuro será una necesidad de Estado: si ganamos el Gobierno, dice, vamos a heredar tantos problemas que vamos a tener que llamar a todos, incluyendo al macrismo. La diferencia es, en suma, si poner límites o no hoy a las alianzas. Unos ponen el acento en la estrategia, otros en el marketing. Lo que pesa sobre las dos alas es la diferencia de diagnóstico, que hace que privilegien todo el escenario imaginado por el armador de Macri, Emilio Monzó, para arrastrar radicales: hay varios dirigentes radicales del interior que podrían ganar gobernaciones con el apoyo del PRO, vengan con nosotros. A eso les responden los radicales "del límite": eso le conviene al PRO para crecer, pero no asegura que ganemos más gobernaciones. El cuento de siempre con los radicales, que repite el llamado del Frepaso en los 90: ustedes (los radicales) pongan el agua (la base territorial del partido), que nosotros (los frentistas) ponemos los barcos, es decir los candidatos. En 1999 eso llevó a la alianza al Go-bierno.

Más distendido, y lejos de las especulaciones de radicales sobre si aliarse o no con él, Mauricio Macri cortó la campaña en Bariloche con un día en Villa La Angostura. Subió hasta el primer refugio a 1.500 metros vestido para esquiar junto a Juliana y Antonia. Pero ninguno de los tres se puso los esquís. No fueron días de mucha nieve y había pocas pistas habilitadas. En lugar de esquiar siguió de campaña con selfies con los esquiadores. Se encontró allí con Ricardo Darín que estaba dando sus primeros pasos en la nieve con un entrenador. De allí partieron los Macri en moto de nieve a comer en Point 180, el restorán que Martín Zorreguieta tiene arriba del cerro.

No se quedó atrás en la evocación sanmartiniana el diputado Julián Domínguez, que esperó la celebración de ayer acompañando en La Banda, Santiago del Estero, a la familia Carabajal en La Peña del Abuelo. El diputado y candidato tiene una agrupación que lleva el nombre de San Martín que esta vez sesionó en esa provincia con la asistencia de 35 diputados nacionales y dirigentes como el local Gerardo Zamora, la santafesina María Eugenia Bielsa, y algunos intendentes de Buenos Aires. A la medianoche, Peteco Carabajal entonó el Himno Nacional acompañado por la guitarra criolla. Luego invitó al presidente de la Cámara de Diputados a subir al escenario, y contó cómo se habían conocido. Recordó que fue en un bar cuando era ministro de Agricultura, y que Julián le expresó su pasión por el folclore y se puso a su disposición para lo que necesitara. Rápido de reflejos, Peteco le había pedido ayuda para terminar "Chacarera", un documental que estaba filmando, y a la semana siguiente Domínguez gestionó con el entonces gobernador Zamora la ayuda económica necesaria para la finalización del filme. Julián Domínguez, por su parte, aprovechó la ocasión para presentar su idea de que el Día del Padre pase a festejarse todos los 17 de agosto en homenaje al Padre de la Patria. Entre empanadas y tamales, la noche continuó con chacareras, gatos y la voz de Rosana Carabajal, que subió a cantar después de la actuación de su padre. Julián insistió en su proyecto de trasladar la capital del país a Santiago del Estero, algo que fue festejado por el grupo que lo acompañaba, entre quienes estaban el dirigente porteño Eduardo Valdés, el publicista Pepe Albistur, el exmontonero Fernando Vaca Narvaja -exgomero que vive en Bariloche y siguió junto a su hijo Camilo rumbo a Tucumán), el músico Ignacio Copani, Mario Oporto, Norma Abdala de Matarazzo, Carlos Kunkel, Eric Calcagno, Andrea García, Oscar Romero, Roberto Feletti, Daniel Giacomino, Carlos Gdansky, José Guccione, Carlos Rubin, Mariela Ortiz, María del Carmen Carrillo, Alex Ziegler, Griselda Herrera, José Vilariño, Néstor Tomassi, Manuel Molina, Juan Díaz Roig, Luis Basterra, Juan Fernando Marcopulos, Gustavo Martínez Campos, Fabián Francioni, Omar Perotti, José Alberto Herrera, Manuel Juárez, Graciela Navarro, Cristian Oliva, Mirta Pastoriza, Aída Ruiz, Rubén Rivarola y Miriam Gallardo.

Volvieron, después de un tiempo de descanso, los almuerzos de los viernes en Pizza Piola, que reúnen a dirigentes, empresarios y consultores, además de gente de la política de color y pelaje variado. La semana pasada, los comensales escucharon algunas anécdotas que se trajo Raúl Timerman, directivo de la agencia Braga y anfitrión de las juntadas pizzeras, de sus vacaciones en Francia. En el anecdotario, lo que todos escucharon maravillados (y en silencio) fue la historia de un encuentro casual de Timerman con el arquero de la Selección nacional, "Chiquito" Romero, en un restorán de Mónaco. "Chiquito" contó cómo vivió su atajada que lo convirtió en héroe. Sus compañeros arqueros le marcaban con la mano si el tirador tenía costumbre de hacerlo a la derecha o a la izquierda. En un momento, ante el tiro de uno de los holandeses, él sintió que el jugador no iba a seguir su estadística, pero hizo caso a la indicación de sus compañeros. Si hubiera seguido su intuición, la diferencia de atajadas hubiera sido mayor. Pero hoy es una anécdota, y el triunfo lo tuvo en su mano de todas formas. En torno a la mesa, con la pizza italiana y luego platos a elección, además de vinos que trae siempre Timerman, se sentaron Julio Bárbaro, que se convirtió en armador de equipos técnicos de José Manuel de la Sota, Marcelo "Maradona" Von Schmelling, del Banco Provincia, que rema para la candidatura de Santiago Montoya; la funcionaria sciolista Soledad Peralta, que está también en la Fundación Banco Provincia con Karina Rabolini; el ministro de Infraestructura bonaerense, Alejandro Arlía -debutó en los almuerzos-, Jorge Kirszembaum, Eduardo de la Rúa y, como invitado, el diputado Felipe Solá, a quien le preguntaron sobre su candidatura a gobernador por el Frente Renovador de Sergio Massa. Ocurrente, Felipe, contestó: "No lo sé, tengo que consultarlo con mis custodios". Le puso una cuota de humor al episodio que semanas atrás lo tuvo como protagonista, en una versión criollísima de la película "Un Día de Furia", por un conflicto entre vecinos en General Rodríguez y una pista de carreras construida cerca de su casa.

Para los abonados al Mozarteum, la función de Daniel Barenboim dirigiendo la orquesta West-Eastern Divan en el Teatro Colón, fue la más esperada de la temporada. Algunos deseaban escuchar el final, una interpretación incomparable de Ravel con su Bolero incluido; otros, disfrutaban al participar de un memorable encuentro de la música con el poderoso mensaje político de Barenboim. No sólo los jóvenes músicos de la orquesta -talentosos por cierto- provienen de países en guerra, como Israel, Palestina y otros de Medio Oriente, sino que además, esa noche fue el estreno mundial de dos piezas contemporáneas, la del sirio Kareem Roustom y la de Ayal Adler, nacido en Jerusalén. Sin pronunciar una sola palabra, Barenboim dejó en la Argentina su elocuente mensaje pacifista. Alejandro Cordero dijo que el público del Mozarteum se caracteriza por su frialdad y lo aseguró con fundamento, luego de escuchar a Barenboim en la maratónica seguidilla de conciertos que lo llevó hasta a Puente Alsina, a ese barrio de Pompeya donde nunca había estado. No obstante, después de una milonga maravillosa, muchos aclararon que no iba a olvidar nunca esa noche.

Lo cierto es que, infatigable, Barenboim disfrutó de las ovaciones del público y también del final de la velada, cuando en un encuentro privadísimo, Mónica Gancia del Mozarteum y Claudia Stad, le regalaron unos gemelos de brillantes para celebrar su larga gesta argentina. Un gesto de divas que heredaron de Jeannette Arata de Erize, quien sabía tratar a los músicos como reyes. Para deleitarse con el concierto estaban Eugenia, Magdalena, Eduardo y Ricardo Grüneisen, Teresa Bulgheroni, Adriana Rosenberg y Paolo Rocca, Magdalena y Victoria Cordero, Nora y Fito Fiterman, Nequi Gallotti, Pablo Boskis, Florencia Bohtlingk, Magdalena y Victoria Cordero, Canela y Andrés von Buch, Estela Totah, Cristina Carlisle, Alejandro Reynal, Cecilia Scalisi y diplomáticos, como embajadora de Austria, Karin Proidl y el embajador de Alemania, Bernhard Graf von Waldersee. En el entreacto y entre copa y copa de champagne, Irene Ulnik le mostró algunas joyas de Foyer al gobernador de Córdoba De la Sota. Ulnik contó que el sillón tapizado en terciopelo color vino fue el regalo de la infanta Isabel a los argentinos para el Centenario. Alguien trató de recordar entonces cuál fue el regalo de la "madre patria" para el Bicentenario, pero la duda quedó flotando entre las volutas doradas.

Esta escala del músico en estos niveles altos los compensó con una asistencia casi permanente en las últimos dos semanas, en la milonga "La cumparsita", tanguería de Balcarce y Chile que está fuera del circuito for export y a la que honraba, entre otros, Hugo Sofovich con su mujer Celia, que ha seguido yendo y no se perdió ninguna de las noches tangueras de Barenboim, que llevó a Martha Argerich y, una noche, a toda la Orquesta Diván, integrada por músicos judíos y palestinos. A Barenboim lo adoran porque llevó como regalo un piano acústico para reemplazar al piano electrónico que había allí. Este Barenboim nacional y popular festejó también que le regalaran una camiseta de la Selección argentina con el número 10 y su nombre en la espalda. Fue en el cóctel que siguió a la noche en que dirigió la última función de la versión concierto de Tristán e Isolda en el Colón, al que asistieron, entre otros, Jorge Telerman, Darío Lopérfido (que se nos fue, pero aún nos guía), el diputado melómano Jorge Landau, el diputado Jorge Enríquez y el director de la casa, Pedro Pablo García Caffi, quien se olvidó de entregarle la camiseta al músico y debió correrlo para que regresase y sacarle la foto respectiva. El bastonero de todo el viaje de Barenboim, e inseparable en cada aparición, fue el embajador argentino en España, Carlos Bettini. Es amigo del músico, pero lo es más de Felipe González, expremier español, que es uno de los sponsors de la Orquesta Diván y con quien Bettini tiene una relación desde hace décadas.

Vamos a terminar con un chiste de médicos y madres.
Una mujer lleva al médico a su hija jovencita, quien se queja de frecuentes náuseas y padece antojos. Al terminar el examen, la mujer le pregunta: "Entonces, doctor... ¿qué tiene mi hija?". "Mire, señora, no sé si le daré una buena o mala noticia, pero su hija tiene un embarazo de aproximadamente 4 meses". La mujer da un salto de la silla. "Pero... ¿qué dice usted? ¿Mi hija embarazada? ¿Se ha vuelto usted loco?... Si ella nunca ha estado con un hombre en toda su vida, ¿no es cierto, querida?". "Jamás, mami", responde la hija. "Ni siquiera me han besado. Soy completamente virgen", responde. Entonces el médico, arqueando las cejas, se dirige a una ventana y se queda quieto, mirando hacia fuera. Después de unos minutos la madre, aún desesperada, lo interroga: "¿Pero qué hace usted ahí? ¿Qué mira?". "Nada en particular, señora", le responde el doctor. "Sin embargo, como la última vez que ocurrió algo así una estrella apareció en el Oriente y tres reyes magos vinieron por una colina, no quisiera perdérmelo si volviera a suceder".

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