15 de diciembre 2011 - 00:00

Comedia cuanto más pesadillesca, mejor

Bien actuada y filmada con bastante imaginación dados sus escasos recursos, «Cuatro muertos y ningún entierro» se va volviendo más original a medida que se suceden los actos macabros.
Bien actuada y filmada con bastante imaginación dados sus escasos recursos, «Cuatro muertos y ningún entierro» se va volviendo más original a medida que se suceden los actos macabros.
«Cuatro muertos y ningún entierro» (A film with me in it», Irlanda, 2008, habl. en inglés). Dir.: I. Fitz Gibbon. Int.: M. Doherty, D. Moran, A.

Huberman, A. OSullivan, K. Allen, J. Rhys Meyers, N. Jordan.

El título local casi lo dice todo, mientras que el original era más sutil (algo así como «Un film en el que yo aparezca»). Es que los dos protagonistas, Mark Doherty y Dulan Moran, son dos fracasados que simulan tener algún tipo de relación con el cine. Uno asiste a castings para conseguir algún papel actoral, tipo «vecino preocupado» (la primera escena con un director y su asistente seleccionándolo para ese posible rol es de lo mejor de la película), y el otro es un supuesto director y guionista, alcohólico y jugador. Ninguno de los dos hace nada bien, pero sobre todo el presunto actor es un desastre total, incapaz de pagar el alquiler de su casa medio derruida, ni siquiera cuando su novia, bastante harta de todo, le presta la plata para la renta.

Todo puede empeorar, y una serie de accidentes absurdos provocados por el estado calamitoso del edificio van liquidando personaje tras personaje. Quizá necesitando letra, el actor le pide ayuda a su amigo, cuyas ideas sólo llevan a peores desastres, a pesar de sus notables esfuerzos por organizar la trama macabra intentando hacer que su amigo actúe adecuadamente cuando deba enfrentar a la ley.

Muy bien actuada y filmada con rigor y mucha imaginacion, algo importante dados los mínimos recursos, esta comedia negra en principio se deja ver sin ser demasiado divertida (la falta de gags no ayuda mucho), pero a medida que se vuelve más y más pesadillesca -sobre todo hacia la segunda mitad- se convierte en un film interesante, bastante original en su carácter de historia de «cine dentro del cine».

El director no apela a los típicos climas irlandeses for export. En cambio, logra que un compatriota célebre como el director Neil Jordan le dé una mano en un irónico cameo.

D.C.

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