Contundente registro del horror

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[Ningún estilo de párrafo]H-8/10-N[Párrafo básico]PASENikolaus Wachsmann "K L, una historia de los campos de concentración nazi" (Bs. As., Crítica, 2016, 1.100 págs.)

Lo siniestro reaparece; cada tanto se hace presente, se recuerda. Puede llegar en una película como "El niño del pijama a rayas", la reedición de los libros de Primo Levi o presente en las discusiones sobre "La vida es bella" de Roberto Benigni o la novela "La zona de interés" de Martín Amis. También por las reacciones frente a obras negacionistas que llegan a sostener que el genocidio de la Alemania nazi contra los judíos y los gitanos no existió, y que si pasó era porque Hitler no estaba al corriente, o lo tenían engañado con que sólo se trataba de la detención de izquierdistas, en el fondo modos de justificar y hasta aprobar el Holocausto.

Tras diez años de investigación, el colosal libro del historiador Nikolaus Wachsmann "K L, una historia de los campos de concentración nazi" informa sobre la evolución de la industria de la explotación y el asesinato que tienen como emblema a Auschwitz. "Los campos de concentración encarnaban el espíritu del nazismo como ninguna otra institución en el Tercer Reich", explica Wachsmann, profesor de Historia Alemana Moderna de la Universidad de Londres, nacido en Munich en 1971, y agrega: "constituían un sistema de dominación bien diferenciado, con normas, personal, siglas y organización propia. En el habla coloquial se lo conocía como KL, del alemán Konzentrationslager, campo de concentración. Con Heinrich Himmler al mando, jefe de la SS y principal secuaz de Hitler, el KL era el reflejo de las violentas obsesiones de los dirigentes nazis: crear una comunidad nacional uniforme tras haber erradicado a los marginados sociales, raciales y políticos; el sacrificio personal en aras de la higiene racial acompañado de una ciencia mortífera; el aprovechamiento del trabajo forzado para gloria de la patria; el control sobre Europa, esclavizando a las naciones extranjeras y la colonización del espacio vital; la liberación de Alemania de sus peores enemigos a través del exterminio de masas; y morir matando antes de rendirse. Con el tiempo esas obsesiones modelaron el sistema del KL y dieron lugar a detenciones en masa, penalidades y muerte".

Wachsmann descubre al lector la intimidad de su investigación, la realidad de aquellos infiernos que crecieron en espeluznantes sucursales por Europa. Pone frente a la realidad de testimonios, relatos, datos, mapas, fotos, tablas comparativas, documentos. Se detiene a pensar "¿cómo pudieron los nazis encontrar a tanta gente malvada, unas 60.000 personas, para llevarlas a vigilar, mandar, torturar y organizar los asesinatos en los campos?". Allí se expresaba lo que Hannah Arendt definió como "la banalidad del mal", y Primo Levi con "lo más peligroso son los hombres ordinarios". Aunque Himmler comenzó buscando en psiquiátricos un psicópata para conducir globalmente la perversa organización criminal, y finalmente dio con el fanático antisemita Theodor Eicke.

Gracias a "KL" se conoce la evolución de los campos de concentración, desde Duchau, que fue el primero, en 1933, al de Dora-Mittelbau, el último, creado en 1944. Y que los mayores genocidios fueron en Belzec, Sobibor y Treblinka, campos menos nombrados habitualmente. Cuenta que todo comenzó en la razzia de comunistas y siguió con los socialdemócratas, que la "higiene social" empezó exterminando a minusválidos y deficientes mentales, siguió con marginales, delincuentes, homosexuales, para pasar la "higienes racial" con el exterminio de gitanos para avanzar hacia la Shoa, el Holocausto, la persecución, el encierro y asesinato de judíos. "KL" es un libro extraordinario, esclarecedor, contundente. Una investigación certera y monumental.

Máximo Soto

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