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Diálogos en Wall Street
¿Y la corrección que acechaba a Wall Street? Egipto no fue una zancadilla. Ni China, con otra suba de sus tasas de interés. ¿Habrá que mirar hacia adentro de los EE.UU. y preocuparse por el aumento de las tasas de los bonos del Tesoro? Para el economista que contesta bajo el seudónimo de Gordon Gekko, solo si el entusiasmo de la Bolsa se desborda. En cuyo caso, las tasas largas podrán obrar como un «guard rail» y obligarla a «rebajar un cambio».
Gordon Gekko: Diría que se aceleró.
P.: Todos los argumentos en contra, uno a uno, se fueron desmoronando.
G.G.: No exagere. Se demostraron impotentes para detener la embestida de Wall Street. Eso sí. Pero más de uno sigue en pie. Ya les tocará recuperar protagonismo.
P.: ¿Dónde quedaron los temores a una corrección?
G.G.: A la vera del camino. No faltará quien diga que la suba ya corrigió. Que el ajuste duró un día, ese viernes que Egipto acaparó la atención.
P.: ¿Usted lo cree?
G.G.: No. Pero a juzgar por lo que uno observa, es un buzón que se vendió muy bien.
P.: ¿No es curioso que toda la ebullición del mundo árabe no haya causado daños en los mercados financieros, más allá de ese ocasional contratiempo, y que ahora el rally cobre fuerza porque se aduce que la situación egipcia tiende a calmarse?
G.G.: No se preocupe por demoler excusas. Entienda que la crisis árabe es un shock sorpresivo, delicado y con alcances inciertos, y que aun así los mercados lo pasaron por encima como si fuesen una aplanadora. Qué mejor examen sobre la propia psicología del avance.
P.: Asoma robustecido en su autoestima.
G.G.: Lo que no mata, fortalece.
P.: El escepticismo sobre la recuperación de la economía mundial quedó atrás.
G.G.: La evidencia, a esta altura, es concluyente.
P.: Pero la economía inglesa, el cuarto trimestre, sorprendió con un retroceso anualizado del 2%. ¿No califica acaso como un atisbo de «double dip», de recaída en la recesión, al menos en Gran Bretaña?
G.G.: El clima adverso tuvo mucho que ver. Y la información más reciente -sobre todo, el informe de actividad sobre el sector de servicios- atemperó los resquemores.
P.: Europa ya no suscita malos pensamientos. ¿Cómo es que la crisis de la deuda no generó mayores trastornos?
G.G.: Los indicadores económicos son mejores que lo esperado. Inclusive en la periferia de la zona del euro, donde no hay dudas que la crisis hincó el diente.
P.: Uno mira las Bolsas europeas y no se distinguen de Wall Street. Comparten el mismo vértigo.
G.G.: Europa cabalga gratis sobre el lomo de las políticas que más critica. Cuando la Fed lanzó el QE2, la promesa de compras masivas de bonos públicos, elevó la marea general de los mercados, y ello, a decir verdad, levantó a todos los botes.
P.: La misma ola que impulsa a Wall Street beneficia a Europa.
G.G.: ¿Qué duda cabe? Quizás el único mérito de Europa haya sido cortarle el camino a la especulación en contra de Portugal. Claro que primero se provocó el cortocircuito y luego se evitó el incendio. No es novedad que si Wall Street empuja, las Bolsas europeas acompañan pese a todo lo que se diga del endeudamiento soberano. Fíjese cómo suben los bancos españoles en el Ibex. Más aún, los papeles de las compañías inmobiliarias, sobre todo de firmas pequeñas, están trepando más del 20% en los últimos días.
P.: No me diga que no es una exageración.
G.G.: No se lo diré. Usted se dio cuenta solo.
P.: ¿Qué decir de China? Tampoco asusta. Retomó la suba de tasas de interés y, a diferencia del ajuste anterior, nadie se mosquea. ¿Qué pasó?
G.G.: Tal vez haya demasiada confianza. Aunque no lo pienso por la reacción ante la decisión china. Pekín no es proclive a promover tempestades. Usted puede confiar en su parsimonia tradicional. Es la postura frente a los problemas en Egipto lo que hay que tomar con pinzas.
P.: Cuando el rally puso primera, lo que prevalecía era una visión sombría. Todo se objetaba.
G.G.: Habrá que tamizar tanto optimismo. Ya surgirán nuevos temores. El propio vértigo de la suba los traerá consigo.
P.: Está claro que las preocupaciones viraron de nuevo hacia el frente inflacionario. Ya puede contabilizarse media docena de advertencias de distintos banqueros centrales acerca del «crescendo» del problema. ¿Cree que la amenaza de una suba de tasas se convertirá en el próximo obstáculo?
G.G.: Ya vio lo que produjo la suba en China.
P.: Me refiero al G-7.
G.G.: No hay plafond para subir las tasas cortas antes de estar plenamente convencidos de la solidez de fondo de las economías. Y eso, si se consigue, llevará tiempo.
P.: Las tasas largas ya están subiendo. La tregua quedó atrás.
G.G.: La misma fuerza que empuja a la actividad económica de corto plazo es lo que impulsa a las tasas largas. Si la economía levanta el pie del acelerador, las tasas largas no tendrán recorrido alcista.
P.: No las ve como un posible dolor de cabeza.
G.G.: Si la Bolsa se desborda, si se precipita alocadamente en alza, es posible que las tasas largas obren como muro de contención, como un «guard rail», y la obliguen a rebajar un cambio. Piense que el techo post-Lehman de la tasa de diez años data de abril del año pasado.
P.: Cuando abrazaron el 4%...
G.G.: No duró mucho tiempo. La idea de una recuperación vibrante, la famosa ve corta, abortó en mayo con la crisis de la deuda europea. Y la tasa se derrumbó. Lo interesante es recordar que el Dow cotizaba entonces mil puntos por debajo de lo que lo hace en la actualidad.
P.: Ha corrido bastante agua bajo el puente desde ese momento. Las compañías manejan mejores hojas de resultados y están muy líquidas.
G.G.: Por eso mismo pienso que, más allá de eventuales escaramuzas, deberían ser capaces de soportar tasas largas más elevadas sin grandes tribulaciones.


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