22 de noviembre 2013 - 00:00

El arma predilecta de la oposición republicana

En septiembre, el senador republicano Ted Cruz dio un discurso de 21 horas contra la reforma sanitaria, tiempo durante el cual hasta leyó libros infantiles.
En septiembre, el senador republicano Ted Cruz dio un discurso de 21 horas contra la reforma sanitaria, tiempo durante el cual hasta leyó libros infantiles.
Washington - El "filibusterismo" es un fenómeno curioso en la política estadounidense: consiste en alargar durante mucho tiempo los discursos en el Parlamento para dificultar y bloquear la toma de decisiones.

El martes 24 de septiembre último el senador republicano Ted Cruz cambió sus tradicionales botas texanas por unas cómodas zapatillas deportivas. Para la quijotesca tarea que se había propuesto cumplir necesitaba, al menos, un calzado cómodo.

El representante del movimiento ultraconservador Tea Party había prometido que hablaría en el Congreso en contra de la reforma sanitaria de Barack Obama hasta no ser capaz de "mantenerse en pie". Y eso fue lo que hizo: habló y habló, ininterrumpidamente, durante 21 horas y 19 minutos, uno de los monólogos más prolongados desde que el Senado comenzó a llevar registros en 1900.

Parado frente a un recinto casi vacío, Cruz, de 42 años, comenzó su maratón verbal cuestionando la reforma de salud de Obama. Pero a medida que pasaban las horas, sus críticas se agotaban y no tuvo más remedio que empezar a divagar: disertó sobre el papel de Darth Vader en la Guerra de las Galaxias, recordó su vocación de pirata cuando era niño y leyó los tuits que le llegaban de ciudadanos a su smartphone. También recordó pasajes de la Biblia, compartió experiencias familiares y opinó sobre el actor Ashton Kutcher.

Fueron todos temas anecdóticos comparados con el que ofreció a las 20, cuando se dio el gusto de leerles en vivo y en directo a sus hijas uno de los cuentos del clásico infantil de Dr. Seuss para que se fuesen a dormir. Muchos de sus correligionarios del Capitolio ya lo habían hecho.

El caso, el más extremo de los últimos años, puso en serio entredicho esta práctica, aunque si se mira la historia, 21 horas no son lo peor: en mayo de 1977 el entonces senador demócrata Bill Meier en Texas lo utilizó durante 43 horas, según el diario The New York Times. Para aguantar, comía caramelos y chupaba rodajas de limón y bajo los pantalones llevaba una bolsa como las que llevan los astronautas.

Pocos en la capital estadounidense muestran hoy en día comprensión por un espectáculo tan curioso. "La adicción de Washington al drama no es buena para nadie", comentó a mediados de año The Washington Post.

El fenómeno, cuyo concepto procede de la palabra "filibustero" (pirata) es único en Estados Unidos. En ningún otro país este arte de largos discursos ha obstruido de esta manera la política como en el Senado de Washington. En muchos parlamentos del mundo las intervenciones están limitadas y quien sobrepasa su tiempo se arriesga a ver apagado su micrófono. Pero en la Constitución estadounidense no se habla en ningún momento de ello.

Lo curioso en el Senado estadounidense es que se necesitan 51 votos de los 100 senadores de Washington para aprobar una ley. Pero según el reglamento, se necesitaban 60 para dar por finalizado un debate y pasar a la votación.

Originalmente esa norma estaba pensada como una especie de protección para las minorías frente a un excesivo poder del presidente o de un partido, pero ya se había convertido en una oposición muy comprometida para los gobernantes.

Agencias DPA, EFE y AFP,

y Ámbito Financiero

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