El país aún le debe una gran muestra a Macció

Edición Impresa

Rómulo Macció murió el viernes por la noche a causa de un infarto masivo. Iba a su casa en un taxi como los que tantas veces pintó nuestro retratista de la vida urbana. Tenía 84 años y dejó para la historia del arte argentino una producción trascendente. Lo velaron en el Museo Nacional de Bellas Artes junto a una de sus grandes pinturas, su familia y los admiradores que siempre tuvo, desde que comenzó su carrera. Para comenzar, los propios artistas, que son quienes cuentan a la hora de valorar el talento.

A las ocho en punto de la tarde, mientras bajaban el ataúd con sus restos por las escalinatas del Bellas Artes, lo despidieron con un aplauso. Allí mismo, Marina Pellegrini, su pareja y también su galerista, agradeció al director del museo, Andrés Duprat, y al presidente de la Asociación Amigos del Bellas Artes, Julio Crivelli, el gesto de albergar la despedida. Pero se secó las lágrimas y reclamó lo justo. "Ninguna institución argentina ha realizado la gran muestra antológica que Rómulo se merece. Es el momento de hacerla", pidió con firmeza.

Joven mimado del Instituto Di Tella, Macció se inició en la gráfica publicitaria y, como autodidacta, presentó en 1956 su primera exposición individual. Luego formó junto con Jorge de la Vega, Ernesto Deira y Luis Felipe Noé el grupo "Otra figuración". Rompieron con el predominio de la abstracción al introducir el gesto sufriente de la figura humana, y así cambiaron el rumbo del arte. Macció pintó "Hambre" en 1961, el cuadro que colgaron junto a su féretro.

La ausencia de una muestra retrospectiva resulta injustificable. Macció presentó sus obras en las bienales de París de 1961 y 1963 y en las de Venecia de 1968 y 1988. Obtuvo el Premio Internacional Di Tella en 1963, concursando con Pierre Alechinsky, Antonio Saura, Larry Rivers y Kitaj, entre otras celebridades del mundo. A una exitosa trayectoria casi sin declive, sumó la virtud de interpretar ópticamente cuestiones esenciales del mundo que transportadas a sus lienzos se tornan visibles y accesibles al espectador. Nadie pintó la cancha de Boca como él, ni la plaza San Marco o el Río de la Plata. Su arte será siempre motivo de celebración.

Dejá tu comentario