28 de marzo 2016 - 00:00

“El teatro debe cruzar la avenida General Paz”

Eva Halac: “La idea es crear un circuito de teatro independiente que una a todos los municipios, con el intercambio de autores, directores y actores entre Capital y provincia”.
Eva Halac: “La idea es crear un circuito de teatro independiente que una a todos los municipios, con el intercambio de autores, directores y actores entre Capital y provincia”.
"El teatro porteño tiene que empezar a cruzar la frontera de la General Paz, porque se está convirtiendo en algo repetitivo, endogámico y autorreferencial. Los actores hacen obras sobre los actores y se habla todo el tiempo del artificio del teatro, como si eso le importara a alguien y no hubiera otras cosas para denunciar", así lo afirma Eva Halac. La dramaturga y directora inició su carrera al frente de una innovadora compañía de títeres y con el tiempo se fue decantando por temas y personajes que invitan al debate y la reflexión. Tal el caso "Café irlandés", pieza de su autoría que acaba de iniciar su tercera temporada en El Tinglado (Mario Bravo 948). El espectáculo recrea, con atributos de comedia y de drama policial, el vínculo periodístico entre Rodolfo Walsh y Tomás Eloy Martínez cuando ambos se embarcaron, a comienzos de los años '60, en una investigación sobre el paradero del cadáver de Eva Perón, que si bien resultó fallida los proveyó, a futuro, de un valioso material literario. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Qué opinaron los herederos de Walsh y Martínez de este espectáculo?

Eva Halac:
Reaccionaron bien porque entendieron que es una ficción, no un documental. En su momento, les expliqué a los hijos de Tomás que me había tomado muchas licencias con los personajes, tal como había hecho su padre en "La novela de Perón" y en "Santa Evita". Los que vengan a buscar un homenaje no lo encontrarán; sí van a descubrir a dos personajes polémicos y dispuestos a exponer sus ideas.

P.: Usted acentuó el contraste entre un Martínez culto y pragmático que hacía crítica de cine, y un Walsh más idealista y gran admirador de la Revolución cubana.

E.H.:
Acentué ese contraste por necesidades dramáticas. Ellos acá tienen 30 años, no son los de la estampita. Es una época anterior a su consagración y yo me involucré en los cuestionamientos que ambos se hacen acerca de cómo vivir y de cómo ejercer el oficio.

P.: En la obra, ambos defienden ideas opuestas y sin embargo se escuchan con un respeto y una escucha admirables. Algo que hoy parece imposible.

E.H.:
Es que el debate es muy necesario, nada puede funcionar en el silencio. Hay que hablar, hay que escuchar. Los pensamientos sólo prosperan dentro de una dialéctica. La realidad es una construcción tan compleja y cargada de idealizaciones que para comprenderla hay que escuchar la voz de los otros; pero eso cuesta muchísimo. Fíjese, que en el Infierno del Dante los condenados no hacen otra cosa que hablar de sí mismos y encima piden pasar a la posteridad. Eso es propio de un condenado del infierno.

P.: Y para usted, ¿cuál sería la función social del artista?

E.H.
: Es una pregunta que no tiene solución y se relaciona con la necesidad narcisista de calmar la culpa. Y eso no hace al arte, es algo aparte. No podemos seguir creyendo que nosotros somos los luminosos y que lo oscuro está en los otros. ¿Quién puede decir esto es verdad y esto no? Si hasta cuando relatamos nuestra propia vida construimos ficción.

P.: Háblenos de su proyecto teatral en el conurbano.

E.H.:
Es un proyecto para trabajar en conjunto con la Ciudad Autónoma y la provincia de Buenos Aires con la idea de crear un circuito de teatro independiente que una a todos los municipios. Con el intercambio de autores, directores y actores entre Capital y provincia no sólo se abriría el teatro a más público, sino que también se abrirían cabezas y nos ayudaría a entender mejor por qué estamos haciendo teatro. Más allá de las preferencias políticas que uno tenga, es una oportunidad histórica que hay que aprovechar, ahora que la Ciudad y la provincia trabajan en conjunto.

P.: Esto recuerda al Plan Federal del Teatro Nacional Cervantes.

E.H.:
Yo creé ese plan y lo dejé armado durante mi gestión junto a Julio Baccaro (de febrero 2002 a abril de 2006). El objetivo era invertir en las provincias para desarrollar un teatro local y para que los artistas de cada región hicieran gira con sus propios espectáculos, creando así nuevos polos culturales. El Plan Federal se sigue haciendo y me parece perfecto que se haga; pero ahora las giras se hacen con espectáculos producidos en Buenos Aires y elencos porteños. Ese concepto de federalismo es de una gran soberbia y denota una mirada compasiva sobre el resto del país. Presupone que la gente de las provincias necesita ver los espectáculos que hacemos acá. Cuando, en realidad, el Estado debería impulsar el teatro en el interior y formar elencos locales para que las obras de teatro tengan las voces y los acentos de las distintas regiones del país.

Entrevista de Patricia Espinosa

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