19 de julio 2017 - 23:23

"Escribo con la novela terminada en mi cabeza"

LA AUTORA FLAVIA COMPANY PRESENTA SU NUEVO LIBRO "HARU"

Company. “Esta novela tiene el imaginario que los occidentales tenemos de Oriente, del mismo modo que Murakami ambienta en Occidente”.
Company. “Esta novela tiene el imaginario que los occidentales tenemos de Oriente, del mismo modo que Murakami ambienta en Occidente”.
"Cada día es una vida entera" es la sentencia que sirve de premisa a la novela "Haru" de Flavia Company, que editó Cátedra, donde se cuenta de una humilde mujer oriental cuya vida entera es una serie de etapas sapienciales y emotivas. Flavia Company es argentina pero hace 45 años vive en España. Licenciada en Filología Hispánica, profesora, periodista, ha publicado unos 40 libros, donde hay novelas que se han traducido a diversos idiomas y conquistado premios, libros para chicos, de microrrelatos, de largos poemas, y de ensayos. Vino a Buenos Aires para dictar cursos y a presentar "Haru", su elogiada novela. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Cómo una persona nacida en Buenos Aires, que es española porque reside en Barcelona desde los 9 años, elige contar acerca de Haru, una mujer japonesa y los aprendizajes que realiza en su vida?

Flavia Company: A esta altura puedo decir que hay algunos temas que recorren toda mi obra como la identidad, la frontera entre ficción y realidad, entre mentira y verdad, la empatía, la concepción de la vida desde un lugar igualitario y justo. Escribí "Haru" ambientándola en Oriente, no me atreví a datarla en Japón porque nunca viví allí, y porque no quería limitarla a un espacio sino que tuviera que ver con el imaginario que los occidentales tenemos de Oriente. Del mismo modo que los orientales escriben novelas ambientadas en Occidente, por ejemplo Murakami. Después de escribirla me di cuenta que Haru tiene que ver mucho conmigo. Del mismo modo que todos somos Haru porque de un modo u otro todos enfrentamos, con orden distinto, los mismo obstáculos y experiencias. En mi caso, porque fui trasladada muy chica a Barcelona, y porque, como a mi personaje, mi madre murió muy joven. España fue para mí lo que para Haru fue el dojo, esa escuela de tiro con arco donde hace ese durísimo aprendizaje práctico que le da su formación. Me importó la libertad que me ofrecía ambientar la historia en un lugar imaginario, no menos imaginario que Macondo. A partir de allí el lector puede proyectar su imaginario por el recorrido que hace Haru, y hacer a la vez un acercamiento desde la integración en vez de la exclusión de una cultura ajena.

P.: La historia de Haru comienza para nosotros a los 15 años, cuando entra al dojo, ese espacio destinado a la enseñanza de la meditación y las artes marciales, y llega hasta los 72 años.

F.C.: Siempre tuve la ambición de escribir una novela que narrara una vida entera, y desaparecer como autora fundiéndome con la protagonista. Contar del desafío de ser una misma, de atravesar los retos del camino. Como decía el maestro Azorín: uno tiene que llegar a escribir de un modo que parezca tan sencillo que el que lee piense que puede hacerlo, y cuando lo intente no pueda. Mis últimas novelas "La isla de la última verdad" y "Que nadie te salve la vida" ya tienen mucho de ese despojar el lenguaje.

P.: En la etapas de aprendizaje de Haru usted elige el "camino Zen del arco", el aprender a dar en el blanco, que el filósofo alemán Eugen Herrigel, que se haría nazi, trajo a Occidente a comienzos del siglo XX, y luego difundió la New Age.

F.C.: La metáfora que supone el tiro con arco como disciplina abarca no solo lo que es la vida sino para mí lo que es la literatura. Uno al inicio de la vida cree que la meta está afuera e intenta dar en lo que cree que es el blanco. Tiene atrevimientos insensatos. Le duele todo porque hace cosas que no sabe hacer. Hasta que descubre que la meta está en uno, dentro de uno, que no se trata de disparar al centro sino desde donde se tiene que disparar. El gran tiro ocurre sólo porque hay una comunión entre flecha, aire, diana y arquero. Ese tiro, entonces, no puede no ocurrir. "Haru" proviene de lo que yo leí, lo que anoté, lo que sufrí, lo que equivoqué, lo que logré, de 35 años de escritura y más de 40 libros publicados. Creo que me fui preparado durante toda mi vida para escribir "Haru". Al comenzarla hubo llanto y plenitud.

P.: ¿Eso ocurrió al comenzar?

F.C.: Siempre escribo con la novela terminada en la cabeza. Tardo más en pensarla que en escribirla. La escribo en meses pero la pienso en años. Me encuentro por el camino con los detalles. Cuando al escribir me tomaba la emoción volvía atrás para ver si eso no me había llevado a un error, y volvía más de una vez, hasta darme cuenta que la emoción, la intensidad era válida. La emoción personal es sospechosa para un escritor. Y tenía que confirmar que era la vida de Haru la que hacia aparecer esos momentos.

P.: ¿Y ahora?

F.C.: Vine a dar dos cursos aquí en Casa de Letras. Y estoy escribiendo mi tercer poema, que siempre son libros de mil versos, se llamará "La dimensión del deseo por metro cuadrado". Los anteriores son "Volver antes de ir" y "Yo significo algo".

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