20 de febrero 2009 - 00:00

Falú: “Al turismo le damos la nieve y el trópico”

Falú: “Al turismo le damos  la nieve y el trópico”
Viajero siempre dispuesto, Eduardo Falú es una cumbre de nuestro folclore, el que supo enlazarlo con la música clásica, el que ha hecho temas que no han dejado de ser populares. A los 85 años acaba de estrenar un nuevo disco, otro que se integra a más de cincuenta que ha grabado en la Argentina y en Europa, esta vez para homenajear a sus amigos Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y René Favaloro. Se ha dicho que «tiene centenares de canciones y miles de conciertos y kilómetros recorridos por todo el mundo» y que «es el fenómeno musical más universal que ha producido Salta». Ha actuado en los escenarios más importantes del mundo, y aunque no le guste porque «la acústica no es para guitarra», en el Teatro Colón varias veces. Ha conquistado los premios más importantes del país, que llenan estanterías de varias paredes. Recientemente el José Hernández, de la provincia de Buenos Aires. En su despacho de vicepresidente de SADAIC, dialogamos sobre sus viajes, sus canciones, su gente. Charla que siempre parece incompleta por tanto que tiene don Eduardo Falú para contar.
Periodista: Usted estuvo muchas veces en Japón. Es cierto que en cinco visitas hizo más de doscientos recitales. ¿Las giras para dar conciertos lo hicieron muy viajero?
Eduardo Falú: A Japón viajé desde 1963, en forma esporádica, un montón de veces. Hice unas seis giras bastante largas. A los japoneses les gusta el tango, y antes que yo llegara casi no lo conocían. Pero, les encantaba la guitarra, y tenían una gran recepción de la música andina. Yo tengo con César Perdiguero la canción «India madre» que les gustaba mucho, tiene una escala de música andina, pentatónica. Otra que tocaba con gran repercusión era «El cóndor pasa» de Alomía Robles, aunque algunos digan que era anónima, Robles pudo haberla recopilado y pasó, entonces, por las manos de un músico. Cuando yo llevé «El cóndor pasa» no la conocía nadie, y después salían artículos sobre esa canción. Recuerdo cuando la toqué por primera vez en París, en el año 1969, los diarios no pararon de comentar ese tema. Después un dúo le puso unos versos y se convirtió en suceso mundial.
P.: Eso también le pasó con los temas que hizo con Dávalos.
E.F.: «Tonada del viejo amor», «Canto a Rosario», «Vamos a la zafra», «Oro verde», «Vidala del nombrador», «Juanito Laguna se salva de la inundación», «Memoria de un tiempo vivo», «Canto a Sudamérica», tantos y no sólo con Jaime Dávalos, también está lo que hicimos con León Benarós, Manuel Castilla, Albérico Mansilla. Hugo Ovalle, entre otros.
P.: ¿Adónde fue su primer viaje importante?
E.F.: Mi primera salida fue a los veinte años a Estados Unidos; fui invitado por el gobernador de Salta y actué en radios. Después cuando me vine a Buenos Aires, para actuar en radio El Mundo, me contrataron para hacer recitales en la Unión Soviética, eso fue a fines del 58 y principios del 59. A uno de los conciertos fue Aram Khachaturian, el músico y compositor armenio, autor del ballet Gayane, y estuvimos hablando de la unión de la música clásica y la popular. Por ese tiempo comenzó a crecer el interés guitarrístico en el mundo, sobre todo a partir de que la guitarra, en todas sus variantes, captó a la juventud. Recorrí Europa casi por entero, entre el 70 y el 78, sobre todo anduve por Inglaterra, Alemania, Austria y Holanda. Después fui a Turquía, recorrí América. Me faltó, no sé por qué, México, donde no estuve nunca.
Música popular
P.: ¿Hubo algún país que le gustara en especial?
E.F.: Alemania, porque tiene un público muy músico, que entiende perfectamente las obras, que dentro del folclore, que es música popular, hay un puente siempre extendido hacia la música clásica, cosa que ellos conocen por tradición.
P.: ¿De la Argentina, qué lugares le gustan?
E.F.: A mi país lo he recorrido de Tierra del Fuego a La Quiaca. Para estar me gusta Salta. Yo nací en El Galpón pero a los meses me llevaron a Metán, a mitad de camino entre Salta y Tucumán, ahí fui criado, pasé mi infancia. Después para actuar Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que tienen escenarios importantes. Fui a menudo a la Patagonia, es una hermosura todo eso. Nosotros tenemos variedad de paisajes y en la misma época se puede ir de la nieve en Ushuaia al trópico en las Cataratas. Ahora, si tengo que recomendar a un turista algo que no se tiene que dejar de visitar, le indicaría los Valles Calchaquíes, que son de gran belleza, que tienen un clima espiritual formidable, donde se vivencia la bondad de la gente, la herencia de pueblos andinos. La gente ahora va a Cafayate, a la Ruta del Vino, y se olvida de los valles. Después está la confusión que provoca cierta publicidad que van a Purmamarca, a Tilcara, a Humahuaca y creen que están en Salta. Los jujeños están que braman.
El aporte de Yupanqui
P.: ¿A quién de nuestra música destacaría de los que conoció?
E.F.: A Carlos Guastavino, mi profesor de armonía y mi amigo. Escribió muchas cosas de esencia argentina. Era muy singular, no le gustaba la promoción, la publicidad. Una vez la UNESCO le hizo un concierto homenaje en Washington y él no quiso ir, ni que un funcionario, gobernador o embajador se lo fuera a pedir.
P.: ¿Se veía con Atahualpa?
E.F.: Yupanqui hizo un aporte importante. Siendo un hombre de Buenos Aires, que vivía en el barrio de Belgrano, supo captar las cosas del norte, de La Quiaca, de lugares así. Buen poeta, al estilo de las viejas coplas españolas. Otro importante para mí fue Ariel Ramírez, gran creador, con quien tuvimos muchas actuaciones juntos, como «La coronación del folclore», que hicimos con Los Fronterizos.
P.: ¿Qué piensa de Los Nocheros?
E.F.: Que es muy interesante lo que han hecho. Han salido un poco del tradicionalismo del gaucho, del poncho, las botas. Han sido renovadores en el modo de combinar las voces, en la línea de cuartetos como el Gómez Carrillo o el Universitario Achalay. Los Nocheros dejaron de lado lo carnavalero y se volcaron a la canción romántica. Es que en nuestro folclore hay de todo, lo amoroso, el sexo, la condición humana, la denuncia, el humor, el hombre frente a su destino, frente a su trabajo.
P.: ¿Cómo empezó con la guitarra?
E.F.: Ni yo me lo puedo explicar. Sentía el sonido de la guitarra, en Metán, cuando era chico y me llamaba la atención. Venía la música de un tipo que tenía un tallercito cerca de mi casa. Cuando fuimos a Salta a estudiar con mi hermano Alfredo, el mayor, que ya era periodista en el diario Nueva Época y estudiaba Derecho, yo, que tenía unos doce años, iba al colegio normal. Alfredo se juntaba con los amigos a tocar la guitarra. A escondidas yo empezaba a tocar. Mi hermano dejó la guitarra y siguió en el periodismo y el Derecho, como mi otro hermano, Ricardo, que no tocaba la guitarra. A mí me gustaba, al punto que donde había una guitarra me metía a escuchar.
P.: ¿Qué iba a estudiar?
E.F.: Estaba en la Escuela Normal de Salta estudiando para maestro. Me imaginaba de maestro por los montes, enseñando por ahí, con la guitarra colgada como payador desafortunado (risas). A este tiempo todavía estaría esperando la jubilación, y tocando la guitarra para los changos que están tiritando de hambre y de frío. Después se juntaron las cosas, mire lo que son los destinos. Yo no pensaba salir de Salta sino recibirme y seguir allí. Un día fue un señor de radio El Mundo, que tenía la cadena de esa radio por todas la provincia, y yo ya estaba fogueado en la guitarra y hacía audiciones por LV9, y había comenzado a hacer composiciones con un poeta, César Perdiguero, gran muchacho, ingenioso, inspirado y de mucho talento. Con el hice «India madre», «Canción de luna y cosecha» y «Tabacalera». Hice una canción que relataba el camino del ferrocarril hacia Chile que había iniciado Hipólito Yrigoyen en 1920, y decía: Este camino de acero hace veinte años que va, caminando por los cerros, pero no puede llegar al encuentro del canto chileno para cantar a la par. Y en 1948 Perón concluye la realización de lo que hoy se llama el Tren a la Nubes, que lo hizo un ingeniero estadounidense, Richard Maury, una obra de arte, de alta ingeniería, y una de las grandes atracciones turísticas de nuestro país.
Entrevista de M.S.

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