23 de septiembre 2010 - 00:00

Gekko, ahora héroe contra los abusos del capitalismo

Michael Douglas (en la foto junto a Shia LaBouf, el yerno de Gekko en la ficción) y otros buenos actores como Frank Langella aportan algún atractivo a un guión poco interesante, que por momentos parece de novela mexicana.
Michael Douglas (en la foto junto a Shia LaBouf, el yerno de Gekko en la ficción) y otros buenos actores como Frank Langella aportan algún atractivo a un guión poco interesante, que por momentos parece de novela mexicana.
Gordon Gekko está de vuelta. Pero para desilusión de los fans que lo idolatraron como el villano sin corazón que manejaba a su antojo los hilos de Wall Street, ahora es todo lo contrario: su larga estadía en prisión, según su propia explicación, le hizo ver todos los males detrás de las multimillonarias operaciones que diariamente se hacen en un mundo globalizado, en el que ya no se siente cómodo.

Además de promocionar la venta de su libro (que no podía llamarse de otra forma que «Greed is good», o sea, La codicia es buena, su frase de cabecera), Gekko siente que su misión en libertad es advertir al mundo sobre los males del capitalismo.

El problema es que llegó demasiado tarde. Su explicación sobre los motivos por los cuales el boom hipotecario y los productos «empaquetados» armados por los bancos van rumbo a explotar resulta atractiva y además precisa. Pero a tres años de la explosión de la burbuja de real estate en los Estados Unidos, que dio lugar un año después a la crisis financiera global, ya se la escuchó demasiadas veces. Qué decir del recuerdo de la «madre de todas las burbujas», el boom de los tulipanes en el siglo XVII en Holanda. Poco le agrega a la película su relato y, peor aún, lo vuelve demasiado viejo.

Pero lo que «Wall Street 2» pierde en referencia a la figura de un ya deslucido y cansado Gekko, lo compensa con un relato mucho más atractivo sobre la forma en que se desenvuelve el mundo de los grandes bancos de inversión. Allí es donde aparece la mirada crítica de Oliver Stone, que pone en tela de juicio el comportamiento de los grandes financistas y cómo todos llevan adelante sus negocios especulando con un salvataje del Estado si los negocios fallan. El director no hace más que traducir la desconfianza que se apoderó del ciudadano norteamericano por los millonarios paquetes de rescate que los contribuyentes tuvieron que asumir por las pérdidas de los grandes bancos.

Es el concepto de «riesgo moral» el que sobrevuela durante toda la película, hasta que se llega a una conclusión: «riesgo moral es lo que un banquero hace con tu plata, pero sin hacerse responsable». «Por muchos menos de lo que hicieron estos tipos -se queja Gekko- tuve que pasar ocho años en prisión. Y sin matar a nadie». El mensaje es muy claro: en los negocios entre privados vale todo (incluyendo la utilización de información reservada, aunque sea un delito), pero otra cosa es cuando es el Estado el que debe acudir al salvataje de banqueros enfermos de codicia.

Los mejores momentos de la película, al menos para los que buscan en ella algunas claves para entender el funcionamiento cada vez más complejo de los mercados, son los relacionados al derrotero del banco de inversión Keller Zabel, que obviamente alude a la caída de Lehman Brothers. Está especialmente lograda la escena en la que los principales banqueros de Wall Street se reúnen en la Reserva Federal para decidir si salvarán a la entidad o, por el contrario, le bajarán el pulgar. La respuesta debe llegar antes de que abran los mercados de Asia. Se trata de historias contadas mil veces en las crónicas periodísticas de diarios especializados, pero que nunca se había retratado en el cine.

«Wall Street 2» termina siendo una película políticamente correcta, que pondrá contentos a todos los que observan con desconfianza la forma en que se hacen negocios en el principal centro financiero del mundo. Pero aun con su mirada predecible y un Gordon Gekko que sólo conserva el nombre, esta secuela no está de más. Quienes están relacionados de una u otra forma con el mundo de las finanzas no querrán perderse uno de los acontecimientos del año, como es la segunda parte de un film que marcó historia en la forma en que se retrata el mundo de los mercados.

Y para aquellos que no tienen demasiada información sobre el mundo financiero, la película acierta a la hora de explicar muchas de las distorsiones que llevaron al colapso del 2008 y que empujaron a la economía global a su peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Michael Moore podría haberlo hecho mejor? Es probable, pero el retorno de Gekko, aun cansado y con menos lucidez que en la versión original, no tiene precio.

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