14 de octubre 2014 - 00:44

Hamás extiende su poder como mancha de aceite en Cisjordania

EN LA RECIENTE OFENSIVA EN GAZA, ISRAEL CONTUVO SU AMENAZA MILITAR. PERO SIRVIÓ PARA QUE CRECIERA SU POPULARIDAD

Hamás extiende su poder como mancha de aceite en Cisjordania
  Ramala - Al contrario de nuestras costumbres, el inicio del fin de semana no aminora aquí el pulso de esta ciudad. Por el contrario, el arribo de los árabes israelíes de Jerusalén Este, libres en sus trabajos por ocasión del shabat, hace que se llenen los comercios y los restoranes. "Todos somos Gaza, una misma sangre, un mismo pueblo", interrumpe la postal general un cartel en la céntrica plaza Al Manara, ilustrado con la fotografía de un niño muerto durante la última ofensiva israelí en ese enclave. Aunque los combates cesaron, las pistolas siguen humeantes.

"Hamás es la única opción para los palestinos", afirma Jamal, de 28 años, con vista al letrero, y fundamenta su posición: el presidente moderado del partido laico Al Fatah Mahmud Abás (Abú Mazen) "no consiguió nada para nosotros, que seguimos sufriendo el acoso de los israelíes. Hamás al menos hace algo".

La de Jamal no es una opinión aislada, sino una postura que ha ido ganando adeptos entre la población y que quedó en evidencia en un estudio reciente, a contrapelo de lo que marca la historia en Cisjordania, supuesto bastón de Al Fatah. Si antes la popularidad del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás, su acrónimo) quedaba diezmada una vez finalizados los combates en la Franja de Gaza, esta ocasión no ha hecho más que nutrirla con respaldos. De acuerdo con el último sondeo realizado por Centro Palestino de Políticas e Investigación, si las elecciones se realizaran hoy mismo, el islamista Ismail Haniye obtendría un 61% de los votos, frente al 32% de Abás, una mudanza extraordinaria frente al 41% y el 53% -respectivamente- que recogían en junio. Es, además, la primera vez que el movimiento islamista pasa al frente desde 2006 y que vence una hipotética candidatura de Maruán Barguti, figura popular de Al Fatah en prisión desde 2002 por cargos de terrorismo.

La corrupción de la Autoridad Palestina (AP) y el punto muerto en el que se encuentran las negociaciones por la soberanía constituyen el móvil de este salto de un sector otrora laico al religioso. Hamás, cuya Carta Fundacional llama a la destrucción de Israel, opera a la vez como un río en el desierto, que va expandiéndose y cubriendo con asistencia social las carencias de la población. Si en el pasado Ramala contaba con el alias de "París de Medio Oriente", hoy el factor religioso otorga una nueva postal: un crecimiento paulatino de lo confesional, visible en las calles y en los hogares, que sirve a su vez de justificación para la ocupación israelí en Cisjordania.

"Durante los últimos veinte años ha habido en el mundo diplomático una tiranía de la fórmula de dos Estados", afirmó a Ámbito Financiero el jefe del Consejo de Colonias de Judea y Samaria, Dani Dayán. "Un Estado palestino va a agravar el conflicto. Si se crea, quien lo gobernará desde el primer día será Hamás, y por elecciones. Y si no lo hacen por el voto, lo harán a punta de revólver. Quiero recordar que en las elecciones parlamentarias de 2006, Hamás ganó en Gaza y en Cisjordania. Hay una leyenda que dice que Gaza es islamista y Cisjordania es nacionalista (laico). Hamás ganó acá y allá. En el momento que eso suceda, cualquier acuerdo perdería significado. Creo que sería la receta para un derramamiento de sangre israelí", sostuvo.

En Ramala las veredas se transitan en forma de zigzag entre vendedores ambulantes y aglomeraciones femeninas frente a las múltiples tiendas de oro, enmarcadas por paredes ilustradas con pintadas nacionalistas. A pocos minutos a pie desde el centro, la Mukata, sede de Gobierno, atesora la tumba de Yaser Arafat, símbolo de la patria inconclusa y líder omnipresente. Una reputación de la que no gozan Abás ni el resto de los miembros de su partido Al Fatah, condenados socialmente por nepotismo y sus divisiones internas, una derrota popular a la que los locales llaman "la segunda muerte" del histórico "rais".

"Abás no tiene lo suficiente para defendernos", dice Zurah Natsehv, de 40 años. "Abás, no", se suma su hija Ziyaneh (23), ambas de Jerusalén Este. "Queremos una buena vida y no la estamos teniendo. Hamás combate a la ocupación, Al Fatah no". Y responde con un "no" cerrado cuando se le consulta si cree en el derecho de Israel a existir. "En el futuro todo será Palestina", remata.

Zurah matiza la opinión de su primogénita y, a falta de un vocabulario suficiente en inglés, dramatiza su postura: "Queremos paz, negociaciones", "así no", dice con la cabeza agacha. "Así", continúa mientras alza la frente y da un firme apretón de manos. La interpretación sería "de igual a igual".

A 43 kilómetros de Ramala, Hebrón es llamada "la ciudad de Hamás". Allí, el liderazgo de la organización no es puesto en duda y el respaldo de la población a su administración se materializó en los últimos comicios de 2006, cuando su lista Cambio y Reforma logró nueve bancas, es decir, el cupo total del distrito para el Parlamento. Por otra parte, controla desde 1993 el Consejo de la Universidad en Hebrón.
"Queremos la paz, pero para conseguirla primero debemos luchar, no nos están dejando más alternativa que la guerra", afirma Naser, vendedor de productos de electrónica mientras baja las persianas del local por los disturbios entre soldados israelíes y un grupo de locales. "Sólo Hamás responde a Alá", concluyó.

(*) Enviada especial a la Autoridad Palestina

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