8 de marzo 2017 - 23:14

“Hay temas que ya no son tabú literario”

La reconocida editora, de linaje literario, debuta como autora con una novela sobre el cáncer.

Güiraldes. “Mi novela no es literatura del yo, no es crónica, no es autoayuda y superación personal, es la historia de un cáncer”.
Güiraldes. “Mi novela no es literatura del yo, no es crónica, no es autoayuda y superación personal, es la historia de un cáncer”.
"Un libro como el mío hace veinte años no se habría publicado", afirma Mercedes Güiraldes sobre su opera prima, "Nada es como era", que publicó Tusquets. Hasta su irrupción como escritora, impulsada por haber encontrado una mirada distinta para contar de la experiencia de enfrentar el cáncer. Profesora de Letras, Mercedes Güiraldes, en quien la escritura y los libros son parte del linaje familiar, ha sido una prestigiosa editora primero de Emecé y actualmente de Planeta. Dialogamos con ella.

Periodista: Usted comienza "Nada es como era" aclarando todo lo que su libro no es, ¿es para que nadie se confunda?

Mercedes Güiraldes: No es literatura del yo, no es crónica, no es autoayuda y superación personal, es la historia de un cáncer. Y si el tema es pesado busqué que la escritura no lo fuera, que la narración tuviera un mínimo suspenso de un capítulo a otro, que los personajes estuvieran descriptos, delineados. En eso tiene los recursos y las estrategias de la literatura. Pero la intención no fue hacer literatura. Un libro como el mío hace veinte años no se hubiera publicado. En Emecé se decía: los libros que tienen que ver con la enfermedad y la muerte no se venden. Hoy hay una explosión de esos temas que empieza en la redes, no en los libros. En Internet está todo. Fotos con el pecho al aire, con la cabeza rapada, contando operaciones con crónicas minuciosas, todo está ahí. Los libros llegan después de éste fenómeno. Esta todo expuesto y deja de ser un tabú, y bienvenido que no sea un tabú.

P.: La enfermedad a veces impulsa escribir, ya sea como una íntima catarsis o para ir más allá, apartarla y hablar de otra cosa, como ocurrió con el asma en Proust.

M.G.: A mí me llevó a expresar lo que estaba viviendo. Hay gente, y es muy comprensible, que prefiere callarlo. Conocí a una psiconalista que había tenido cáncer de mama, que sólo lo hablaba con su analista y con su marido, y no con el resto de la gente con la que se encontraba. No lo hacía por negación simple y llana, que también existe. A mí me dio por lo contrario, fui impúdica con mi enfermedad. Buscaba con quien hablarlo, me ponía en contacto por escrito, entraba en foros. Me junté con un montón de mujeres que habían pasado por el cáncer de mama, con todo lo que significa eso para las mujeres. La castración química y muchas otras cuestiones. Hay una hermandad femenina en torno de la enfermedad; aunque no es exclusiva de las mujeres, hay varones con cáncer de mama. A mí se me dio hablar con gente que había pasado por la experiencia, con mi familia, con mis seres cercanos, con mi analista, que fue fundamental, y escribir, que es otra forma de hablar. Al principio de modo totalmente catártico. Salían textos sin mucha premeditación. Después, con el tiempo, cuando ya estuve mejor, me di cuenta que podía hacer un relato, hilvanar las notas, darle un ritmo, una estructura. Y eso fue lo que hice.

P.: Hay formas muy diversas de hablar del cáncer, desde la irónica de Philip Roth a la metáfora política de Solzhenitsyn en "Pabellón de cáncer".

M.G.:
Roth elige la mirada distanciada, Solzhenitsyn la terrible. Susan Sontag escribe un texto teórico como si él cáncer le pasara a otro. Cuando escribía quería contar lo que me ocurría de la forma más real posible, lo más pegada a la experiencia misma. Ese era el esfuerzo. No tratar de embellecerla, ni de cargarla de romanticismo ni de dramatismo, si no contarla lo más despojadamente posible. Creo que resultó un texto que pude conmover, pero que es seco y descarnado. Le temía a la autocompasión, que me parecía un camino de ida, un barranca abajo total. Si empiezo a lamentarme de mi suerte no paro más. Por tanto, no hay una actitud complaciente con el lugar de la víctima, ni una visión heroica, que aparece mucho como una cuestión ética. Me parece cariñoso que me digan: vos que sos una luchadora, luchadora nada, lo que te toca te toca, y vas para adelante como te dicen. Te revelás en lo que podés y lo demás lo tenés que acatar. No quise hacer de la lucha contra el cáncer una cosa heroica. Te impulsa a hacer cosas como cualquier límite muy claro que te enfrenta a tu finitud.

P.: Hay un desafío impuesto por la enfermedad del sobrellevar angustias, dolores, malestares, que remite si no a la valentía si a un inevitable coraje.

M.G.:
Hoy ya el cáncer no es lo que décadas atrás. Yo tuve dos cánceres, lo cuento en mi libro. Luego del cáncer de mama, tratado con quimioterapia, apareció un melanoma, hace cinco años, y tuve que hacer un año entero de interferon, que es tremendo, que provoca una depresión química bastante fea. Pero después de eso, aparecieron cantidad de remedios nuevos para el melanoma, eficaces, y carísimos por ahora para la mayoría de la gente, pero existen y antes no existían. En torno al cáncer, y a muchas otras enfermedades, muchas cosas han cambiado y seguirán cambiando.

P.: Usted que como editora ha estado tras tantos libros, ¿recién ahora uno suyo?

M.G.
: Siempre escribí pero para mí. Nunca me gustó lo que salía. Y nunca tenía un tema. Aparecen en la vida de todos historias que le gustaría contar, pero nunca una como para que me sentara a escribir. Publiqué un cuentito por pedido de Angela Pradelli para "El sentido de la lectura", libro que ella editó. Me dijo: me gustaría que escribieras algo sobre qué es la lectura para vos. Y escribí un cuento donde hice un paralelo entre un texto de Lytton Strachey sobre la casa de su infancia en Lancaster Gate y la de mis abuelos en Libertad 1133, que para mí fue fundamental, relacionado con leer, con la lectura. También algunos prólogos, algunas notas en revistas.

P.: ¿Cuál es su próximo libro?

M.G.:
Ah, no sé. Mi amiga Adriana Fernández, personaje del libro, gerente editorial de Planeta, me dijo: Mecha, está muy bueno el libro, ahora tenés que seguir escribiendo, pero te pido por favor: no hace falta que te claves otro cáncer para ponerte a escribir. Así qué veremos.

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