2 de agosto 2011 - 00:00

Hito para el mundo árabe: comienza el juicio al depuesto Hosni Mubarak

Hosni Mubarak se encuentra apto para afrontar el juicio, pese a que padece problemas de salud. No es seguro que asista a las audiencias judiciales.
Hosni Mubarak se encuentra apto para afrontar el juicio, pese a que padece problemas de salud. No es seguro que asista a las audiencias judiciales.
El Cairo - El proceso judicial que se iniciará mañana contra el expresidente Hosni Mubarak viene a ser uno de los acontecimientos más importantes de la reciente historia de Egipto. Tras casi treinta años de dominio prácticamente incontestado, Mubarak tendrá que afrontar cargos duros, pero por ahora se desconoce si finalmente comparecerá ante la corte.

El principal acusado ya fue convocado. El ministro del Interior envió expresamente la disposición de la Fiscalía y preparó una sala con espacio para 600 espectadores. También está lista la jaula de acero en la que se sientan los acusados durante los juicios en Egipto.

Sin embargo todavía queda una duda por despejar: si comparecerá ante el juez Ahmet Rifaat el ciudadano Hosni Mubarak (de 83 años), que hasta el 11 de febrero fue presidente. Imputado por la violencia letal durante las protestas, actualmente Mubarak se encuentra bajo arresto en un hospital de lujo de Sharm el Sheij.

«¿Veremos a Mubarak en la sala del juicio?», tituló ayer el diario Al Gomhurriya. Egipto contiene la respiración.

Como en todo el país no se ha encontrado una sala para juicios que pudiese albergar a cientos de espectadores, se ha reconvertido el auditorio de la Academia Nacional de Policía en las afueras de El Cairo. Desde hace semanas, abogados e influyentes simpatizantes del ex jefe de Estado se esmeran por dar la impresión de que Mubarak está gravemente enfermo. En su momento se dijo que padecía cáncer de estómago, en otra ocasión se señaló que había caído en coma. Los médicos, sin embargo, lo han desmentido todo. El expresidente se resiste al proceso, que será retransmitido en directo por televisión.

A Mubarak se lo acusa de haber contribuido a la muerte de 846 manifestantes, así como por abuso de poder y corrupción. Sus policías, agentes de los servicios secretos y grupos de matones a sueldo del Estado emplearon la violencia contra los ciudadanos que se manifestaban, asegura la Fiscalía. De ser hallado culpable podría ser condenado a muerte.

También están acusados su último ministro del Interior, Habib al Adli, y seis ex altos funcionarios de la cartera. Ellos son los directos responsables de las órdenes que se impartieron de disparar. Su proceso arrancó hace tres meses y posteriormente fue unido al de Mubarak. Debido a la corrupción palmaria también comparecerán ante los jueces los hijos del que fuera mandatario más de 30 años, Gamal y Alaa.

«El proceso tiene un significado enorme», afirma Mahmud Afifi, un portavoz del movimiento juvenil 6 de Abril, una de las fuerzas impulsoras de las protestas que desembocaron en la caída de Mubarak.

«Fue un dictador muy malo. Merece un castigo por sus crímenes. Nosotros también queremos ver el día que lo condenen», añadió. La organización de Afifi junto con otros grupos de activistas han realizado sus labor para que el juicio se ponga en marcha y sea público.

Y a pesar de la mal disimulada resistencia de la junta militar que gobierna el país, el movimiento de protesta ha presionado para que a los responsables del viejo régimen se los llevara ante la Justicia. Sus integrantes salieron de nuevo a la calle, insistieron en los medios y ocuparon de nuevo la plaza Tahrir en El Cairo durante tres semanas (ver aparte).

Para el Ejército y también para muchos civiles, Mubarak es un héroe de guerra. Como jefe de la Fuerza Aérea contribuyó en 1973, en la guerra de Yom Kipur con Israel, a que Egipto consiguiese recuperar parte del terreno perdido en la Guerra de los Seis Días de 1967.

Pero también desde el punto de vista material el Ejército ha sacado partido de Mubarak, pues ha creado un imperio económico del que no tiene que rendir cuentas a nadie.

Pero ahora la suerte del derrocado jefe de Estado queda en manos de la Justicia civil. «Vamos a hablar de derecho, como Dios manda, y serviremos a la Justicia», dijo el juez Rifaat el domingo. Prometió además un juicio universal, algo que lo diferenciaría de los demás procesos a figuras destacadas celebrados en Egipto. Será público y si se aplaza se fijará una fecha, aseguró.

Agencia DPA

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