14 de diciembre 2011 - 00:00

“Internet permite ser especialista en cualquier materia”

El creador de la editorial Siruela explica que su trilogía nació de «una idea un poco borgiana de escribir una historia de los sueños (...) Lo que he querido es incluir el sueño en la cultura».
El creador de la editorial Siruela explica que su trilogía nació de «una idea un poco borgiana de escribir una historia de los sueños (...) Lo que he querido es incluir el sueño en la cultura».
La fama de Siruela, su primera editorial, y su espíritu ilustrado ha hecho que a Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, conde de Siruela e hijo de la condesa de Alba, se lo conozca simplemente como el editor y, a partir de su opera prima, admirable ensayista Jacobo Siruela. Luego de estudiar Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Madrid, a los 26 años comenzó a editar libros premiados por su valor intelectual y calidad artística. Entre ellos estuvieron los de la «Biblioteca de Babel», dirigida y prologada por Jorge Luis Borges, a quien considera su maestro. Cinco años después de vender la editorial Siruela, decidió regresar con Ediciones Atalanta («un proyecto basado en la investigación cultural y no en una lucha ajetreada por meter en el saco a cualquier autor de venta»), y dedicarse a escribir, publicando ya «El mundo bajo los párpados» una fascinante e innovadora investigación sobre el mundo de los sueños. En su breve visita a la Argentina dialogamos con Jacobo Siruela sobre una obra que proyecta en tres volúmenes.

Periodista: ¿Cómo pasa de editar libros a escribirlos?

Jacobo Siruela: Porque finalmente he tenido tiempo para hacerlo. Cuando tenía Siruela, no lo tenía porque me dedicaba íntegramente a la editorial. Cuando la vendí en el año 2000, compré una casa en el campo, en el Ampurdán, en Cataluña, a 40 kilómetros de Francia, una masía del siglo XVIII, y creé la nueva editorial, Atalanta, pero las horas en el campo son largas y entonces se me ocurrió la idea un poco borgiana de hacer una historia de los sueños. Hoy, gracias a Internet, uno se puede hacer especialista de cualquier materia. Por supuesto no estoy hablando de sacar información de Internet sino de pedir cientos de libros a través de Internet. Y pidiendo libros, unos libros me llevaban a otros: Y estuve leyendo y tomando notas durante años. «El mundo bajo los párpados» me ha llevado ocho años.

P.: ¿Qué le sucedió al comenzar a trabajar en esa historia de los sueños?

J.S.: Me di cuenta de que era imposible hacer una historia lineal de los sueños, casi sería absurdo. Entonces fui viendo temas que sería interesante desarrollar. Aparecieron cinco: los sueños y la historia, los sueños y lo sagrado, el espacio onírico, sueño y tiempo, sueño y muerte. En el tomo siguiente, que tengo en preparación, trataré sobre las metáforas que tiene el sueño, las interpretaciones, y los diferentes campos metafóricos que crea el sueño. «El mundo bajo los párpados» es fenomenológico, histórico. Lo que he querido con este libro es incluir el sueño en la cultura. Creo que existe una cultura del sueño, lo que pasa es que nadie se ha ocupado de ella. El sueño es parte de nuestra cultura y nuestra historia. Como no podía hacerlo de forma académica, lo hice literario, narrativo, ensayístico. Y serio, en el sentido de que no invento nada; parece un relato pero todo está rigurosamente establecido.

P.: ¿Por qué comienza con la historia y la forma en que los sueños intervienen en la historia?

J.S.: No he querido hacer un libro teórico sino un libro en el que planteo cosas que en principio pueden parecer disparatadas, raras, entonces tengo que demostrarla, dar ejemplos. Por caso, contar que todos los estrategas militares antiguos llevaban con ellos un onirocrítico, porque los sueños predecían el porvenir. Mi sorpresa fue cuando en mi investigación me encuentro que Bismark, y luego Patton, consultaban sus sueños para algo tan empírico como es la guerra. Las prácticas de la guerra son lo más empírico que existe, es la prueba suprema del empirismo. A este mundo extraño en que vivimos queremos normalizarlo, pero en el fondo siempre es un mundo extraño, incomprensible. Por ejemplo, cómo generales de esa talla consultan los sueños. Eso quiere decir que los sueños algo tienen. Evidentemente todas estas personas no eran imbéciles. Otro caso muy interesante son los sueños de Descartes. La epifanía del racionalismo moderno surge a través de unos sueños que él tiene. Hay tambien muchos testimonios de cómo los sueños sirvieron para afianzar la religión, pero eso es normal.

P.: Usted recuerda cuando Constantino ve en un sueño, antes de una batalla, una cruz que dice «con este signo vencerás».

J.S.: La gente dice: eso es una fábula. Aun en el caso de los sueños de Descartes. Yo creo que no, porque cuando se investiga se descubre que se atribuía mucha importancia a los sueños. Esa es la paradoja de que los sueños intervienen en la historia.

P.: ¿Usted es un soñador?

J.S.: Sí, pero la que es una soñadora extraordinaria es mi mujer, Inka Martí. Le publiqué un libro, «Cuaderno de noche», que reúne sus sueños a lo largo de diez años. Son sueños curiosos, no vulgares, donde hay una poética interesante. Ha tenido muy buenas críticas. Los sueños son nuestra apuesta, un tema que siempre me ha interesado, y que cuando comencé a investigarlo quedé fascinado, se me presento de una manera diferente. Conocía a los sueños a través de Freud y de Jung, que es lo que conoce todo el mundo, pero la cultura de los sueños es mucho más amplia. Si Freud no está en este primer volumen es porque los temas no son los que él ha trabajado. Estará en el siguiente, cuando se trate la interpretación de los sueños. En el caso de Jung, lo interesante es que, en lugar de Freud que crea una nueva mitología, el psicoanálisis, él lo que hace es crear su propia mitología -es un psicólogo, un filósofo y un místico- y la pone en relación con toda la historia del inconsciente. Desde ese punto de vista me interesa mucho más, porque mi investigación busca ver lo que se hizo con los sueños a lo largo de los siglos.

P.: Los sueños son muy utilizados por narradores y dramaturgos.

J.S.: Pero muy rara vez son reales. Generalmente, el escritor finge el sueño. Lo toma para inspirarse en su argumento. El ambiente de las obras de Kafka surge de los sueños. Ahora se han reunido en un libro todos los sueños de Kafka, y creo que son bastante ciertos, pero en general los sueños que aparecen en literatura son falsos, están maquillados. Se nota de inmediato cuando es un sueño auténtico.

P.: ¿Hubo algún sueño que lo asombrara al investigar?

J.S.: En mi libro se nota que me gusta asombrar. En mi investigación, me asombré de cosas que descubrí. Que los sueños son parte de la historia y que influyen en la historia. Que hay sueños curativos, que es lo que pasaba en los templos de Asclepio, donde según Jámblico las enfermedades cesan merced a sueños divinos. En el libro de mi mujer hay un sueño curativo con nuestra perra, en el que sabe con mucha anticipación la enfermedad que tiene, y que confirmará el veterinario mucho tiempo después. Es que los sueños están fuera del tiempo. Eso es algo que hemos vivido. Algo que sabían Hipócrates y Galeno. Galeno se quejaba del escepticismo de su época, de que en la Grecia de su tiempo poca gente le cree cuando señala que ha salvado a muchas personas aplicando una cura prescrita en sueños. Jung estudió que, aparte de las interpretaciones clásicas, los sueños dan claves fisiológicas de como está el cuerpo, es lo que sucedía en los templos de Asclepio. El psiquiatra ruso Vasili Kasatkin que registró más de diez mil sueños en mil doscientas personas con toda clase de desórdenes fisiológicos, observó que las enfermedades producían en el onirismo unas modificaciones que se correspondían con la duración de la enfermedad, su gravedad y su localización. Oliver Sacks también habla de eso. Incluso Michel de Montaigne, el gran escéptico, da un ejemplo de eso. Cuando se van cruzando diversas informaciones y coinciden, hay algo real ahí. Entonces, tenemos que ser un poco abiertos, lo que parece en principio que es algo imaginario, una fábula, luego uno se da cuenta de que no. Montaigne sabe de una curación relacionada con un sueño cuando visita el santuario de Loreto, lo que le hace escribir sobre la estrecha relación que existe entre el espíritu y el cuerpo «que comunican entre sí su destino».

P.: ¿Ese conocimiento no se ha intentado sistematizar?

J.S.: No se puede sistematizar. Los sueños son como la naturaleza, hacen lo que quieren. Se pueden crear leyes, pero no sistematizarlas. Se puede esperar un sueño, y no se tiene ninguno. Y otra persona tiene una diagnosis. En los santuarios de sanación de Asclepio, una de las grandes obras de arte de la antigüedad por cómo eran los templos y la sofisticación de los rituales, se buscaba curar a través de lo psíquico, sabían ya de lo psicosomático. Eso lleva a descubrir la antigüedad y verla de manera más respetuosa.

P.: Usted cuenta de una periodista alemana judía que se dedicó a recolectar los reveladores sueños de la gente más dispar en tiempos del ascenso de Hitler al poder.

J.S.: Es una especie de sociología de los sueños. Muestra el devastador efecto que estaba produciendo el nazismo sobre la población alemana. En las situaciones colectivas se dan sueños que descubren lo que se vive como padecimiento. Ahora eso se da menos. En la antigüedad la gente escuchaba los sueños. Ahora como la gente no cree en los sueños, y se tienen muchos más conocimientos, la parte instintiva pareciera que se ha perdido. Cada vez más nos vamos convirtiendo en máquinas. Nosotros somos naturaleza, y eso se va adormeciendo. Pero aparece en momentos de gravedad. En tiempos del nazismo un doctor sueña que todas las casas no tienen paredes. Es un mundo sin intimidad, donde sólo resuena la voz pesadillesca que grita por un altavoz leyes y más leyes. Ese hombre no se daba cuenta de lo que estaba pasando en Alemania, en cambio su sueño sí lo sabía. Su consciente era inconsciente de lo que estaba pasando, pero su inconsciente era consciente.

P.: ¿Cuáles son los próximos pasos en su estudio?

J.S.: El segundo volumen, que seguirá a «El mundo bajo los párpados», tratará sobre las metáforas de los sueños. Me he dado cuenta de que de los sueños sale todo, la religión, la idea del más allá, los rituales. Las estructuras antropológicas de la mente se crean a través del sueño. Por tanto tenemos que tomar más en serio al sueño. El tercer volumen será una antología de sueños. Con esos tres volúmenes creo que habrá una contribución a la cultura del sueño.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario