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Irregular evocación de anarcofeminista pionera
Eugenia Tobal es Virginia Bolten, agitadora anarquista que en 1896 fundó el primer periódico feminista de Latinoamérica, en la simplista y formalmente descuidada «Ni dios ni patrón ni marido».
Decía Juan Bialet Massé en su «Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas», volumen II, 1904: «En mi visita he oído a más de cien veces la frase Con rosarios no se engorda, y ya no podemos más. En Santa Fe, las mujeres que entran por ese camino son francamente anarquistas, y anarquistas exaltadas; algunas de ellas se hacen notar por sus facultades oratorias. Hay en el Rosario una joven puntana de palabra enérgica y dominante que arrastra a las multitudes. Más enérgica que Luisa Michel, tiene indudablemente mejores formas que ésta». No agrega más, y pasa a criticar los Círculos Católicos de Obreros, donde a los trabajadores «les dan sermones de sumisión para que soporten ser explotados».
Según estudiosas, Bialet Massé (verdadero prócer que entre otras cosas también fue abogado consultor del primer sindicato de estibadores rosarinos) estaba aludiendo a Virginia Bolten, primera mujer oradora en un acto público obrero de Argentina, cofundadora del primer periódico anarcofeminista de Latinoamérica, activista de la famosa huelga de inquilinos de Buenos Aires, etcétera. Su nombre está ligado a los de Teresa Marchisio, María Collazo, la destacada Juana Rouco Buela, y otras pioneras de una militancia con abundantes riesgos y ningún subsidio. De hecho, sufrió cárcel y expulsión al Uruguay, donde refundó su periódico: «La voz de la mujer».
En Rosario, «La voz...» llegó a tirar nueve números, algunos de hasta 2.000 ejemplares, y todos financiados por suscripción popular. En una columna aparecían publicados gastos y donantes, que firmaban como Viva la dinamita, Grupo las vengadoras, Sobrante de cerveza, Uno que fuma sin estampilla, o Vizconde de Brangelone, aludiendo a un personaje de Alejandro Dumas, el noble Bragelonne. Las cuatro páginas se cubrían con opiniones, poemas, cuentos, críticas al Partido Socialista Argentino de Juan B. Justo, vulgaridades contra las monjas, y reclamos contra los hombres en general y el matrimonio en particular. Aunque el amor libre tampoco era solución. Una de las colaboradoras, Juanita Lagouardette, fue herida de cinco balazos por su amante, cuando ella decidió dejarlo.
En fin, daba para miniserie. O para una buena película. Pero la catalana Laura Mañá, que ya había estropeado una comedia en Jujuy («Morir en San Hilario»), dejó pasar la oportunidad. Tampoco la ayudaron una producción con pocos extras para las escenas de masas, algunos descuidos formales, la simplificación biográfica y la presencia de una improbable cantante de ópera delgadísima como personaje coprotagónico, papel a cargo de Esther Goris, impulsora del proyecto. Que produjo San Luis, ya que la Bolten era puntana de origen, hija de un inmigrante alemán.
La curiosidad del tema y el trabajo de Jorge Marrale como patrón italiano compensan parte de las fallas. Eugenia Tobal mejora físicamente el original, que a juzgar por una foto era medio seca y de cabello tirante, aunque, es cierto, más atendible que la famosa Louise Michel, que parecía una laucha. Interesados/as en el tema, consultar a la estudiosa Maxine Molyneux, o a sus colegas Mabel Bellucci, o Nora Usensky & Mariana Fontana.
P.S.


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