12 de febrero 2018 - 00:00

Israel contra Irán: una guerra que descalabraría la región (y que nadie quiere)

Los analistas afirman que un eventual choque entre ambos conduciría a que otros actores como Hizbulá se sumen al conflicto. Se trata de la mayor escalada desde la década de los 80.

Jerusalén - Ni a Israel, ni a Siria, ni a Irán les interesa una escalada de violencia en la frontera, aseguran analistas y expertos, que sin embargo advierten de que ésta podría tener lugar si no se atemperan los ánimos.

Ayer, la región seguía en tensión y el Ejército israelí se mantenía en alerta para detectar posibles movimientos en el otro lado de la frontera, dirigentes de ambas partes hacían advertencias y transmitían a sus respectivos pueblos mensajes de triunfo, mientras la situación general era de calma.

Ninguno de los tres países "tienen interés en escalar más" por el momento, explica la investigadora del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional Sima Shine que, sin embargo, no cierra la puerta a posibles repercusiones del intercambio de fuego del sábado.

La violencia comenzó con la entrada de un dron en el espacio aéreo israelí, a lo que siguió un cruce de fuego en el que cayó un F-16 israelí y ocho infraestructuras cercanas a Damasco fueron bombardeadas, provocando la muerte de seis militares sirios y combatientes extranjeros, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

"Es la primera vez que ocurre algo así desde mediados de los ochenta y por supuesto que es un acontecimiento importante, pero no creo que vaya a cambiar la manera de operar de Israel", cree Shine, que fue también vicedirectora del Ministerio de Asuntos Estratégicos.

En el mismo sentido, el analista israelí del International Crisis Group Ofer Zalzberg opina que "ninguna de las partes quiere una gran escalada", pero advierte de que, "sin embargo, esta podría tener lugar si el presidente sirio Bashar al Asad intenta retomar el control en el suroeste de Siria o si Irán establece una base militar o una base aérea en esa zona".

Una escalada podría llevar a una guerra entre Israel y la milicia chiita libanesa Hizbulá, que podría resultar muy dañina para Israel, ya que se estima que ese grupo tiene más de 100.000 cohetes, algunos de ellos de alta precisión, que pueden causar graves daños en torres residenciales en Tel Aviv, en plataformas de gas israelíes o el aeropuerto de Ben Gurión. Israel respondería causando graves daños a Líbano, incluida infraestructura civil, y ambos países pagarían un precio muy alto, advierte Zalzberg.

Además, a Irán tampoco le interesaría un conflicto así por el riesgo de que éste se trasladase a Siria, donde ha invertido mucho en los últimos años para mantener en el poder Al Asad, al igual que Rusia. "Todos tienen interés en una confrontación limitada y pequeña, pero saben que es difícil mantenerla así. Por eso están actuando con cautela y tratando de evitar la guerra", considera este analista.

Shine apunta que en el futuro, "tanto Israel por un lado, como Siria e Irán por otro seguirán tratando de fijar líneas rojas", algo que podría derivar en nuevos enfrentamientos. "No creo que sea la última vez que estemos ante un incidente de este tipo", asegura la experta, que consideró que "no habrá una escalada en un futuro próximo".

Otro factor que puede ayudar a la distensión, puntualiza, es que Irán afronta problemas internos al tiempo que trata de defender ante la comunidad internacional la continuidad de su pacto nuclear frente a la oposición del presidente de EE.UU., Donald Trump.

El periodista israelí Nahum Barnea expuso ayer en el diario Yediot Aharonot que Irán e Israel han estado luchando uno contra otro durante años "en una guerra brutal", en la que, sin embargo, "siempre cumplieron meticulosamente una regla: evitar un conflicto directo y abierto". "La gran pregunta es quién hará el próximo movimiento en este juego de ajedrez, cuándo y cómo. El siguiente escenario evidente es uno en el que un nuevo convoy de Hizbulá con misiles de precisión o partes de misiles sea enviado de Siria a Líbano. Los oficiales israelíes deberán decidir si hacen la vista gorda o si atacan y se arriesgan a que las cosas se conviertan en una guerra", opina Barnea.

Y agrega que "el Ejército israelí ha sido cauteloso hasta ahora en establecer líneas rojas", pero "cualquiera que marque una línea roja se convierte en cautivo de esa línea, es su prisionero".

Agencia EFE

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