Joe Orton salta del teatro off a la calle Corrientes

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No es habitual que una obra de Joe Orton (1933-1967) llegue al circuito comercial. Aun cuandon Harold Pinter (Premio Nobel de Literatura 2005) lo consideró uno de sus pares, Orton sigue jugando en segunda línea. Tal vez se deba al irritante cinismo que volcó en sus comedias negras («Atendiendo al señor Sloane», «El rufián en la escalera», entre otras) que rebosan de transgresiones sexuales e invectivas contra la iglesia, el orden policial, la psiquiatría y otras instituciones que el autor consideraba altamente represivas. O a su vida sexual, siempre muy promiscua -como se vio en la película de Stephen Frears «Susurros en tus oídos»-, que incluyó un escandaloso incidente que puso fin a su vida, en plena fama: Orton estaba terminando un guión cinematográfico para los Beatles cuando fue asesinado a martillazos por Kenneth Halliwell, su amante desde 1951.

Carlos Rivas es un gran admirador de su obra: en 1985 dirigió «Botín» en el Teatro Payró y hoy estrenará, en el Lola Membrives, la comedia más celebrada de Orton, «Lo que vio el mayordomo», interpretada por Enrique Pinti, Luis Luque, Alejandra Flechner, Magela Zanotta, Abian Vainstein y Andrés Portaluppi.

«Cuando yo digo que ésta es una obra digna de Shakespeare algunos me dicen que estoy loco», dice Rivas. «Se ve que no leyeron Noche de Reyes, que es una comedia divina sobre la identidad sexual. A Shakespeare le fascinaba ese tema». Dialogamos con él:

Periodista: ¿Indagó mucho en la vida de Orton?

Carlos Rivas: Enrique Pinti encontró una edición española de sus diarios y todos leímos ese libro, donde habla frontalmente de sus aventuras sexuales y con el mismo sarcasmo que utiliza en sus comedias. También cuenta algo que después descubrimos en la obra. Y es que la relación entre los protagonistas (un psiquiatra con clínica propia y acosador de mujeres, casado con una alcohólica con inclinaciones ninfómanas) recuerda al vínculo que mantenían Orton y Halliwell. Este último era un hipocondríaco grave que celaba mucho al escritor. Ya sea por su creciente fama, juntos habían escrito sin éxito, como por sus constantes aventuras sexuales.

P.: ¿Y qué sucede con el matrimonio de la obra?

C.R.: Como lo explica el personaje de Pinti, un inspector de Salud Pública, el psiquiatra de prestigio se enamora y se casa con una mujer encantadora. Pero, poco a poco, la mutua desconfianza hace que el vínculo se vuelva amargo y enloquecedor. Es una descripción literal de lo que vivió al autor.

P.: Esta obra tiene un estilo diferente del de otras obras de Orton.

C.R.: Tiene mucho más humor, sino sería muy difícil soportar tanta crudeza. Cuando se estrenó en Londres fue un desastre, rompieron la fachada del teatro y la casa del representante de Ralph Richardson, el actor que hacía de inspector. Hoy la obra no tiene ese grado de virulencia porque el tema de la identidad sexual está más asimilado.

P.: Aún así, es la primera vez que se hace esta obra fuera del circuito independiente.

C.R.: Es cierto, incluso en Broadway, Orton sigue relegado al circuito off. Yo luché mucho para poder hacerla en un gran teatro como el Lola Membrives, porque es un magnífico vodevil de puertas, de alcance muy popular, que se disfruta como un bombón. Pero un bombón de los de Yiya Murano. El público se divierte y se va distendiendo hasta que de pronto llega el veneno. Como se ve en el título, hay también una ironía con respecto a las historias policiales inglesas, en las que el inspector reúne a todo el mundo y al final el culpable es el mayordomo. El chiste de la obra es que no hay ningún mayordomo. Ese lugar lo ocupa el autor. Es él quien espía a través de la cerradura en esta comedia que es una burla de la burla. Por eso digo que es una comedia al cuadrado.

P.: ¿Por qué compara al autor con un mayordomo?

C.R.: El cuenta en sus diarios que fue en casa de Paul McCartney donde vio por primera vez a un mayordomo. Eso fue lo que más lo impresionó, porque McCartney le cayó muy mal. Le pareció un «careta» que no tenía nada que ver con los maravillosos temas que componía. Orton siempre se presentaba como un escritor de alcantarillas criado en el arroyo. Por eso le resultaba increíble el oficio de mayordomo. Yo imagino que él debía pensar en las cosas que vería el mayordomo en esa casa, en los secretos que el tipo habría descubierto como testigo privilegiado. Y esa figura le interesaba mucho más que la del propio McCartney. Orton fue un verdadero transgresor que pasó seis meses en la cárcel por intervenir las tapas de unos setenta libros que él y Halliwell tomaron de una biblioteca pública para luego reingresarlos ya adulterados. Hoy esos libros se exhiben como un tesoro.

P.: En la obra pasa de todo ¿cuál es el tema central?

C.R.: El gran tema de la obra es la represión sexual y la cuestión de géneros: qué es ser mujer, qué es ser hombre, cómo sienten, cómo se comunican, su lucha por el poder. Más que una comedia es una farsa, una parodia del vodevil de alcoba, que él usa para burlarse del matrimonio, el estado, los tratamientos psiquiátricos y la religión, instituciones que según él buscan aniquilar el verdadero deseo sexual de cada individuo con consecuencias nefastas sobre su identidad.

P.: ¿En qué época y lugar transcurre la acción?

C.R.: No se precisa el lugar, pero hablan como porteños. En una época pre Internet, sin celulares ni computadoras. Podría estar situada entre los años 70 y 80.

Entrevista de Patricia Espinosa

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