3 de marzo 2016 - 00:00

Juicio al estilo indio para callar al cantor

“La acusación”, aunque algo tirada de los pelos, defiende la occidentalización en la cultura india.
“La acusación”, aunque algo tirada de los pelos, defiende la occidentalización en la cultura india.
"La acusación" ("Court", India, 2014). Dir.: C. Tamhane; Int.: V. Sathidar, V. Gomber, P. Joshi, G. Kulkarmi, U. Bane, S. Pawar, B. Maniar, P. Mehta.

Hablada mayormente en marathi, ambientada en Mumbai (Bombay para los viejos), fuertemente crítica del sistema judicial hindú, defensora de la libertad de expresión y de las clases occidentalizadas que intentan sacar al pueblo de la ignorancia y el atraso, "La acusación" fue la candidata india al Oscar para Mejor Film Extranjero. Puede que a los miembros de la Academia les haya parecido demasiado ajena a lo que ellos entienden como película de ambiente judicial. O que no hayan soportado las canciones. En tal caso, estamos de acuerdo. Al viejo que canta en la película habría que meterlo preso.

Lo hacen (de eso se trata), pero no porque cante horrible, sino porque uno de sus temas, despectivo con cierto oficio, habría provocado el suicidio de un pobre infeliz. La cosa suena demasiado agarrada de los pelos, y en la Corte se hace más disparatada y confusa cuando la fiscal recurre a viejas legislaciones y a viejos vicios procesales. El asunto provoca suspicacia: ¿no será que lo quieren encarcelar por otra cosa? Se trata de un veterano cantor de protesta. El abogado hace lo que puede. Detalle interesante, la fiscal es una mujer de pueblo, mientras que el defensor goza de una buena posición. En una película norteamericana habría sido al revés. Bueno, también habría habido más nervio, y un final feliz más clásico.

Premio León del Futuro en la sección Horizontes de Venecia 2015, Mejor Director en el 16° Festival de Mumbai, hat-trick del 17° Bafici (Mejor Film, Mejor Actor, y Fipresci), éste es el primer largo del cortometrajista Chaitanya Tamhane. Sorprende que sea recién el primero, porque se nota buen oficio. Sorprende también encontrarnos con una contradicción local. Los progres que aquí considerarían ese juicio al cantor como un atentado a la libertad de expresión, y los psicoanalistas especializados en depresivos y malhumorados todavía acusan a Palito Ortega por la letra de su optimista y selectiva "Tirate al río en la parte más profunda" ("Si no te gusta que la gente esté contenta", etc.). Son cosas que pasan.

P.S.

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