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La carrera hacia la Casa Blanca: ¿es la hora de Hillary Clinton?
Elecciones clave en noviembre de 2016 para definir al sucesor de Barack Obama, que aún no bendijo candidato.
Hillary Clinton sueña con llegar, en noviembre próximo, a la Casa Blanca de la mano del voto de los demócratas.
Poco antes de oficializar su lanzamiento en marzo, Clinton criticó abiertamente la moderación de su exjefe, que oscila, según ella, entre el apuro por intervenir y su empeño por mantenerse como un espectador más frente a determinadas crisis. "Las grandes naciones necesitan principios organizativos y 'no hagas estupideces' no es un principio organizativo", aseguró Clinton.
También salió en octubre al cruce del recién firmado tratado de libre comercio del Pacífico (TPP), suele reprochar el récord de deportaciones de inmigrantes, se sitúa a la izquierda de la política medioambiental oficial y además es una férrea crítica de la actual estrategia para combatir la amenaza del Estado Islámico (EI).
CAZA DE VOTOS
Vinculada al "establishment" político y financiero de Estados Unidos y bajo la lupa por el origen de las donaciones para la Fundación Clinton, dedicada a la filantropía, la ex primera dama intenta reforzar sus cartas progresistas.
Es cierto que el voto de centro es fundamental para ganar las elecciones generales, pero también lo es el de izquierda, sobre todo en las elecciones primarias que arrancan en febrero y Clinton está dispuesta a conseguirlo.
Su comportamiento tiene que ver con el vertiginoso ascenso de Bernie Sanders, senador por el estado de Vermont y calificado por Obama como un "socialista fumador de marihuana". Sanders consiguió movilizar al electorado más joven y sus mítines se han visto desbordados por la afluencia. Entre otras cosas, quien fue el "tapado" del Partido Demócrata se jacta de haber iniciado una campaña a favor del matrimonio homosexual cuando su debate era aún un tabú, votó en contra de la guerra en Irak, aboga por el aumento del salario mínimo y es un enemigo declarado de Wall Street.
Con todo, el tímido giro progresista de Clinton y el distanciamiento con Barack Obama no deja de ser arriesgado, en el primer caso porque al largo plazo podría desdibujar su verdadera agenda electoral y por el otro, el presidente salió del pozo de la impopularidad y sus acciones son cada vez más reconocidas por electorado.
Martin O'Malley, exgobernador de Maryland y exalcalde de la ciudad de Baltimore, y Lincoln Chafee, exgobernador de Rhode Island, de 62 años, son quienes completan el cuadro de precandidatos oficialistas, aunque con respaldos mínimos. No obstante, Hillary no se fía de su favoritismo: durante gran parte de la campaña de 2008 lideró las preferencias electorales y tenía amplio apoyo de su partido, pero otro precandidato con menor fama y prestigio le arrebató el liderazgo (y al día de hoy cursa su segundo mandato).

