16 de abril 2012 - 00:00

La “Coca” Sarli se hizo ver en el Bafici

Isabel Sarli y su hija asistieron el sábado a la presentación de la copia restaurada de uno de sus «clásicos», «India», que fue recibido con muchos aplausos.
Isabel Sarli y su hija asistieron el sábado a la presentación de la copia restaurada de uno de sus «clásicos», «India», que fue recibido con muchos aplausos.
Cultura de la Ciudad hizo un esfuerzo e Isabel Sarli estuvo el sábado en el Bafici para la presentación de «India», la película que protagonizó en 1960 y ahora, tras largos años, se presentó restaurada. La diva tuvo pocas exigencias: un buen remise, porque vive en Martínez, una fila de butacas para sus amistades, todo el mundo esperándola en la sala, una sala clemente con sus piernas, y un atendible aporte jubilatorio. Bien, el Bafici necesitaba alguna estrella.

Hay otra, sí, pero es una estrelha fugaz, el portugués Miguel Gomes, figura mimada de la crítica snob internacional, que aquí ya ganó un Bafici con «Aquel querido mes de agosto», y ahora está como presidente del jurado mayor, mientras presenta su nueva creación, «Tabú». Así es, el mismo título del clásico de Murnau y Flaherty, pero nada que ver. En su obra alguien menciona apenas de pasada, un par de veces, un Monte Tabú, pero, la verdad, más importancia argumental y atávica tiene el Monte de Venus de una joven señora, esposa de un colono en la perdida Mozambique.

Como en «Aquel querido mes de agosto», acá hay dos películas al precio de una. Primero, una vecina y una doméstica negra asisten a los últimos días de una anciana jugadora y medio divagante. Luego, un anciano les cuenta a esas dos mujeres la historia de amor que él vivió con la finada, cuando ambos eran jóvenes y disfrutaban «el exotismo y la vida fácil» de los blancos en Africa. El relato incluye al marido burlado, un embarazo, un amiguito del galán, personal doméstico negro cuya eficacia y discreción causan nostalgia, y algunos cocodrilitos. Casi todo está contado en off, con entonación cansina, lusitanamente melancólica, ocasionales antojos de mudez y, por suerte, algunas notas de humor. Por ejemplo, el remate del prólogo y la mención a las prácticas de tiro junto a las meriendas de té y bizcochos. No es del todo mala, pero tampoco es la octava maravilla que proclama la mencionada crítica snob.

Afortunadamente, entre los 449 títulos del festival, hay algunas películas decididamente buenas. Una de ellas es la estremecedora «Exit, le droit de mourir», del hispano-suizo Fernand Melgar. Hay enfermos terminales, sufriendo atroces dolores. Pero sonríen cuando vienen los acompañantes de Exit. Ellos les explican cómo es el protocolo de la entidad. Si el enfermo está lúcido, si insiste a lo largo de varios meses, si la enfermedad ya es realmente irreversible y dolorosa, bueno, entonces fijan un día de acuerdo con el enfermo, y ese día lo visitan, le dan unas gotitas para evitar vómitos, le ofrecen más tiempo para repensar su decisión, y, si está firmemente decidido, lo dejan que se despida de sus parientes y le dan a beber un anestésico en proporción superior a la normal. Después llaman a la policía y al médico forense, y se van a comer.

Película estremecedora, de especial suspenso, también de ocasional humorismo, y con un argumento bien original, y unas reflexiones sobre la enfermedad, la dignidad, la familia y la eutanasia que dejan pensando. ¿Es la fantasía de un enfermo? No, es un documental.

Exit es una asociación que funciona en Suiza desde 1982, tiene unos 67.000 asociados que pagan una cuota anual de 20 euros, y ayuda a morir a unos 350 enfermos por año. Pero solo enfermos suizos, para no favorecer lo que podría llamarse «turismo de la muerte».

Autor interesante, Fernand Melgar. Este fin de semana también se vieron otros dos documentales suyos: «La forteresse», sobre el lugar donde los desgraciados de otros países esperan recibir el tratamiento de refugiados políticos en Suiza, y «Vol spécial», donde los rechazados terminan en el avión que los llevará de vuelta, hacia quién sabe qué final, y un año después el cineasta va a visitarlos, a ver qué fue de su vida. Todo, siempre contado de forma respetuosa, bien controlada, y un poquito humorística también. Duele, pero vale la pena.

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