El guionista y narrador español reactualiza el tópico del “mundo feliz” y terrorífico, a la manera de Aldous Huxley y George Orwell.
Ray Loriga. El narrador español propone su propio “mundo feliz”.
Una guerra de la que sólo se sabe que se lleva a los hijos para combatir, o que de pronto hay orden de evacuar la comarca. Allí vive una viuda que se ha casado con un campesino cuyos hijos están en el frente, acaso ya muertos, y que adoptan un adolescente mudo que llega herido. Deben quemar la casa e irse a vivir a la Ciudad Transparente, donde todo está a la vista, controlado, y las necesidades elementales son satisfechas. Y los que no se integran a ese mundo feliz son producto de descarte. Con "Rendición", fábula que plantea un inquietante mundo evolutivo, el escritor, guionista y director de cine madrileño Ray Loriga conquistó el Premio Alfaguara de Novela 2017, dotado de 175.000 dólares. Dialogamos con él:
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Periodista: ¿"Rendición" es una fábula política?
Ray Loriga: Si entendemos política como toda actividad necesaria para organizar un grupo social, sí. Si la entendemos como una actividad coyuntural en una sociedad determinada, entonces no. No hay máscaras de Trump, de Putin, de Podemos. Política como actualidad no. "Rendición" habla de un proyecto de sociedad cuestionable. Y quien la cuestiona queda fuera porque no pertenece al entusiasmo de lo común. Es una sociedad transparente, incorrupta y fatal, donde el poder es opaco. Es el fracaso del sueño de la pureza. Es una sociedad que ha sustituido el Gran Hermano por un millón de ojos. No te mira uno, nos miramos todos, con lo cual no nos podemos mover.
P.: ¿Es el retorno de ciertos regímenes?
R.L.: Siempre he pensado que el demonio es demasiado listo para aparecer dos veces con el mismo aspecto. El fascismo fue un sistema repugnante y cruel que tenía la ventaja de la honestidad. Se presentaban como malos: si no te gusta te mueres o te vamos a matar. El comunismo aprendió del cristianismo, de la santificación de la pobreza y la miseria. Con su fracaso estrepitoso se vio un sistema religioso que cambió los símbolos pero mantuvo los ritos y devociones, por ejemplo el del sacrificio, una actitud moral trasplantada a una sociedad atea y agnóstica conducida por el mesianismo del Padre del Pueblo. Se lleva a aceptar la santificación del sacrificio por la idea de que se muere por algo más grande que uno, por algo contrario a la individualidad. El mundo de "Rendición" es otro, allí ni el esfuerzo ni el talento está compensado, todo el mundo recibe lo mismo y trabaja según sus aptitudes. El protagonista es un hombre que ha perdido todas sus herramientas vitales, su forma de trabajo. Viene de una sociedad de mercado y todo lo que sabía ya no le sirve para nada. Y si en la Ciudad Transparente le dan trabajo es porque es más barato que una máquina. Allí ya no queda nada a que oponerse porque no lo hay. Además uno es parte del control general, la autodelación es voluntaria, y encima pasa por libertad.
P.: El campesino protagonista vive pendiente de su mujer. Una mujer que tiene como alguien superior y que a él puede tomarlo o descartarlo.
R.L.: Es por él que sabemos de ella. Y él asume que ella está por encima. Sus decisiones le parecen tan acertadas que cuando le toca sufrirlas en carne propia no duda de que está acertada. Del mismo modo que acertó cuando lo necesitó a él. Desde la escala Darwin ella pertenece a la especie que sobrevive. Él no se adapta a la nueva sociedad, y se va convirtiendo en un lastre. Acepta que pasará a ser un fósil del pasado. Mi desafío fue invitar al lector a saber todo desde la cabeza de ese hombre en tiempo real, y él sabe lo que sucede, no lo que va a suceder.
P.: Se relaciona a "Rendición" con "1984" de Orwell y con "Un mundo feliz" de Huxley, pero se podría agregar a otros, por caso a Kafka, Coetzee o Dino Buzzati.
R.L.: Está en esa frecuencia de onda, en la que incluiría a Jonathan Swift y al Elías Canetti de "Masa y poder". Pero todo eso sin un sentido referencial. Los escritores somos permeables y todas las lecturas que nos cambiaron nos van saliendo por los dedos de modo natural. "Rendición" surgió de la frase: nuestro optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo puede mejorar. Crece solo, nuestro optimismo, como la mala hierba.
P.: Después de haber sido guionista de Saura y de Almodóvar, de haber dirigido dos películas, ¿Qué tiene ahora en cine, y ya que estamos también en literatura?
R.L.: El director Agusti Villarunga está filmando en Inglaterra en este momento "Born a King" con guión mío. En literatura tengo muy avanzada una novela de la que la editorial ha visto un primer borrador y le gustó. Ahora estoy en esta locura del Premio Alfaguara, que termina en noviembre en la Feria de Guadalajara y a partir de entonces me dedicaré a dar final a la nueva novela, que nada tiene que ver con "Rendición".
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