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Los años de plomo desde una óptica poco transitada
• DIÁLOGO CON SEBASTIÁN BORENSZTEIN, DIRECTOR DE "KÓBLIC", SOBRE UN OFICIAL DE LA ARMADA QUE ENCARNA RICARDO DARÍN
Ricardo Darín y Sebastián Borensztein durante la presentación de “Kóblic”: la historia de un oficial de la Armada que se aparta de la fuerza en 1977, cuando se entera de los “vuelos de la muerte”.
Periodista: A cinco años de "Un cuento chino", usted vuelve a reunirse con Ricardo Darin, pero no precisamente en una comedia. ¿Cómo nace esta nueva obra?
Sebastián Borensztein: Quería filmar un thriller rural, con un piloto fumigador que está huyendo de algo. ¿Y de qué puede huir un piloto? Si ubicamos la acción en 1977, aparece el motivo. Apenas tuve el carozo de la historia, llamé a mi amigo y colega Alejandro Ocon, y la escribimos a cuatro manos. Dos cabezas piensan mejor que una. El resultado es un drama de aventuras que tiene el contexto de la época, y un disparador, que es la contradicción moral del tipo. Por eso la frase del afiche: "De la conciencia no hay dónde esconderse".
P.: Pero a éste, además de la conciencia, lo persiguen unos matones. Y encima se choca con otros.
S.B.: Es como un western. El protagonista es un renegado, un fugitivo que se plantó frente a un límite. Y llegado el momento debe hacer justicia a su modo. Ahí se pone de nuevo el uniforme.
P.: Pequeña observación: no lleva la gorra.
S.B.: Lo habitual es llevarla bajo el brazo, pero sería incómodo para lo que piensa hacer. A propósito, mire los galones que tiene. Sólo llegó a capitán de corbeta y ya está en edad de retiro. Eso dice algo sobre su pasado. Nos interesó, además, ser muy rigurosos con la ambientación de época. Por ejemplo, la fumigación tal como se hacía 40 años atrás, con productos inmediatamente tóxicos al contacto directo, un banderillero muy, muy al fondo, marcando el campo para no desperdiciar material en el campo del vecino, y las avionetas, que están en un hangar sobre la Ruta Provincial 31, que se inauguró cuatro veces y sigue siendo parcialmente de tierra, aunque los mapas digan otra cosa.
Agrego algo: me propuse filmar como en los '70. Acá no hay dibujito. El avión fumigador de veras vuela, fumiga, y pasa rozando un auto en la ruta. Los únicos efectos visuales fueron para borrar carteles y antenas actuales y agregar unos caranchos en una toma. Luego, los fondos de croma para Ricardo en la cabina.
P.: ¿Y el avión militar?
S.B.: De los modelos que se usaron entonces, apenas queda un solo Skyvan con instrumentos analógicos en la cabina de mando, y está en la República Checa. Gracias a la coproductora española, dos pilotos checos lo llevaron desde Klatovy a Cuatro Vientos, cerca de Madrid (un vuelo de 14 horas). Le pusimos contact con los colores y logos que tenían los aviones de la Armada, y le adosamos con mucho cuidado una cámara en el ala derecha de la cola, para hacer las tomas del avión en el aire. Asimismo, Ramón Moya, el "construction manager" de "El laberinto del fauno" escaneó y reprodujo la parte que nos interesaba, instalándola en una plataforma de cinco metros de altura. Desde ahí tiraban a los extras. Lógicamente, abajo los esperaba un airbag gigante.
P.: No será testimonial pero parece la reproducción más verosímil que se haya filmado. ¿Los pilotos checos conocían esa historia?
S.B.: Para nada, y no eran los únicos. El otro día, una persona de 35 años me preguntaba "¿pero eso pasó?" Acá no hace tanta falta, pero en el exterior la película va con unos cartelitos previos, explicando qué eran esos vuelos.
P.: ¿Qué más se hizo en España?
S.B.: La escena del interior de la casa de la joven, y la postproducción. El otro gran aporte español fue Inma Cuesta, una actriz enorme.
P.: ¿Acá está doblada? Porque no se le oye el menor acento castizo.
S.B.: En absoluto. Y no es castiza, sino peor aún: ¡es andaluza! Pero un día la vi en un canal español haciendo de sicóloga porteña, con acento de Recoleta. Me contacté con ella y le pregunté si podría hablar como una mujer del campo bonaerense. "Me atrevo al acento que tú necesites", me contestó. Le pusimos una coach formoseña y lo sacó perfecto.
P.: Todo el elenco está perfecto, incluso Oscar Martínez que hace algo rarísimo.
S.B.: Su caracterización provoca un fuerte impacto inicial, porque se recorta mucho del resto. El riesgo que tomamos era grande, al pie del precipicio, pero casi enseguida te convence, es un villano único. De Darin ni hablemos. Y los secundarios, desde el pibe Marcos Cartoy, que debuta, y Miriam Odorico como la esposa de Kóblic, hasta Omar Fanucchi, que ya se acerca a los 90 años y nos dimos el gusto de tenerlo en una escena.
P.: Volviendo a Inma Cuesta. Quizás el público femenino se sienta identificado, ¿pero era imprescindible la relación amorosa con el personaje de Darin?
S.B.: Pero fíjese que no hay palabras de amor, no hay gestos de amor entre ellos. No hay ninguna escena a lo "Africa mía". Es una relación de desahogo mutuo. Ella pensaría "el día que pase un forastero y me eche el ojo, aprovecho". Acá los únicos buenos son los perros.
P.: ¿Por eso les dedicó la película, como figura en los créditos finales?
S.B.: Filmamos en San Andrés de Giles, Vagués, Gaynor, San Antonio de Areco, y especialmente en Solís. Ahí los perros se encariñaron con nosotros. Además comieron como nunca. Y hasta colaboraron en una escena, cuando pasa lo que pasa con un tipo, y dos animales entraron a cuadro y actuaron por su cuenta. ¡Eso no estaba previsto! El único entrenado era el mestizo que busca refugio en el hangar. El aprendió a hacerse el rengo y tirar el tarascón si alguien le acercaba la mano, un gesto propio de los perros que han sido maltratados. Para mantenerlo en papel, indiqué que nadie le hiciera la menor caricia. Solo Ricardo podía hacerlo. Y después se hicieron amigos. Le cuento otro aporte animal: en la escena del cementerio justo apareció una lechuza, y justo teníamos el lente adecuado para incorporarla a la escena. Cuando fue el momento hice un ruido y salió volando como queríamos.
P.: Un rodaje afortunado, entonces.
S.B.: Incluso con el tiempo. El guión indicaba que Inma saldría bajo la lluvia. En ese caso se pide a los bomberos. Pero llovió de veras, nos ahorramos los bomberos y hasta pudimos abrir el lente y hacer una panorámica con todo el campo bajo la lluvia.
P.: Ultima pregunta: ¿cuál esa enorme laguna que se ve desde la avioneta?
S.B.: No es una laguna, es el resultado de las inundaciones en los campos de San Antonio de Areco.
Entrevista de Paraná Sendrós


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