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Los Rolling Stones apuraron la caída de tabúes en Cuba
De Marx y Engels a Jagger y Richards: el pueblo cubano celebra la histórica actuación de los Rolling Stones en la isla con afiches alusivos.
"Sabemos que años atrás era difícil escuchar nuestra música aquí en Cuba. Pero aquí estamos", dijo también Jagger, quien dirigió varias palabras en español a los cientos de miles de personas que asistieron al inmenso campo deportivo. El espectacular concierto habría sido impensable en los primeros tiempos de la Revolución cubana, cuando el rigor ideológico rechazaba géneros musicales "burgueses" como el rock, tildado como representante de la decadencia capitalista. Bandas como The Beatles o los propios Stones estuvieron vetadas en los años 60 en la radio y la televisión cubanas.
La nueva Cuba de las reformas de mercado de Raúl Castro ve al rock con más benevolencia, cuando no lo abraza eufóricamente. "Los Rolling, los Rolling", celebraban en la Ciudad Deportiva muchos jóvenes, pese a no conocer tan bien a los músicos que pusieron la banda sonora a la generación de sus padres en otras partes del mundo. Los Stones empezaron a tocar tres años después de la revolución de Fidel Castro en Cuba. Jagger, de 72 años, tiene sólo 12 menos que el octogenario Raúl Castro, y entre todos los integrantes históricos de la banda (Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts, además de Jagger) suman en total 286 años. La banda mantiene sin embargo una impresionante frescura, no sólo por la agilidad de Jagger para saltar por el escenario.
"Qué público tan chévere", decía sobre el escenario Jagger, que prometió "una noche inolvidable" a los cubanos. Ni el bochorno caribeño pudo con la energía de los "abuelos del rock". Los cubanos empezaron a llegar horas antes a la Ciudad Deportiva para ser testigos del histórico show. El recital era gratuito, algo imposible en otros países donde se presentan los Stones, aunque muchos asistentes pagaron hasta 15 dólares al cambio por espacios en las terrazas o balcones de las casas vecinas al campo.
Los Stones tocaron clásicos de su reportorio como "Simpathy for the Devil", "Start Me Up", "Brown Sugar" o "Gimme Shelter", y cerraron el impresionante concierto más de dos horas después de iniciado con su tema más célebre, "(I Can't Get No) Satisfaction" en la noche habanera, entre los gritos eufóricos de los asistentes. "Hasta ahora los conocía sólo de la televisión", explicaba Lena Madrigal en el césped de la Ciudad Deportiva durante el concierto. La habanera de 22 años se había pintado el nombre de los Stones en un muslo para ir al estadio incluso seis horas y media antes de que abriera sus puertas, pese a que no es gran fan de la banda. "Si yo no puedo salir a verlos afuera, al menos vengo aquí, señaló.
Jorge Ravelo, en cambio, sí prefería ver el trasfondo histórico. Esto "significa el comienzo de algo", consideró el habanero de 42 años, que acudió al recital con una camiseta negra en la que llevaba estampada la cara del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Ravelo también recordó la frase célebre de un papa, Juan Pablo II, uno de los primeros altos dignatarios extranjeros que visitó Cuba cuando el país estaba aún ampliamente aislado, en 1999. "Esto significa que Cuba se está abriendo al mundo y, lo más importante, que el mundo se está abriendo a Cuba", parafraseó Ravelo. Además del mítico logo de los Stones y las banderas cubanas, en la Ciudad Deportiva también ondeaba por muchos lugares el estandarte de Estados Unidos como símbolo de los nuevos tiempos. Los Stones contribuyeron el viernes a abrir un poco más Cuba, como colofón a una semana trascendental y única en la isla tras la histórica visita de Obama a comienzos de semana, enmarcada en el deshielo que ambos países iniciaron en diciembre de 2014. La isla caribeña, el único país regido por un régimen comunista en el hemisferio occidental, cambió esta semana un poco más, aunque aún sea muy temprano para decir en qué dirección llevarán esos cambios.


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