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Luces del centro: marco apropiado para un Quijote
Camilo Santostefano, director musical de la flamante nueva asociación privada de ópera, «Lírica Lado B», especializada en repertorio de cámara.
Esta nueva asociación surge de las expectativas de artistas que buscan participar activamente en el desarrollo de la escena musical. En una suerte de declaración de principios de los objetivos de la nueva institución, los responsables de Lírica Lado B, dicen «Quienes fundamos esta nueva agrupación deseamos crear un espacio para la recuperación, realización y difusión de óperas de cámara que han sido excluidas o ignoradas por el repertorio habitual actual y que merecen tener su espacio, estimulando de ese modo al público y a los artistas hacia la ampliación de experiencia artística».
El grupo está formado por músicos jóvenes especializados en diversas disciplinas con experiencia en la ópera y se proponen desarrollar conceptos de realización artística novedosos. El título inicial elegido es «Don Quijote en las bodas de Camacho», de Georg Philipp Telemann (1681-1767), una obra que nunca antes había sido puesta en escena en la Argentina. Las funciones, desde hoy, serán todas en noviembre, los miércoles 11 y 18, los jueves 12 y 19, siempre a las 20.30 y los domingos 15 y 22, a las 20, en el Patio de la Procuraduría de las Misiones dn la Manzana de las Luces, con entrada por Perú 222. Dialogamos con el director musical de este emprendimiento, Camilo Santostefano.
Periodista: ¿Su asociación pretende sumarse a la labor de Juventus Lyrica y Buenos Aires Lírica?
Camilo Santostefano: Esa es nuestra intención. Lírica Lado B es una agrupación sostenida por los aportes de empresas privadas que creyeron en el proyecto, en tanto que la Secretaría de Cultura de la Nación nos dio su aval moral, no económico. La asociación tiene como objetivo el rescate de la ópera de cámara a través de títulos poco frecuentados u olvidados por múltiples circunstancias. Comenzamos con una ópera de Telemann, que nunca se vio aquí en escena y que representa un claro ejemplo, desde el punto de vista estético, de la transición entre el barroco y el primer clasicismo.
P.: ¿Su repertorio se limitará al barroco?
C.S.: No, en absoluto. Inclusive tenemos previsto para el año próximo la realización de óperas contemporáneas, siempre en escenarios no convencionales o por lo menos, en ellos aunque con una mirada nueva sobre los materiales.
P.: ¿Cómo llegaron a este «Quijote» de Telemann?
C.S.: Creemos que es una obra valiosa, primero, porque de las 40 óperas escritas por Telemann, sólo en nuestro medio se conocen dos o tres con puesta escénica, y segundo, porque la obra significa una evolución para el género. Telemann consolidó las bases de la ópera barroca pero dio un paso más adelante, hacia el primer clasicismo. A la formación básica de las cuerdas y el continuo que indicaba la tradición, Telemann le agregó instrumentos de viento y percusión. En este sentido, obró como un Beethoven, quien partiendo del clasicismo alemán se acomodó a los parámetros del romanticismo.
P.: El argumento de esta ópera está basado en el mismo episodio en el que se basó Petipa para su ballet «Don Quijote».
C.S.: Es curioso, pero en este mes de noviembre se da como una confluencia quijotesca bastante particular. Además del ballet ofrecido por el Teatro Colón y la ópera que ahora hacemos nosotros, en la ciudad de Azul se celebra la semana cervantina, la segunda en el mundo, luego del célebre Festival Cervantino de México. Es un homenaje y una necesidad de volver al idealismo y la sed de justicia que es patrimonio del personaje central de la novela de Cervantes y que habla de su concepción moral del mundo.
P.: ¿Cómo representan el hispanismo en la ópera?
C.S.: La ambientación arquitectónica ayuda mucho. La Manzana de las luces fue construida treinta años antes de que Telemann compusiera su ópera. Su patio con paredes de ladrillos y hornacinas es la escenografía ideal.
P.: ¿Cómo es la ópera?
C.S.: Dura aproximadamente unos sesenta minutos, a los que les hemos agregado una suite de Telemann, que hace las veces de obertura y que en la presente puesta se ha escenificado con la participación de malabaristas y acróbatas; luego de esta introducción sin canto viene la ópera propiamente dicha.
P.: ¿Cómo llegó usted a la música?
C.S.: Desde chico me atraía mucho la guitarra y de hecho fue el primer instrumento que toqué. Luego vinieron mis estudios académicos en el Conservatorio de Morón, en el Conservatorio Nacional y algunos cursos hechos en el exterior.
P.: ¿De todos sus maestros a quiénes recuerda con mayor admiración?
C.S.: Tengo como paradigma a Antonio María Russo y Guillermo Scarabino. Ambos significaron mucho para mi carrera como director.
Entrevista de Eduardo Giorello


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