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Luis Gorelik: “En la música, no hay Tablas de la Ley”
Luis Gorelik en los ensayos: dirigirá a la Estable del Colón en la «Carmen» de Wainrot, que el domingo abre la temporada de ballet.
Luis Gorelik, director argentino de amplia trayectoria, está encargado no sólo de la dirección musical de este ballet al frente de la Orquesta Estable del Colón sino también de la adaptación de la música de la ópera de Georges Bizet, que se complementa aquí con fragmentos de los españoles Joaquín Turina e Isaac Albéniz. Dialogamos con él en su regreso al Colón:
Periodista: ¿Cómo surgió esta partitura?
Luis Gorelik: Por pedido de Mauricio Wainrot, el Colón me encargó reformular la música de este ballet que él había estrenado en Canadá en el 2007, lo que devino en un arreglo sinfónico y compaginación de obras de distintos compositores, y terminó derivando en un ballet nuevo, puesto que escenas completas fueron modificadas por él. Hay bastante libertad en la elección de la música. La idea es ajustarse a las exigencias del argumento y conservar el espíritu romántico y salvaje que tiene la obra. Hay varios ballets hechos sobre esta misma historia, el más famoso es el de Shchedrin para su esposa Plisetskaya, pero hay otros más cercanos a la tradición del flamenco puro como el de Antonio Gades para la película de Carlos Saura. «Carmen» es una historia muy frecuentada en el mundo del ballet, pero ésta tiene la particularidad de su riqueza sinfónica por un lado y la amplitud temática por el otro, porque el hecho de incluir música de Turina, Albéniz y otras partituras del mismo Bizet le da una riqueza y amplitud mucho mayor que si nos hubiéramos limitado a la música de la ópera homónima. Hay una combinación de obras orquestales insertadas literalmente y pasajes enteros de la ópera que arreglé en formato orquestal.
P.: Usted ya había dirigido la ópera. ¿Cómo se podría resumir la diferencia entre ese desafío y éste?
L.G.: Son dos mundos muy diferentes. En el espectáculo coreográfico, sobre todo uno como éste con una coreografía tan rica, la música se integra de otra cosa. Si la música está bien escrita y el montaje está bien hecho, si hay una amalgama entre ambos elementos, uno debe sentir que todo es una sola cosa. En la ópera es más difícil de lograr porque depende más de lo vocal, que da otro tipo de expresividad. La danza tiene una profundidad expresiva diferente, se pueden lograr efectos que en la ópera son imposibles, y viceversa.
P.: Al dirigir sus propios arreglos, ¿va corrigiendo sobre la marcha?
L.G.: Todo el tiempo. La creación en mi opinión es un proceso dinámico en el cual colabora mucha gente. Así como Mauricio va modificando cosas de acuerdo a las personas que participan en sus coreografías, yo me adecúo a lo que funciona mejor o no, según los casos, y los músicos de la orquesta, casi sin darse cuenta, tienen una participación muy activa en el retoque final de este arreglo que en el futuro puede seguir cambiando. Hace un par de años hicimos algo parecido con «La Traviata» de Iñaki Urlezaga, fue un arreglo propio, distinto en su concepción porque está todo tomado de la ópera, pero afeitamos una vaca sagrada, lo hicimos con respeto y creatividad, y no me molesta en absoluto. Está bien hacer ese tipo de iniciativas en tanto respondan a una necesidad teatral convincente y creativa. De hecho en el Colón se va a hacer el «Ring» wagneriano abreviado y mucha gente se rasga las vestiduras anticipadamente. Yo no puedo hablar porque no lo vi, pero si teatralmente convence y funciona bien, perfecto, que se haga, y si no funciona, mal hecho, pero mi postura es que en la música y la creación no existen los parámetros inamovibles, las «Tablas de la Ley».
Entrevista de Margarita Pollini


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