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Memorias de una época turbulenta
Salvador del Solar (izq.) y los actores Damián Alcázar y Federico Luppi. “Magallanes”, que se estrena el jueves, fue candidata al Goya y ganadora en Huelva y Lima, y relata la historia de personajes que han vivido la guerra del Ejército del Perú contra Sendero Luminoso.
Periodista: ¿Qué es para usted "Magallanes"? Porque excede la definición de "película sobre las consecuencias de la guerra".
Salvador del Solar: Los personajes han vivido la guerra del Ejército del Perú contra Sendero Luminoso, y en cierto modo es una película sobre las consecuencias de aquella guerra. Nosotros no lo decimos. La trama policial -un chantaje- parece indicar otra cosa, y toma al público con la guardia baja. Pero también es una historia de amor, muy particular, porque el protagonista intenta redimirse con la mujer que amó tiempo atrás.
P.: ¿La obra también llama a reflexionar sobre la necesidad de perdón?
S. del S.: Hemos vivido experiencias muy duras. Esta es una muestra de las diferentes maneras de relacionarse con el pasado. La víctima prefiere que no se lo recuerden. El exsoldado, que lo recuerden a él con mejor luz. Su coronel es incapaz de recordar. El hijo del coronel no tiene culpa, pero está tocado por los resultados de esa violencia. El otro exsoldado no tiene cargos de conciencia. Él tiene añoranzas de las emociones que vivió en aquella época. Son aristas de un mismo cuerpo social. No planteamos el perdón. La víctima no está lista para perdonar a nadie. Pero me gusta pensar que al final de la historia casi todos estarán, de algún modo, mejor que al comienzo.
P.: ¿En Perú están mejor, ahora que se sabe más sobre los pormenores de aquella guerra?
S. del S.: Hace 12 años se publicó el informe de la Comisión de la Verdad. Ni una sola persona fue juzgada por ese informe. El mismo dice que el principal causante de la violencia y el dolor fue Sendero Luminoso, y es cierto. Esta película no lo menciona, pero no por ello le resta culpas a Sendero. Si digo B hizo algo malo no estoy diciendo que A no lo hizo. Vivimos todavía un ambiente muy polarizado. Tenemos algo que parece diálogo, pero no lo es. Un sector dice "Basta de perseguir al ejército". El otro, "Debemos saber y condenar al ejército". Son soliloquios de gente que no escucha. Yo estuve preocupado por reflejar la historia de las víctimas. Cómo viven hoy los ex soldados como Magallanes, que tienen un inmenso sentimiento de culpa y no pueden decidir sobre sí mismos. De algún modo el reencuentro de víctimas y victimarios significa el encuentro con el fantasma que acompaña a cada personaje. Nos hace ver la perspectiva de las víctimas, porque Magallanes también es una víctima.
P.: La historia parece universal. Probablemente en Francia y Argentina hayan ocurrido situaciones similares.
S. del S.: Mucha gente me comentó el carácter universal de la historia. Lo humano es universal. Nuestras películas cuentan historias que competen a todo el mundo.
P.: Por eso consiguió la participación de tanta gente diversa.
S. del S.: Fue suerte. Para preparar el guión tuve el apoyo de la Fundación Carolina. Ahí conocí al argentino Andrés Longares, de Cepa Audiovisual. Me dijo "me gusta, pero no puedo producirla toda". Cuando el proyecto ganó el premio del ministerio de Cultura de Perú, Longares y Felicitas Raffo ya pudieron participar. Entonces yo decía "quiero alguien como el mexicano Damián Alcázar para protagonista, y alguien como el colombiano Jairo Camargo para comisario, y alguien como Federico Luppi para el coronel", y ellos me consiguieron a Damián Alcázar, a Luppi, a todos. En la coproducción también entraron España, Colombia, y varios sponsors.
P.: ¿Cómo consiguieron a Federico Luppi para un papel donde apenas habla, y se lo ve tan avejentado?
S. del S.: Era cuestión de tocarle la puerta. Le ofrecíamos un personaje pequeño pero importante, o viceversa. Y lo aceptó. El sigue siendo fachero, sin embargo no tuvo problemas para caracterizarse como un viejo decrépito. Participó muy bien. Trabajar con grandes de verdad te lo hace todo más fácil. También Christian Meier, un galán de telenovelas conocido en toda Latinoamérica, accedió sin problemas a hacer un personaje inhabitual en él.
P.: Impresiona Magaly Solier, cuando suelta su indignación hablando solo en quechua. Gran escena, pero, ¿por qué sin subtítulos?
S. del S.: Lo hicimos a propósito. A veces pensamos que lo importante de una escena son las palabras. Pero hay más que eso. La vibración de las palabras es lo que nos emociona. Y además esa decisión puso en evidencia la enorme distancia que existe entre dos sectores de la sociedad peruana. Porque la mitad de los que fueron a ver la película ignoran el quechua. Nunca se molestaron en conocerlo. Así le dimos al público la sensación de esa distancia. Magaly es nacida en Huanta, región de Ayacucho, donde fue la peor lucha, de modo que esta historia resonaba en ella de manera muy especial. Ella se ha puesto la película con todas estas maromas, y en esa escena está maravillosa. Pero fíjese en algo: su personaje es una pobre mujer, la basurearon toda la vida, pero cuando al fin reclama airadamente, aunque no la entiendan, la tratan de señora. Quizá por primera vez en su vida, le dicen señora.
P.: Usted tiene una larga carrera como actor de teatro, cine y en especial series y telenovelas. Ha dirigido teatro. ¿Por qué se decidió a dirigir cine recién ahora?
S. del S.: Es cierto, hace mucho que soy actor, y llevaba cinco años escribiendo el guión. Un día mi mujer me dijo "¿tú has calculado la edad que vas a tener cuando algún día te decidas a dirigir esta película?" Así que me decidí a dirigir esta película porque mi esposa me regañó. Esa es la respuesta.
Entrevista de Paraná Sendrós


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