17 de febrero 2009 - 00:00

Morissette embelesó al Luna Park con sus penas de amor

En un escenario casi totalmente despojado y acompañada por una banda que la sostiene sin alardes, Alanis Morissette cantó sus desencantos amorosos en un Luna Park repleto de fans encandilados.
En un escenario casi totalmente despojado y acompañada por una banda que la sostiene sin alardes, Alanis Morissette cantó sus desencantos amorosos en un Luna Park repleto de fans encandilados.
Aunque sólo su último disco estuvo inspirado en su ruptura amorosa con el actor Josh Harnett, casi todas las canciones de Alanis Morissette, antiguas o nuevas, giran en torno a desencantos, abandonos, infidelidades y en los coros le canta a la desesperanza, a los ex y a sus amantes, lo que acompaña con movimientos espasmódicos, como buscando desprenderse de esos malos recuerdos.
Con extrema sobriedad en la puesta en escena (tan sólo un bello fondo pintado), Morissette ofrece lo mejor que tiene, su voz, sus interpretaciones de armónica o guitarra, y una banda que la sostiene sin competir con ella. No hay arreglos espectaculares ni en lo musical ni en lo visual (ni siquiera pantallas que reproduzcan lo que ocurre en el escenario), pero su público no parece necesitar más. Los fans deliran durante todo el concierto, gritan en los silencios, como si no los toleraran, y corean todas las canciones.
Abundan las camaritas fotográficas en la platea y en el pullman, repletos, y se multiplican los celulares encendidos, que además de registrar sirven para transmitir en vivo lo que allí ocurre a los amigos. No hay para destacar efectos de luces, ni cambios de vestuario, ya que la cantante todo el tiempo del concierto estuvo con los mismos jeans, botas y remera negra.
Potencia
Abrió con «Uninvited» y «Versions of Violence» y entre lo más destacado pasaron «Head over feet» y «You Oughta Know», entre momentos eléctricos y otros donde, sentada en una banqueta, Morissette propuso un concierto «unplugged». Pero su desenchufe duró poco, pues la furia contenida fue retomada más tarde y la mayor potencia irrumpió durante los bises, con los «hitazos» «Ironic», «You Learn» y «Thank U», para cerrar. Apabullante la interminable secuencia de giros sobre su eje, que podrían entenderse como un intento de desprenderse de la totalidad de sus fantasmas. Pero al final siempre se dejó caer rendida, y volvió a dejarse ver como una criatura frágil y exhausta.
El público joven deliró, pero como es casi de rigor, no les bastó con presenciar el show, sino que grabaron y subieron todo lo que pudieron a sitios como Youtube. Allí se podían encontrar, a poco de terminado el recital, centenares de videos caseros de mala calidad, mediante los que se podía reconstruir el concierto íntegro, como en un collage de pequeños momentos. La manera en que Morissette baila, entre aniñada y tímida, contrasta con sus desplazamientos exagerados. El mismo contrapunto se percibe entre la chica introvertida que fue en sus comienzos y la pieza importante en que se ha convertido Morissette para la escena del rock mundial. Se hizo rica gracias a su primer disco «Jagged little pill», con el que a los 22 años logró vender 30 millones de copias, un hito que nunca volvió a repetir. Es cierto que en esta tercera visita a la Argentina, llenó el Luna Park, pero hace diez años lo llenó dos veces.
C.L.

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