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Patricia Vlieg: “La ceguera es un país”
Patricia Elena Vlieg: «Yo escribo y compongo, pero a veces siento que no soy capaz de decir las cosas como las dicen los grandes autores. Mercedes Sosa me entregó esas palabras».
Ciega de nacimiento, compartió escenarios con músicos tan variados como Mijares, Manuel Miranda, Oscar Stagnaro, Mark Salker, Alex Brown y Lito Vitale. Entre sus últimos trabajos está un disco que grabó, en homenaje a Mercedes Sosa y su repertorio, con músicos argentinos y dirección de la pianista Lilian Saba. Ahora está en Buenos Aires, donde llegó para presentarlo el próximo viernes en el Café Vinilo. Dialogamos con ella.
Periodista: El Berklee College es una escuela de jazz. ¿Cómo fue entonces su paso a la canción latinoamericana?
Patricia Vlieg: El jazz ha sido como un paso intermedio en mi vida. En verdad, yo me crié escuchando todas las voces de Latinoamérica y esa es la música que está más cerca de mi corazón. Por cierto, por cuestiones históricas y culturales, la música de los Estados Unidos está muy cerca de Panamá y también tuve desde siempre mucha familiaridad con la canción en inglés, pero mi lengua es el español. Me sentí muy atraída por distintas cosas, inclusive por la bossa nova y la música brasileña. Y aunque parezca curioso, muchas cosas de América Latina las conocí en Boston. Por un lado, estuvo la formación de la escuela: improvisación, distintos géneros, jazz de todo tipo. Pero ese lugar me permitió además relacionarme con gente de todas partes. Ahí conocí por ejemplo a Raúl Carnota, que fue a dar un seminario de música folklórica argentina. O al Dúo Salteño y las canciones del Cuchi Leguizamón por alguien que me los hizo escuchar.
P.: Este nuevo disco suyo está íntegramente dedicado al repertorio argentino. ¿Es normal que se escuchen esas canciones en su país?
P.V.: A lo mejor influyó el haber crecido en una familia con inquietudes musicales y culturales muy variadas. Papá escuchaba mucha música de Perú, pero también las canciones de Alberto Cortez. Mamá estudió en Chile. Mi abuela materna es mexicana y tengo en mi memoria canciones infantiles de ese país. No es habitual que se escuche este tipo de música argentina. En todo caso, las referencias son el tango para los mayores y el rock y el pop -Soda Stereo, Los enanitos verdes, etc.- para los más jóvenes. Pese a la multiculturalidad de mi país, nosotros tenemos muchas afinidades musicales con la cultura costeña de Colombia, donde se potencia más el movimiento del cuerpo que la palabra, a diferencia de lo que sucede aquí en el sur. Y como a mí me interesa la canción en todas sus formas, en el repertorio argentino, por ejemplo, encuentro mucho de lo que estaba buscando. Finalmente, debo decir que tengo algo de familia en la provincia del Chaco, pero me parece que eso fue secundario.
P.: ¿Por qué eligió lo que cantaba Mercedes Sosa?
P.V.: Fue una cantora maravillosa y fue la voz de una cantidad de poetas y músicos también excelentes. Yo escribo y compongo, pero muchas veces siento que no soy capaz de decir las cosas como las dicen esos grandes autores. Mercedes me entrega esas palabras que me sirven para decir lo que quiero. En principio iba a ser simplemente un concierto. Investigando en la música argentina, conocí a Lilian Saba. Escuché en Internet su «Malambo libre» y supe que era la persona, porque reúne conocimiento profundo de la música argentina y modernidad, sensibilidad combinada con un tratamiento diferente de la armonía. Así que la contacté, le propuse trabajar para ese concierto que se hizo en octubre del año pasado en el Teatro Nacional de Panamá. Como nos gustó lo que salió, lo grabamos en Buenos Aires en marzo, con un quinteto de argentinos: Quique Condomí, Juancho Perone, Ricardo Cánepa y Marcelo Chiodi, además de Lilian y algunos invitados. Y ahora lo presentaremos.
P.: ¿Qué ocurrirá luego?
P.V.; Seguir con Lilian haciendo este disco en diferentes lugares. Tengo además un proyecto, que por ahora se llama «El Panamá que sueño», de grabar música de mi país, pero no la que más se escucha y que muchos pañameños ni siquiera conocen.
P.: ¿En qué medida la ceguera fue una dificultad para su carrera?
P.V.; Para mí es algo tan normal que no lo pensé jamás como una dificultad. Yo aprendí Braille como otro chico aprende a escribir y a leer en la escuela. Yo describiría la ceguera como un país. Si uno va a un lugar desconocido, donde no habla el idioma ni está familiarizado con las costumbres, se siente perdido, angustiado, desubicado. A veces tengo la sensación de que así nos imaginan a los ciegos quienes sí ven. Eso es: diferente, pero no peor. Y en mi caso, no ha sido obstáculo para aprender idiomas, relacionarme con gente de todo tipo, estudiar música -muchos de mis maestros han sido videntes, por supuesto- y cantar, que es lo que más me gusta hacer.
Entrevista de Ricardo Salton


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