15 de noviembre 2011 - 00:00

Piñera genera una ola de votantes arrepentidos

Sebastián Piñera
Sebastián Piñera
En medio del tembladeral actual de la política chilena, en el que no salen bien parados ni el Gobierno ni la oposición, los sondeos más recientes demuestran que cuando aún no transcurrieron dos años del mandato de Sebastián Piñera, el voto «arrepentido» se incrementa.

En ese escenario, su antecesora, Michelle Bachelet, es la preferida de la mayoría de

la población
para las elecciones de 2014. Más contundente aún, surge como la única figura local presidenciable, no sólo por el alto nivel de respaldo que obtiene sino también por la ventaja que le saca a sus eventuales rivales.

De acuerdo con la última encuesta de la Universidad Diego Portales (UDP), quienes se lamentan de haberse decantado en los últimos comicios por la Coalición por el Cambio (integrada por la Renovación Nacional y la Unión Democrática Independiente, entre otras agrupaciones) se cuadriplicaron en un año, ya que en 2010 esa cifra llegaba al 7% y hoy alcanza un impactante 29,9% de todos los que optaron en su momento por él, casi uno de cada tres. El mandatario cosecha hoy un nivel de aprobación inferior al 30%.

Según se indica en el mismo estudio, Bachelet obtiene el respaldo del 43% de los consultados para volver al poder, mientras que cualquiera de sus posibles contrincantes oficialistas se ubica a más de 40 puntos porcentuales de distancia.

Personalización

«Estamos viendo que la cifra se cuadruplica y esa tasa de arrepentimiento es mucho más fuerte en los segmentos pobres. De todos los arrepentidos de haber votado por Piñera, el 60% se concentra en los estratos más bajos», afirmó Mauricio Morales, director del Observatorio Político de la UDP. «Tenemos una clara personalización en la figura de Michelle Bachelet como la rescatadora de una situación en donde hay una crítica muy fuerte al actual Gobierno», agregó.

El caso es que aunque la exmandataria socialista es revalorizada, no sucede lo mismo con la Concertación, a la que representaría. Esa coalición transita dificultades organizativas y de liderazgo tras la dura derrota electoral que terminó con veinte años de hegemonía política.

«La popularidad recae sobre ella, no sobre los miembros de su partido, precisamente porque no participa activamente dentro de la actualidad política chilena. En este contexto de tensión, sus declaraciones han sido ínfimas, una actitud diferente a la que tomó su antecesor Ricardo Lagos» (2000-2006), explicó Juan Carlos Guzmán, politólogo de la Universidad de Chile, a Ámbito Financiero. «La Concertación tiene que ser inteligente y aprovechar las circunstancias a su favor», agregó.

No obstante, la variopinta alianza no logra levantar cabeza, y las banderas que enarbola desde la oposición no «resisten el archivo». Las marchas universitarias cobraron fuerza recién este año, pero su reclamo por una educación gratuita y de calidad no es nuevo: la discusión siempre fue un tema latente y engorroso para los sucesivos gobiernos de centroizquierda que rigieron desde 1990 hasta 2010, incluido el de Bachelet. Curiosamente, la Concertación hoy se para en la vereda del alumnado.

«En este panorama, pareciera que el sentimiento popular es la nostalgia por una administración más humana y carismática, el punto es cómo la percepción de Bachelet puede derramarse hacia el resto de sus compañeros», indicó Guzmán.

«Caza de brujas»

Al igual que la desorientada Concertación, la Coalición por el Cambio (ex Alianza por Chile) también atraviesa complicados procesos internos, empujados por la baja aprobación del Gobierno. RN y la UDI llevan a cabo hoy una suerte de «caza de brujas» en búsqueda de los responsables de los malos resultados, un factor que contribuye a que el electorado le continúe restando confianza.

En ese sentido, el diputa-do Iván Moreira, de la Unión Demócrata Independiente (UDI), rechazó la actitud crítica de los partidos oficialistas hacia la gestión Piñera. «Si no hay unidad en la Alianza, vamos a ser nosotros mismos los responsables de que pueda llegar a ganar una elección presidencial la expresidenta, detrás de un escritorio de Nueva York», donde dirige ONU Mujer, dijo el parlamentario.

«La decisión sobre temas que no están en el programa de Gobierno la tiene el presidente de la República. Sin unidad, aunque cumplamos el programa, no vamos a ser capaces de proyectar un futuro Gobierno de centroderecha, y eso sería la frustración más grande para aquellos que durante veinte años luchamos contra la Concertación», agregó.

Mientras Bachelet sigue cosechando votos virtuales sin hacer campaña y sin siquiera haber deslizado la posibilidad de presentarse como candidata, el Gobierno cierra un año cargado de reclamos y manifestaciones históricas. «La primera prueba serán las elecciones municipales del año que viene, cuando se elegirán a 346 alcaldes. Será un buen termómetro para palpar lo que podría ocurrir en las especuladas elecciones presidenciales», afirmó Guzmán.

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