¿Por qué Alemania le tiene tanto temor a la inflación?

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 Berlín - Cualquiera con edad suficiente para recordar la República de Weimar habría sido apenas un niño cuando la hiperinflación hizo desaparecer los ahorros entre 1921 y 1924, pero esa calamidad quedó tan grabada en la memoria colectiva de Alemania que aún moldea su mentalidad sobre el euro.

Líderes extranjeros instan a Alemania a que relaje su resistencia a que el Banco Central Europeo se convierta en «prestamista de último recurso» e imprima dinero para resolver la crisis de deuda soberana que puede salvarlos a todos: Alemania no se inmuta.

La canciller Angela Merkel puede haber cedido en posiciones no negociables en el pasado en muchos aspectos relacionados con la crisis de deuda, pero a menos que sea una suicida política, hay una línea que no cruzará: en el carácter independiente del Banco Central.

«No debemos olvidar que el Gobierno alemán tiene elecciones en 2013 y que la señora Merkel tiene que considerarlas», dijo el economista Manfred Neumann. «Ella no puede ganar si se la ve muy débil en el contexto del euro, y ya ha hecho un montón de concesiones», acotó.

Billetes antiguos

Para entender por qué sería una concesión que iría demasiado lejos, uno puede indagar entre los puestos de numismática en los mercados de las pulgas y las tiendas turísticas de Berlín, donde se consiguen curiosos billetes de banco de los años 20 con denominaciones de cientos de miles de millones e incluso billones de marcos por unos pocos euros.

Esa inflación tan galopante, con precios que se duplicaban cada día, se debió a los esfuerzos del Reichsbank, el banco central alemán hasta 1945, por «monetizar» la enorme deuda del Gobierno, inflamada por las reparaciones de la Primera Guerra Mundial mediante la creación de dinero para comprar.

A finales de 1923, un litro de leche costaba unos 26.000 marcos y una flauta de pan, 105.000 marcos. Comprar suponía llevar encima tales cantidades de dinero en efectivo en carretillas o canastas que los comerciantes, más que contar el dinero, lo pesaban.

Fotos de la época muestran gente empapelando sus paredes con los billetes y a los niños utilizando los montones de dinero como bloques de construcciones. El caos contribuyó al advenimiento de Adolf Hitler, que intentó tomar el poder por primera vez en Múnich en 1923, cuando la hiperinflación estaba en su apogeo.

«Está profundamente grabado en la psique alemana», dijo Neumann, profesor emérito de Economía en la Universidad de Bonn.

Neumann ve paralelismos entre la determinación del Reichsbank para salvar a Alemania de su deuda de guerra y la del BCE de abordar la crisis del euro a través de la muy criticada compra de deuda de Grecia e Italia.

El actual sucesor del Reichsbank, el Bundesbank, apodado «Buba», se creó en Fráncfort en 1957 como un banco central encarnizadamente independiente cuya principal tarea es estar en guardia contra la inflación. Este papel lo ha desempeñado con gran éxito, convirtiendo el marco alemán en una de las monedas más estables del mundo, hasta que el BCE asumió ese papel hace algo más de una década con la llegada del euro.

Desafío

Uno de los desafíos a su autoridad llegó con la reunificación del este y el oeste de Alemania en 1990, cuando el canciller Helmut Kohl ignoró las advertencias del Bundesbank sobre los riesgos inflacionarios de intercambiar salarios y ahorros entre la moneda comunista y el marco alemán a un tipo de cambio de 1 a 1.

Esto obligó a subir los salarios en el este, causando despidos y promoviendo una emigración al oeste. Algunos economistas dicen que la reputación del banco central se vio empañada por Kohl, al dar prioridad política a la unión de las monedas por encima de los temores de inflación.

En aquel entonces se vio como una advertencia de que la inminente Unión Monetaria Europea -precursora del euro- tenía que garantizar la independencia de un futuro banco central común y su tarea exclusiva de salvaguardar la estabilidad de precios.

Ahora el Gobierno alemán y el Bundesbank, que tiene un voto en el consejo de dirección del BCE, como los otros 16 Estados miembros -incluidas las problemáticas Grecia e Italia y la pequeña Malta-, están advirtiendo de que el Banco Central Europeo se está desviando de su principal cometido.

Dos miembros alemanes del consejo del BCE han renunciado este año en desacuerdo con la estrategia de compra de bonos de la entidad. El jefe del Bundesbank, Jens Weidmann, bloqueó los intentos de la cumbre del G-20 de atacar más aún la independencia del BCE mediante la apropiación de las reservas de oro y moneda del Bundesbank, con el objetivo de apuntalar los fondos de rescate de la eurozona.

«El Bundesbank sortea las artimañas de los socios del euro», fue el titular de la revista de mayor venta, Der Spiegel, elogiando la posición de Weidmann.

El ministro de Economía, Philipp Roesler -jefe del partido aliado de Merkel, el liberal o FDP-, luchando contra un motín de los escépticos contra el euro, prometió solemnemente que el oro de Alemania «no se tocará».

Neumann, que supervisó la tesis doctoral de Weidmann, no ve posibilidades de que el Bundesbank o Berlín permitan que el oro, la moneda o los Derechos Especiales de Giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional, que también mantiene como reservas, se conviertan en garantías para impulsar los 440.000 millones de euros del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).

«Oro o Derechos Especiales de Giro, no hay diferencia. Si aceptás los DEG, entonces un mes después van a venir y decir ¿y las reservas de dinero?», dijo.

Neumann dijo que la última vez que un ministro de Economía alemán quiso vender oro para tapar un déficit presupuestario en 1997, «economistas alemanes protestaron y el Buba dijo no y se acabó».

En lugar de ceder terreno en el actual debate sobre el banco central, los dirigentes conservadores de Merkel están a la ofensiva, amenazando con buscar más influencia alemana en el BCE.

Con Merkel finalmente logrando aplausos en la crisis de la zona euro por mostrarse dura con Grecia e Italia, es poco probable que Berlín se comprometa con un tema como la autonomía del banco central, que se inculca a los estudiantes alemanes junto con los riesgos de la hiperinflación y del nazismo.

«En principio, por supuesto que podés decir que el gasto público se puede financiar a través de impuestos y de la monetización de la deuda, no pasa nada», dijo Neumann. «Pero desde el punto de vista histórico alemán, sí pasa», agregó.

Agencia Reuters

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