“Recuperar el lugar que la danza tuvo en la cultura”

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Entre el 23 y el 25 de agosto se realizará en el Teatro Coliseo la Segunda Gala de Ballet de Buenos Aires, que reunirá a algunas de las estrellas máximas de la danza clásica actual en la misma noche: Ángel y Carmen Corella (Barcelona Ballet), Marianela Núñez y Thiago Soares (Royal Opera House de Londres), Polina Semionova, Dimitri Semionov y Iana Salenko (Staatsballet Berlin), Daniil Simkin (ABT), y representado a nuestras compañías oficiales, Silvia Perillo y Edgardo Trabalón (Teatro Colón) y Julieta Paul y Bautista Parada (Teatro Argentino de La Plata), en coreografías de Kenneth MacMillan, Marcia Haydée, Victor GsovsMarius Petipa y Gustavo Mollajoli, entre otros. Dialogamos con los hermanos Corella, que por primera vez aquí se presentarán juntos:

Periodista: Ángel, hace poco se despidió del American Ballet Theatre, ¿Cómo lo vivió?

Ángel Corella: Fue una noche que nunca olvidaré, al igual que la primera, hace diecisiete años. Ver el Met con las 4.000 localidades de pie y aplaudiendo durante media hora y ser abrazado por mis compañeros, especialmente bailarines como Paloma Herrera, Herman Cornejo, Julie Kent o Gillian Murphy, con los que compartí mi carrera, fue algo que me llenó de orgullo y de satisfacción. También estaba Carmen, que pudo venir. Ella fue un apoyo grandísimo en lo artístico y lo personal a lo largo de mi carrera.

P.: ¿Cuál es el presente de la compañía que fundó, el Barcelona Ballet?

A. C.: Presente, pasado y futuro están un poco en el aire, como toda la danza en España, por la crisis y porque no hubo una tradición muy afincada de danza clásica. Ahora se nota todavía más, pese a que en poco tiempo la compañía se ha constituido en un referente cultural en España y en parte del mundo. Este año nos hemos mudado de Castilla-León a Barcelona, y pasamos de llamarnos Corella Ballet a Barcelona Ballet, que era lo que siempre quise porque pienso que es una compañía internacional, entonces el que esté unida a mi nombre abre muchas puertas pero al mismo tiempo no quiero que la gente piense que es una compañía que me pertenece a mí: pertenece a los bailarines y al repertorio. Las subvenciones que nos habían prometido se han quedado en menos de la mitad, así que tenemos que ser un poco más creativos.

P.: ¿Cuáles son las claves de una buena compañía de danza clásica?

A.C.: Los bailarines y un buen repertorio, y luego todo el resto: repetidores, un buen administrador, proyección internacional, pero sobre todo las primeras dos, porque cuando el público viene a ver un espectáculo de danza, sobre todo hoy, con todo lo que hay de música, cine, arte audiovisual, uno tiene que estar muy al día porque hay que lograr que la persona se vaya como con una flecha clavada en el corazón y que no va a poder sacársela.

P.: ¿A qué atribuyen que la danza clásica no haya tenido tanto arraigo o expansión en España como en la Argentina o en otros países?

Carmen Corella: El hecho de que haya un teatro base como punto de referencia es trascendente: uno va a Milán o París sabe que en el teatro de ópera va a encontrar una temporada de ballet, y eso hace que todo sea mucho más fácil, y que aunque haya un cambio de gobierno, se entienda que eso tiene una base, y no porque al partido político de turno le interese más el cine o el fútbol de pronto todo se levante. Eso es lo que ha pasado en España: de pronto había apoyos muy fuertes para algunas cosas y ninguno para otras. Yo sé que las cosas en el Colón no funcionan siempre a la perfección, pero al menos hay un teatro con su compañía clásica, una base de donde partir, cosa que en España no sucede. Es el interés que el Estado quiera poner por la cultura, y a veces cuesta hacerles entender.

A.C.: Ha habido muchos bailarines buenos en la Argentina que ayudaron a que la danza llegara a todos los públicos: Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Eleonora Cassano, Paloma Herrera, Iñaki Urlezaga, hicieron que incluso a un taxista uno le pregunte quién es Julio Bocca y sepa responder, pero en España es prácticamente imposible que conozcan a otros bailarines además de Ángel Corella o Tamara Rojo. Lo que estamos intentando, y casi consiguiendo de a poco, es que la danza clásica esté volviendo a su lugar y la gente la respete y la quiera ver.

P.: ¿Y a nivel de pedagogía?

C.C.: En España siempre hubo muy buenas escuelas; no hay una escuela que determine un estilo, pero es una suma de todas, hay un talento natural y a partir de eso se intenta esculpirlo lo máximo posible. El bailarín en España se tiene que formar muy rápido, pero es la única forma de sobrevivir: es una profesión cara y hay que encontrar la forma de llegar al escenario para que sea tu forma de vida. Uno de los objetivos del Barcelona Ballet es ser una opción: que el que quiera se pueda quedar a trabajar aquí y el que quiera pueda venir a vernos. Ángel por ejemplo hizo toda su carrera en el extranjero y el público español que lo vio bailar fue en teatros de afuera.

P.: ¿Hay un público específico de ballet en España?

C.C.: Hay un público entendido: generaciones de bailarines, de maestros, y después un público relacionado con esta esencia de la que hablaba. El flamenco nace en la calle, y eso está en la esencia del español, de su cultura, más allá del género al que uno se dedique, y el público español lo aprecia.

P.: ¿Qué van a bailar aquí?

A.C.: Haremos un dúo, «Soleá», creado para nosotros. Nunca hemos bailado juntos salvo esto, porque Carmen es muy alta y más con las zapatillas de punta. En Estados Unidos nos pidieron una pieza de aire español, con un poco de flamenco. María Pagés, una de las coreógrafas de flamenco más famosas de España, conocía nuestra experiencia a lo largo de nuestras carreras, cómo habíamos luchado por salir adelante, y quiso reflejar ese apoyo mutuo. La segunda parte es un ballet llamado «Suspended in time», y fue creado para nuestra compañía por 3 coreógrafos. Queríamos una pieza alegre y para todos los públicos, se nos ocurrió hacer un ballet con música más actual. Yo siempre fui fan de Electric Light Orchestra, hicimos varias piezas entre un ruso, un inglés y yo hicimos varias piezas. A la gente le va a gustar verme bailar este solo en una forma bastante inusual.

P.: ¿Qué recuerdos hay de esa infancia compartiendo el ballet?

C.C.: Somos cuatro hermanos pero Ángel y yo nos llevamos pocos meses, siempre fuimos los más unidos, y la profesión nos unió más todavía. Yo fui para él lo que él fue para mí: tenemos personalidades bastante contrastadas, él es muy vivaz, alegre y emocional, yo soy más serena y realista. Y siempre compensamos mutuamente los lados que tiene la vida. Él nació con el talento natural, siempre fue el aquel para quien bailar era lo más fácil del mundo, y yo tenía ese otro lado que también tiene el bailarín, de que el cuerpo un día le responde y al día siguiente se olvida de todo lo hecho.

P.: ¿Cómo se definirían mutuamente como bailarines y como personas?

A.C.: Como bailarina Carmen es muy elegante, con una capacidad de desplegar la belleza de la mujer en el escenario. Hay otras que pueden hacer muchos giros y muchos saltos, que impactan con eso; ella impacta con su estilismo y su forma de presentarse en el escenario, y es consciente de que exporta esa belleza, esa parte más etérea, casi de cristal. Como persona es muy luchadora, lo ha pasado bastante mal porque no siempre es fácil ser «la hermana de», el estar a la sombra resulta complicado, pero siempre lo ha sabido llevar con mucho cariño.

C.C.: Ángel es la esencia de lo que todo bailarín tiene que tener. No creo que mi carrera se hubiera podido cumplir si no hubiera estado tan cerca de ese espíritu que te hace recordar por qué estás en esto, es una profesión muy frustrante. Como persona, bueno, somos hermanos, y si un día nos encuentras torcidos nos estamos tirando de los pelos, pero tenemos un entendimiento que a veces va más allá de las palabras.

Entrevista de Margarita Pollini

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