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Sarmiento retratado con modestia e ingenio
De notable parecido con el personaje, Boy Segovia interpreta a un Sarmiento afable y hasta humorista en una película enteramente sanjuanina, que aún con sus limitaciones, alcanza la emoción de su público.
«Las cosas hay que hacerlas. Aunque sea mal, pero hacerlas», dijo el propio Domingo Faustino Sarmiento cuando se le criticó algún proyecto hasta entonces nunca abordado en el país. Y bien puede enarbolarse la misma frase ante este otro proyecto, llevado a cabo contra viento y marea: una película enteramente sanjuanina sobre El Gran Sanjuanino, como le llaman orgullosamente sus paisanos. No se hacía un largo sanjuanino desde los años 70. Y no aparecía Sarmiento en el cine desde hace 60 años, cuando Enrique Muiño repitió, para una escena de «Escuela de campeones», la caracterización que había hecho en 1944 para «Su mejor alumno». «¡Es igual al abuelo!», confirmaron entonces las nietas del prócer. Menos conocido, Juan Bono también hizo muy bien de Sarmiento en una deliciosa escena de «Almafuerte».
Después el culto a los héroes cayó en desgracia. Pero ahora reaparece, a contramano de las comodidades, encarnado en un actor cuyano, Boy Segovia, realmente igualito. Pero no igual a ese presidente crispado de la iconografía habitual, sino al maestro afable, humorista incluso, y bien preciso en las admoniciones, según lo recordaron en sus memorias varios que fueron sus alumnos o asistentes.
La trama de «... un acto inolvidable» tiene lo suyo. Una directora ultrasarmientina delega en la nueva maestra la organización del debido acto, sumergiéndola en libros de donde surge, por ejemplo, el niñito estratega de peleas infantiles de barrio contra barrio, el gobernador matero enfrentado a las mezquindades de la política, en fin, las varias estampas de su vida. Al mismo tiempo, un profesor antisarmientino desarrolla en la secundaria unos cuantos argumentos en su contra. Hasta que de pronto surge lo inesperado, entramos graciosamente en lo fantástico, y el propio Sarmiento viene a decir lo suyo. Y a sermonear maravillosamente a niños, padres, maestras y profesor, diciendo justo lo que muchos espectadores quisieran oír de sus mandantes.
Inesperada, ingeniosa, y con ese actor bien carismático que es Segovia, la película alcanza entonces la afectuosa emoción de su público. Que le perdona, bueno, algunas limitaciones del resto del elenco, y de la propia puesta en escena, entre otras cositas lógicamente comprensibles. La emoción, o el viejo cariño, volverá para los créditos finales, cuando se escuche el Himno Provincial a Sarmiento, no el que todos sabemos, de Leopoldo Corretjer, sino el Provincial, de Segundino Navarro con música de Francisco Colecchia, toda una novedad para nuestros oídos, pero que los cuyanos usan hasta en los ringtones.
Rodaje, en la Escuela Normal Sarmiento (monumento nacional), la Casa de Sarmiento, Los Berros, Médano de Oro, Las Tapias y Las Lomitas, entre otros lugares de San Juan y San Luis. Copia en blu-ray, lo que evidencia la entusiasta dedicación que la gente puso en el proyecto y que bien podrían imitar otras productoras que cuentan con mayor experiencia y presupuesto Autor, Pepe de la Colina, conocido luchador del audiovisual en su provincia, de quien vale además anotar un cortometraje muy sentido, «El ferrocarril de mi papá».
P.S.


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