- ámbito
- Edición Impresa
Súper titanes en el ring
Arriba una imagen de la “batalla de la Bombonera”, con jugadores caídos y otros manoseándose ante la pasividad de Silvio Trucco. Abajo: Fernando Gago, el único que intentó poner claridad ante tanta obscuridad.
Boca y River pelearon cada pelota como si fuera la última, pero ninguno de los dos tuvo imaginación para crear situaciones de gol. Se pueden contar solo dos en 90 minutos, una de cada lado: Un tacazo de Teo Gutiérrez que pasó rosando un poste a los 11 minutos del segundo tiempo, tras centro desde la derecha de Ariel Rojas y un cabezazo de Fernando Gago, que detuvo Barovero con esfuerzo al minuto de tiempo adicional.
Eso si, se pueden contar una cantidad enormes de faltas y mala intención, ante un arbitraje que intentó y logró terminar con los 22 en la cancha, a base de "muñequear" los fallos y administrar las tarjetas amarillas (terminó sacando nueve, siete para River y dos para Boca, pero nunca se equivocó en sacarle a uno que tuviera otra para tener que echarlo). En ese sentido el Superclásico a Silvio Trucco le quedó muy grande, porque a la hora de las decisiones importantes hizo la de "Poncio Pilatos" y por eso cobró siempre faltas en ataque en los agarrones mutuos en el área y dejó que los jugadores se manosearan delante de sus narices.
Volviendo al partido. River intentó trabarlo en el medio, para no tener que sufrirlo en su área y por eso cortó mucho el juego en esa zona, con Leonardo Ponzio como símbolo. El volante de River pegó tres patadas en el primer tiempo dignas de tarjeta roja, pero recién a la tercera le mostraron la amarilla.
Boca intentó jugar más, pero lo consiguió en cuentagotas cuando Fernando Gago podía pensar y cuando Cristian Chávez se llevaba por delante a la defensa rival. Igual, fueron solo buenas intenciones porque ni Barovero, ni Orion tuvieron trabajo, más que separar a sus compañeros de los rivales que se empujaban entre ellos.
En River se nota mucho el bajón futbolístico de Leonardo Pisculichi, porque falta creación y aunque Carlos Sánchez y Ariel Rojas fueron por sus carriles al ataque, nunca recibieron la pelota redonda. Por otro lado, sin Rodrigo Mora River perdió mucho en ataque, porque Giovanni Simeone pasó inadvertido y su reemplazante Lucas Boyé, estuvo más activo, pero sin claridad.
Fue un partido trabado, más cercano a la lucha libre que al fútbol. La pelota pareció una excusa para que los jugadores se chocaran, se manosearan y se golpearan arteramente. Fueron 22 titanes, pero titanes en el ring y no en el campo de juego. Ojalá la revancha sea mucho mejor.


Dejá tu comentario