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Viaje a la entraña de la mafia nómade colombiana
Gallotta: “En Buenos Aires, a estos delincuentes les sorprendió la cantidad de ahorros en efectivo en domicilios, en general no declarados”.
Periodista: ¿Qué lo llevó a la red mundial de ladrones colombianos que se instaló en la Argentina?
Nahuel Gallotta: Comencé por curiosidad, por instinto periodístico. Noté que de un día para otro comenzaron a crecer las noticias de robos perpetrados por colombianos que saqueaban departamentos cuando sus habitantes no estaban. Esos hechos se daban fundamentalmente en las zonas de Caballito, de Palermo y de Recoleta. Si me empezó a llamar poderosamente la atención fue porque hasta ese momento sólo se había sabido de sicarios y narcotraficantes colombianos. Una noche me llama de la cárcel alguien que había conocido por mi labor periodística, y uso esa charla para preguntarle si sabía algo de los robos de departamentos, y entonces me pasa con un colombiano que estaba ahí detenido. Me cuenta que estos ladrones compatriotas suyos que estaban en la Argentina actuaban en distintos países del mundo, que llevaban décadas haciéndolo y que provenían mayoritariamente de tres barrios del centro de Bogotá. Fue mi primer acercamiento al tema. Luego comencé a viajar a Bogotá, y di con un rapero que me contactó con esos ladrones internacionales, que me ayudaron a conocer a otros. Así fui estableciendo relaciones, encuentros, entrevistas, en una investigación que me llevó cuatro años. Así conocí a "los internacionales", los ladrones colombianos que se mueven por el mundo. Y supe que para ellos el verdadero "internacional" es el que roba en un país donde no se habla en español.
P.: ¿Para costear esa investigación hubo una editorial interesada en su libro?
N.G.: No, yo no tenía planeado el libro. El libro surgió a medida que iba conociendo a ladrones colombianos que accedían a hablar conmigo. En un momento me di cuenta de que el asunto daba para un libro. Comencé a buscar lo que consideré que me faltaba. Ladrones que habían estado en Asia. Ladronas, pero a llas no las pude conseguir.
P.: ¿Qué fue lo primero que le intrigó?
N.G.: Cuando se habla de delincuentes colombianos, la referencia es a sicarios y narcotraficantes. Sobre ellos hay ensayos, novelas, películas, series. De los ladrones colombianos que andan viajando no se había dicho una palabra, solo algún dato en las noticias policiales. Descubrí que había un mundo detrás de ellos, una cultura delincuencial que es propia de los barrios populares de Bogotá, que ya lleva 60 años. A fines de la década del '50 los ladrones de los barrios Las Grullas, Las Cruces y El Gilardon se juntaban a jugar al fútbol los domingos. Antes y después del partido charlaban y se pasaban informaciones. Un domingo cae un ladrón vestido para jugar a la pelota, y le dicen que tiene que irse porque la policía lo buscaba por el crimen que había cometido. Escapa a Nueva York para esconderse, no para robar. Pero un día se tienta con el maletín que le ve a un tipo, está lindo, le gustaría llevárselo para Bogotá. Lo roba, y su sorpresa es que cuando lo abre está repleto de dinero. A partir de ahí se dedica a invitar a sus socios porque acá hay plata grande. Así comienza la cadena de ladrones viajeros, "los internacionales", que sigue hasta el día de hoy.
P.: ¿Cuáles son las características principales de esos ladrones?
N.G.: La primera: no delinquir en Colombia. Otra, no robar con armas. Y la consigna es: cuánto más lejos y más caliente el destino, mejor. Dicen: si se quiere plata, hay que ir adonde está la plata. Por eso viajan por el mundo. Consideran que es más redituable robar en Malasia que en Bogotá. Los "destinos calientes" son los peligrosos, por caso los de Asia porque estar detenido allí es un horror; México, porque en las cárceles las cosas son muy complicadas, y las ciudades donde las penas por robo son muy altas. Hay lugares atractivos por el dinero pero calientes por la pena. Robar en Malasia puede significar mucho dinero de golpe, pero las consecuencias pueden ser terribles, es estar en una prisión donde no se puede hablar con nadie. Yo cuento de colombianos presos en China que apenas pueden hablar con su familia tres minutos cada tres meses, les permiten ducharse una vez por semana, y se lavan los dientes con un cepillo para lavar la ropa.
P.: ¿Cómo clasificaría a los ladrones colombianos?
N.G.: Están los "apartamenteros" que se dedican a abrir departamentos. Los "escapistas" que roban de descuido. Los "lanza" que birlan billeteras y celulares en subtes y colectivos. Los que se dedican a turistas. Los especialistas que roban exclusivamente en convenciones de joyeros. Saben cuándo va a haber una, por ejemplo, en Suiza y se trasladan allá. Muchos estudian joyería para saber qué robar, para poder entablar relación con el joyero que van a asaltar. Hay casos en que terminan teniendo su propia joyería, además de ladrones son comerciantes.
P.: El intento de robar la facturación de los Rolling Stones y vaciar departamentos de varios pisos de una torre de Recoleta fueron recientemente lo más resonante de los ladrones colombianos.
N.G.: Lo que están haciendo mucho es la especialidad de "el bujiazo", que es seguir a una persona que sale de un banco o una financiera, dejar que se suba a un auto, y luego romperle el vidrio y arrancarle el maletín o la cartera. Se llama "bujiazo" porque rompen el vidrio con bujías.
P.: ¿Por qué eligieron Buenos Aires como destino?
N.G.: Llegaron con el fin de hacer una escala, para partir de aquí a delinquir en Asia. En los tres o cuatro días que se quedaban en Buenos Aires, comenzaron a robar. Les sorprendió el poder económico de los argentinos, la costumbre de guardar los ahorros en casa, que manejaran mucho dinero en negro que lleva a no denunciar el robo, que encontraban reducidores por todas partes, y que al no portar armas se salía rápidamente de la comisaria. Buenos Aires se volvió interesante hasta 2013. Después empezaron a llegar tantos que la policía ya estaba muy precavida. Ahí algunos consideraron que era el momento de elegir otro destino. Hoy parece que están yendo a Londres, Bruselas, y ciudades de Asia. Me sorprendió la iniciativa aventurera que tienen, el ir a lugares de los que tienen poca referencia, sin importarle el destino sino lo que pueden conseguir.
P.: ¿Es cierto que tienen un nivel, un estilo, una forma educada de hablar?
N.G.: Hay de todo. Los que yo me encontré fueron tipos muy bien hablados, que manejan diversos idiomas y visten muy bien. No les interesa poner en evidencia a qué se dedican. Además, son comerciantes, compran casas, flotas de colectivos en Bogotá, porque todo lo que se roba en el exterior se gasta en Colombia. Por eso en los llaman "señores ladrones", profesionales del delito. El dinero que consiguen les sirve para cambiar de vida. Fueron muy pobres de pibes y lo primero que buscan es comprarle una casa a la madre, y que deje de trabajar mucho para ganar poco. Después comienzan a comprar propiedades, a poner negocios que le permitan e dejar de robar. La mayoría no quieren que sus hijos sean delincuentes, y para esos los ponen en colegios privados, les pagan carreras universitarias. Lo típico es pensar que el ladrón roba para gastar lo robado en droga, alcohol y prostitutas, y no es tan así.
P.: Después de esta investigación, ¿tiene pensado emprender otra?
N.G.: Estoy trabajando un libro sobre ladrones de barrios del sur de Santiago de Chile. Ya hice algunos viajes. Me voy haciendo conocido en el barrio, y hay quienes aceptan hablar conmigo y contarme sus historias. Este es otro caso que partir de la curiosidad como en el caso de los colombianos, leyendo, escuchado noticias del tipo: detuvieron a cuatro chilenos en el subte de Buenos Aires, detuvieron a cinco chilenos robando un banco en Italia. Quería saber quiénes eran y entender qué los había llevado a eso, y cuáles eran sus sueños. Para saber eso en profundidad uso las entrevistas, no la lectura de expedientes, y para eso tengo que convivir con ellos, comer donde ellos comen, escuchar la música que ellos escuchan, ir a bailar donde ellos van a bailar.
Entrevista de Máximo Soto


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