Uno de los artistas de barrios carenciados de los que se
ocupa el nada amarillo documental de Pablo Reyero, «Angeles
caídos».
«Angeles caídos» (Argentina, 2008, habl. en español). Guión y Dir.: P. Reyero. documental.
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El buen cine documental tiene dos cosas que la televisión muchas veces olvida: tiempo y respeto. Para el caso, cuando la TV muestra gente de barrios carenciados, por lo común toma temas policiales, con armado de videoclip, narrador alarmista, y música tremendista. Tan amarillo, que cualquiera se pregunta cómo hace la gente de ahí para no salir corriendo con el colchón a cuestas. Pero «Angeles caídos», en apenas «un bloque» más de lo que dura un especial televisivo, nos muestra algo mucho mejor, porque se detiene respetuosamente frente a esas personas, y les da la voz a tres jóvenes que enfrentan cada día con ganas de superarse, pese a un entorno nada ideal.
Se trata de una niña de 12 años, hija de una almacenera boliviana de la Villa 20, que toca el chelo en la Orquesta Infantil de Lugano; un adolescente de 17, vestido a lo dark, de los fondos de Ingeniero Budge, violinista en la Orquesta Juvenil; y un muchacho de 21, de los monoblocks del Bajo Flores, conductor del grupo rockero Los Gardelitos. Los vemos practicando, les oímos hablar de música, contarnos sus vidas, sus expectativas, y sus formas de mantenerse a salvo junto a la madre y los hermanos, sin llorar miseria ni echarle la culpa a nadie. Vemos el hogar de cada uno. Y también notamos la ausencia del padre en cada uno. El chico ni lo menciona. La chica espera que ni vuelva a aparecer. Se arreglan bien, sin él. Pero en el tercer caso, la ausencia es solo física. Bohemio, familiero, Corneta Suárez es un recuerdo constante entre los suyos. Su hijo de 21 es ahora cabeza de familia, mira con dolor y cariño al hermano enfermo, empuja hacia delante, y reflexiona con madurez sobre el miedo a crecer que tiene su generación.
Ese fragmento es el más interesante, el más intenso, y no hubiera estado mal como cierre, aunque, claro, los otros son algo más luminosos. No es cuestión de dejar agobiado al espectador (al contrario, tal como está armado el trabajo, dan ganas de seguir viendo). Único reproche, el título «Angeles caidos», porque son ángeles, pero no han caído. Simplemente están tratando de alzar vuelo desde más abajo.
Autor, Pablo Reyero, el mismo del emotivo «Dársena Sur», sobre tres familias del Doque luchando por seguir adelante. Dicho sea de paso, él empezó hace unos 15 años junto a Fabián Polosecki, en los recordados programas «Del otro lado», cuando la televisión todavía prometía ser algo distinto.
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