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11 de octubre 2007 - 00:00

Bien en trama y actrices; falta emoción

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Silvia Pérez se luce como una ex vedette en decadencia en «Encarnación», interesante film de Anahí Berneri, que con un tratamiento menos distanciado, hubiera calado más hondo.
«Encarnación» (Argentina-España, 2007, habl. en español). Dir.: A. Berneri. Guión: A. Berneri, M.D. Espeja, G. Malajovich, S. Wolf. Int.: S. Pérez, M. Juncadella, L. Cáceres, O. Núñez, I. Saavedra, C. Portaluppi, M. Aguilar, F. Arenillas.

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Pone algo más que cuerpo y alma Silvia Pérez en esta película. Seguida, y a veces mejor dicho perseguida, asediada, de cerca por la cámara de Diego Poleri, que en ocasiones parece solazarse con una luz directa, la actriz, y recordada Miss Argentina, acá pone hasta las arrugas, los ojos cansados, las zonas de piel ya un tanto flojas, el aire de desconcierto de una de esas figuras que el negocio del espectáculo define, con ejecutiva crueldad, como «has been». Por supuesto, en vivo Silvia Pérez sigue prácticamente tan radiante como de costumbre, pero en la película pone todo esto (e impresiona) en cuanto personaje, porque está representando a una ex vedette, de nombre Erni, y de amable memoria todavía en la noche porteña, pero sólo amable memoria. Así la vemos, como invitada por obligación en un estreno, armando su página web con un chico experto, en su departamentito de calle Corrientes frente al afiche de las vedettes actuales, en lo del oculista, o en el « depto» de un amigo maduro, con quien, después de jugar un poco, hablan de poner una boutique, o un vivero, opciones que en este caso suenan como la aceptación del retiro, aunque ella pretenda seguir todavía de tacos altos por la vida.

Pero ahí Erni todavía está en su terreno. El problema surge cuando debe reasumirse como la tía Encarnación, y volver al pueblo natal para el cumpleaños de 15 de la sobrina, soportando las miradas burlonas de los hombres, entre ellos el cuñado, y el menosprecio de la hermana, que hasta la pasó por alto a la hora de decidir un asunto de herencia paterna. El retrato de Erni se completa, entonces, con esas miradas crueles, y con la más cordial de un gerente langa bastante joven, y, sobre todo, con la mirada de su sobrina, una chiquita que está por ser mujer, y se desconcierta entre los dos modelos de comportamiento: la madre, linda pero seca y seria, y la tía, sensual, piola, pero de mala fama.

Seguramente más de una mujer podrá reconocerse en estos retratos femeninos, que la directora Anahí Berneri sabe mostrar debidamente (destacable, también, el debut de la chica Martina Juncandella). Y todo el mundo va a sonreír con el desenlace, un pequeño, preciso, y malicioso triunfo de tía y sobrina contra las convenciones sociales. Lástima que el estilo elegido para el relato (episodios discontinuos, retaceo de la información, distancia emotiva) impida un mayor lucimiento de las actrices, y una mejor compenetración del público general.

Gusta, en cambio, al público específico del llamado nuevo cine argentino, como ya lo evidencian los premios Innovation y Fipresci respectivamente logrados en Toronto y San Sebastián.

En suma, una obra interesante por varios motivos, pero que quizá, trabajada de otra manera, pudo calar más hondo. Nunca se sabe.

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