Hay imágenes que vale la pena detener, retener, recordar, para poder valorar todo lo que nos llevan a pensar, todo lo que nos están diciendo, que nos proponen detenernos a mirar, que refieren del mundo que muestran, y que nos muestran del mundo en que estamos viviendo. La poeta, narradora y pensadora María Negroni lo logra de forma contundente con cada nuevo libro que impulsa a resistir a la banalidad reinante.
María Negroni sobre sus últimos dos libros: "Son variaciones de una misma poética"
La escritora viene de presentar dos obras: "Elegía Joseph Cornell", un poemario, y "Film noir", sobre el cine negro.
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María Negroni se refirió a sus dos últimos libros.
En “Elegía Joseph Cornell” (Acantilado) filoso y filosófico poemario que es, a la vez un libro de arte que toma un fragmento de una obra fílmica del pintor, escultor y cineasta estadounidense Joseph Cornell (1903-1972) para revelarnos las muchas lecturas nos ofrece su mundo y hacia dónde nos transportan. A su vez está en librerías “Film noir” (La marca), un verdadero tratado de estilo, personajes, estructura, forma y contenido de los films policiales del llamado “cine negro” sin dejar de mostrarnos como sus ecos iluminan nuestra realidad más inmediata. Dos obras imperdibles.
La rosarina María Negroni es Doctora en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Columbia, Profesora Sarah Lawrence College y en New York University, ejerce la Maestría en Literatura Creativa UNTREF, ha obtenido la Beca Guggenheim, y el Premio American Center New York. Lleva publicados cerca de cuarenta libros, muchos traducidos a varios idiomas. Dialogamos con ella.
Periodista: ¿Sus libros “Elegía Joseph Cornell” y “Film noir” son la expresión de dos poéticas? ¿Una qué encuentra en el cine, una lo íntimo, lo insólito, lo inesperado, y otra que viniendo del siglo pasado nos enfrenta a la cruda realidad actual?
María Negroni: Son variaciones de una poética, matices de la misma poética. En todos mis libros intento marcar un territorio autónomo de la literatura, dejando en claro que ese territorio autónomo tiene una función política. No es que ser trate de algo explícito, panfletario, que lleve un mensaje. No pasa por ahí, pasa por cierta mirada entre curiosa, incisiva, muchas veces provocativa.
P.: “El arte en su eterno nomadismo involuntario expone siempre secretos vinculados con verdades incómodas, y esa es su función política”, nos advierte en su libro sobre el cine negro de Hollywood, de 1940 a fines de 1950…
M.N.: Ese libro es consecuencia de una obsesión bastante antigua que empezó con mi libro “Museo Negro”, en que me meto con la literatura gótica, y la observo como una especie de alter ego de la poesía. La literatura gótica, que ahora está de regreso, surgió en el siglo XVIII en Inglaterra, en el mismo momento que estaba surgiendo el Iluminismo, la Ilustración, que condujo a la Revolución Francesa. Si el iluminismo francés es la razón, el orden, la ciencia, el gótico es la reserva indomesticable: el deseo, la noche, el cuerpo, el sexo. Y la poesía está en ese lugar. Luego de pensar sobre el gótico con “Galería fantástica” fui al fantástico latinoamericano, en el que encontré una deriva del gótico interrogando textos de Carlos Fuentes, Silvina Ocampo, Bioy Casares, Cortázar, Filiberto Hernández, donde encontré una poética de oposición a lo establecido.
P.: ¿Cómo pasa a las películas de Humphrey Bogart y Laurent Bacall?
M.N.: Los realizadores alemanes estaban interesados por el gótico, hicieron “Metrópolis”, “Nosferatu”, “El gabinete del Dr. Caligari”, y otras. Cuando Fritz Lang, Preminger, Murnau, entre otros, se exiliaron en Hollywood y allí hicieron las películas del “cine negro” que es la continuación del gótico por otros medios. Ahora el protagonista no es el vampiro, es el delincuente. No son los sótanos del castillo sino los del submundo urbano. Y los tópicos en el fondo son lo mismo: la noche, la corrupción del poder, la venalidad judicial y policial, las drogas, el submundo del sexo, la femme fatal. Hitchcock dijo que: si el melodrama capta la realidad haciendo a un lado las partes aburridas, al film noir le interesa el poder de lo ilícito como podría captarlo un poema visual. Me dedique a explicar por qué el film noir es más que eso.
P.: Por ejemplo, todo lo que denunciaba ese cine en tiempos de persecución ideológica y negacionísmo político. ¿En ”Elegía Joseph Cornell” va al encuentro de una política de lo íntimo?
M.N.: Cornell, con quien yo me identifico, es un paseante urbano que va en busca de desechos. No va en busca del gran arte, va en busca de postales viejas, restos de películas caseras o descartadas, de fotos de divas de la ópera, bolitas, recortes de revistas, pedazos de relojes, es como un coleccionista de residuos y baratijas. Cornell construyó su arte con cosas encontradas, que es lo que hago yo, y que creo que es lo que hacen todos los artistas. El arte se hace con el arte que nos precede, no se hace de la nada. Vamos juntando cosas impulsados por nuestra propia obsesión, nuestra urgencia de poner en el papel ciertas ideas, ciertas emociones y con eso hacemos lo que escribimos, lo que producimos.
P.: Su “Elegía Joseph Cornell”, ¿es la biografía de un artista singular, un poemario, un libro de arte, un libro objeto, un diario de emociones ante la secuencia de una película o un juguete para que el lector descifre sus caligramas?
N.: (ríe) Todo eso junto. Todo eso a la vez. Yo siempre digo que el arte es la continuación de la infancia por otros medios. Es un juego complicado, complejo, pero es un lugar donde los adultos pueden recuperar la aún tienen de niños. Ese momento en que el mundo no está aún petrificado. Todo eso está en la escritura, la pintura, la música. Posee una función extraordinaria: abrir el espacio de la imaginación, de la libertad cierta, de la capacidad de imaginar cosas diferentes.
P.: Entre las películas que hizo Cornell con pedazos de películas (algunas como sus obras se pueden ver por YouTube, está “Rose Hobart” que cuando la estrenó Salvador Dalí rompió el proyecto al grito de “usted me robó el subconsciente, se ha metido en mis sueños”. ¿Cornell también era surrealista?
M.N.: Nunca se definió como surrealista. Fue un marginal en todos lados. Su mayor acercamiento al surrealismo fue ser secretario de (Marcel) Duchamp. Nunca participó de exposiciones colectivas de los surrealistas. Su primera retrospectiva la hizo el Museo de Arte Moderno de New York cuando Cornell tenía 80 años. En el libro me detengo y leo de muchas maneras la secuencia de “Children Party” donde una nena pasea desnuda, especie de Lady Godiva, pasea desnuda sobre un corcel blanco.
P.: ¿Estos dos libros, y en los que le preceden, son su modo de enfrentar la banalidad impuesta desde el poder, la decidida invasión de la mediocridad?
M.N.: Es una forma de resistencia. No resistencia en el sentido elementalmente explícito, que no es la única forma de resistir. Hay resistencias que pasan por aperturas al modo de pensar, de sentir. El arte tiene su forma específica de resistir. Hay una batalla que se da desde el discurso.
P.: Sobre todo cuando se trata de impedir la transmisión del saber…
M.N.: del pensamiento…
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
M.N.: Estoy cerrando una novela nueva, que sería la cuarta, luego de “El sueño de Úrsula”, “La anunciación” y “El corazón del daño”. Y tengo el libro de poemas que escribí el año pasado, durante la Beca del Programa Internacional de Artistas de Berlín, está inspirado en unas miniaturas musicales de Arnold Schöenberg. Se va a llamar “Afinación de la ceguera”, que es cuando buscas afinar lo que no ves.
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