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22 de enero 2008 - 00:00

Buenas actrices sostienen novelón de corte televisivo

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Un director hábil y las actuaciones de Silvia Pérez, Sofía Gala y la estupenda Norma Pons hacen que la trama telenovelesca de «Secreto entre mujeres» se haga entretenida y hasta verosímil.
«Secreto entre mujeres» de C. Furnaro. Dir.: J. Baccaro. Int.: N. Pons, S. Pérez y S.G. Castiglione. Dis. Esc.: D. Feijoo. Dis. de luces: G. Díaz. Mús.: S. Vainikoff. (Multiteatro.)

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Como sucede en tantas comedias dramáticas, ésta es una historia en la que triunfa el amor y la solidaridad gracias a que sus protagonistas logran transformar el dolor y la sorpresa iniciales en algo digno de compartirse.

Tres mujeres de distintas edades y procedencia deben aceptar que son viudas del mismo hombre al cruzarse de improviso en su funeral. Sobre este motivo argumental se han construido centenares de telenovelas y telefilms, sobre todo de Hallmark Channel.

Estas historias de vida no tienen otra pretensión que hacer que el público ría, derrame algunas lágrimas y se deje influenciar, sin perjuicio alguno, por ese constante fluir emotivo. «Secreto entre mujeres» sigue ese modelo, es una obra intimista, de estructura muy simple y llevadera, y cuenta, además, con tres personajes lo suficientemente carismáticos como para compensar algunas situaciones reiterativas que obstruyen la acción dramática (unos cortes la beneficiarían notablemente).

Las primeras en aparecer en escena son Silvia Pérez y Norma Pons. La primera asume con sobriedad y convicción su rol de mujer independiente que aún conservando gran parte de su belleza y seducción prefiere entregarse de lleno a su oficio de abogada. Pons demuestra una vez más sus extraordinarias dotes de actriz dramática. Su presencia ilumina la escena, no sólo por la infinidad de matices y de rasgos encantadores que le aporta a su malhumorado personaje, sino porque cada gesto suyo, cada emoción que la atraviesa, cada uno de sus textos suenan tan verdaderos que resulta imposible no emocionarse con ella.

Hay una escena en la que su personaje, ya totalmente abrumado por la situación, sufre de un intempestivo ataque fóbico y decide irse. Cuando, de repente, encuentra en su bolsillo el pañuelito que buscaba y aferrada a él logra volver a sus cabales en forma instantánea. Ese pequeño episodio, de gran comicidad, no es más que un ejemplo de la extraordinaria versatilidad de esta intérprete.

La tardía aparición de Sofía Gala Castiglione obedece a exigencias de la intriga muy discutibles por cierto, ya que las escenas más logradas de la obra tienen que ver justamente con el colorido debate que entablan estas tres mujeres sobre la durabilidad del amor, el concepto de fidelidad y los distintos prejuicios que rodean a estos temas. La joven actriz brinda momentos de delicioso desparpajo en un rol que parece hecho a su medida. Le faltaría ajustar algunas escenas de llanto para ganar mayor naturalidad.

Una obra como ésta (basada casi en un ciento por ciento en la labor de sus actrices) requería de un director tan hábil y experimentado como Julio Baccaro. Es mérito suyo que no haya desbordes sentimentales ni cortocircuitos entre un elenco, que por otra parte, comparte una excelente química.

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