Consagran una muestra a la trayectoria de Justo Solsona

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Con sus contactos transcontinentales, Buenos Aires, al revés de Nueva York, fue enriquecida por un gran número de obras art nouveau que allanaron el camino al art déco y, desde allí, a la era del alto modernismo, que fue anunciada por la influyente visita de Le Corbusier en octubre de 1929», escribió el reconocido crítico inglés-norteamericano Kenneth Frampton en su prólogo para «Breve historia de la arquitectura argentina», del autor de esta nota. Y continuaba «Quizá sea importante señalar que esta singular ocasión fue seguida, en 1931, por la presencia de Werner Hagemann, quien presentó ejemplos adelantados de arquitectura alemana».

En ese mismo año, nacía en Buenos Aires Justo Solsona, quien llegaría a ser uno de los grandes arquitectos argentinos, y de quien pasado mañana se inaugura una importante muestra de su larga trayectoria, en el Centro Cultural Recoleta, con obras construidas y proyectos desde 1957 hasta hoy, con planos originales, fotos, dibujos y modelos. Destacado profesor universitario, es además, reconocido como pintor y escritor, cuyas telas y relatos lo distinguen como un singular artista. Un alto grado de profesionalismo y creatividad caracteriza a todos los miembros del estudio que integran con Jujo Solsona, Flora Manteola, Javier Sánchez Gómez, Fina Santos y Carlos Sallaberry, este último, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo. A sus casi cinco décadas de trabajo como equipo de diseño, se suma el multifacético desempeño de todos sus miembros en el ámbito académico y cultural.

Han enriquecido permanentemente su lenguaje estético a partir de los requerimientos de cada obra y hoy son considerados como «maestros» de la arquitectura argentina, en lo que se ha dado en llamar «Escuela de Buenos Aires». Así lo anticipaba también Frampton, «...
Testa es probablemente el más refinado arquitecto en ejercicio en la Argentina de hoy, junto al renombrado estudio de MSGSSS (al que pertenecieron en sus primeros tiempos Ignacio Petchersky y Rafael Viñoly)».

Sus trabajos abarcan desde viviendas, oficinas, edificios industriales, centros educativos y deportivos, hasta intervenciones urbanas. No llegamos a comentar en este espacio una obra tan numerosa y múltiple, pero sí queremos destacar algunas de sus últimas realizaciones. ATC (Argentina Televisora Color), obra de los años 70, exigía una solución proyectual en una planta sola, que iba a ocupar la considerable superficie de cerca de 50.000 m². Estas necesidades fueron cumplidas por medio de una gran cubierta en pendiente constante, desde la calle Tagle, de la cual emergen los cuatro cubos ciegos de los estudios. De tal modo se recuperó el techo para la continuidad del parque circundante, generando una plaza seca que incluye un lago artificial y, dentro de él, una isla, un curso de agua, pérgolas y una columnata a la manera de pórtico.

Procede de un reciclaje el Banco de la Ciudad de Buenos Aires (1967-1968), en la esquina de Florida y Sarmiento, hecha sobre el edificio de una desaparecida tienda. La idea matriz fue la de configurar una totalidad, de manera tal que los distintos episodios arquitectónicos se integrasen en un espacio global. La solución consistió en diseñar una enorme caja de cristal, que, a modo de corteza, quedase dentro de la estructura metálica del edificio anterior, que fue conservada.

Las obras en altura merecen capítulo aparte en la obra del estudio.
Solsona ha escrito que, en esta tipología, «siempre intentamos proponer un lenguaje comprometido con cierta formalidad expresiva, sean las torres de oficinas o de viviendas, en el convencimiento de que la oportunidad de realizar un edificio protagónico (por su altura), nos obliga a resolverlo con una arquitectura que no sea la mera solución de una buena planta repetida treinta o cuarenta veces hacia arriba».

Así el rascacielos de oficinas Carlos Pellegrini (1969-1973), levantado en Catalinas Norte para la Unión Industrial Argentina, es un volumen puro, que nace del suelo y alcanza su altura máxima (120 m), rodeado en parte por un basamento en anillo. La torre de oficinas Prourban (1977-1981), en la esquina Sudeste de Avenida del Libertador y Carlos Pellegrini, es en cambio un volumen cilíndrico, de perímetro libre y 10 m de altura por 30 m de diámetro. La planta baja se transforma en una plaza ajardinada, y el acceso al edificio se da a través de una ancha vereda a partir de la diagonal de la esquina.

Para su proyecto Palacio Alcorta (1993), llevaron a cabo una reconversión para viviendas muy sofisticadas en el antiguo edificio de ventas de Chrysler, del arquitecto
Palanti, el estudio continúo el trazado radial de la pista para autos que recorría la terraza de la obra, definiendo el espacio interior alrededor del patio central. Fue una propuesta en la que intentaron continuar la calidad de algunos edificios emblemáticos de Buenos Aires, como el Palacio de los Patos, el edificio Estrugamou y el Kavanagh de 1932.

El proyecto del Natatorio Mar del Plata (1993), con una superficie de 7.000 m², en el Parque de los Deportes (Juan B.Justo y Luro), fue resuelto no sólo para su destino inmediato, los Juegos Panamericanos de 1994, sino también para su uso permanente. La propuesta de esta pileta sobre el nivel del suelo, evitó complicadas excavaciones. El diseño para las Torres Alto Palermo (1993-1994) no sólo dio solución a un tema inmobiliario, sino además se constituyeron en un aporte a la geografía urbana. Ubicadas en Junín y Bulnes, con una superficie de 60.000 m², son dos edificios gemelos de igual altura y tipología que con su presencia simétrica, se convirtieron en un símbolo, que caracteriza esa área. Las cinco torres de viviendas, Nuevos Aires en Belgrano (1998-2000), de 34.000 m², fueron realizadas en un terreno que ocupa a modo de cruz, más de la mitad de la manzana, en 11 de Septiembre y M.Ugarte. El conjunto tiene un gran espacio central, que a su vez, beneficia al barrio, donde no hay muchas plazas. Un circuito peatonal elevado comunica los edificios y se constituye en la pérgola perimetral que marca el área de juegos para chicos.

Como resultado de un concurso por antecedentes convocado en 1998 por Aeropuertos Argentina 2000, proyectaron la ampliación y refuncionalización de la Terminal de Ezeiza. El estudio propuso el desarrollo de una gran pieza -que parece una escultura-, que alberga la nave de salidas aéreas. Un espacio de grandes luces apoyado sobre una cabreada metálica de treinta metros sin apoyos intermedios. Similar idea materializaron las Piletas del CENARD (1998). Ambos diseños, de Mar del Plata y Buenos Aires, de hierro, metal, y vidrio, aluden a las estaciones del ferrocarril hacia fines del XIX, y los hangares de la primera mitad del XX; unas y otras acompañando los cambios tecnológicos del transporte.

El estudio pensó al Edificio ING (2002) en Puerto Madero como una masa que aludía a la solidez de un banco y compañía de seguros. Partieron de un cubo de granito vinculado formalmente con los antiguos docks de Puerto Madero. Dos edificios componen el conjunto Colonos Plaza ubicado también en esa zona. Paralelos entre sí, los cuerpos Norte y Sur enfrentan sus fachadas generando una plaza, que se abre hacia el río y la ciudad.

La exposición del estudio M/SG/S/S/S en el Centro Recoleta integra un ciclo de Grandes Arquitectos, organizado por
Néstor Otero.

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