10 de octubre 2007 - 00:00

El correo que Hitler nunca leyó

Hitler junto a su lugarteniente Rudolf Hess, el encargado deleer y, en ocasiones, responder las miles de cartas que recibíael «Führer», según el ensayo que acaba de publicarHenrik Eberle.
Hitler junto a su lugarteniente Rudolf Hess, el encargado de leer y, en ocasiones, responder las miles de cartas que recibía el «Führer», según el ensayo que acaba de publicar Henrik Eberle.
Berlín (EFE) - Coincidiendo con la inauguración de la Feria del Libro de Frankfurt, realizada ayer, el historiador alemán Henrik Eberle publica el libro «Cartas a Hitler. Un pueblo escribe a su Führer», un novedoso ensayo y análisis sobre el correo popular que recibía el dirigente nazi.

El estudio se basa en los miles de cartas de todo tipo de ciudadanos que Hitler recibió entre 1925 y 1945 y que, tras la caída del nazismo y el fin de la Segunda Guerra Mundial, fueron confiscadas por el Ejército Rojo y se encuentran depositadas en el Archivo Estatal Militar de Moscú.

En esos 20 años se acumularon decenas de miles de mensajes postales dirigidos a Hitler con felicitaciones y peticiones, propuestas e iniciativas, pero también iracundas quejas, firmadas por profesores y alumnos, curas y monjas, desempleados e industriales, oficiales y afiliados al Partido Nacionalsocialista (NSDAP).

El diario alemán «Bild» publicó un adelanto con pasajes del libro y comentó que la mayoría de las cartas estaban encabezadas con un «Mi Führer», «Estimado señor Canciller del Reich» o « Querido Führer» y que tan solo una persona osaba dirigirse a él con un «Querido Adolf», su hermana Angela Raubal. Las cartas, que en su mayoría no recibían respuesta, contenían en muchos casos juramentos de «fidelidad inquebrantable al Führer Aldof Hiler» como la de un tal Walter Zickler de 1925 o de apoyo a los principios del nazismo. «En Alemania la mujer debe volver a la cocina, el hombre al trabajo y la maternidad es un principio santo», escribió en ese sentido, en 1930, Elsa Walter, una mujer que se quejaba de que «la patria está enferma».

Eberle subraya en su libro que, salvo pocas excepciones, Hitler nunca leía las misivas que le enviaba el pueblo, y que esa tarea corrió al principio a cargo de su secretario personal y lugarteniente Rudolf Hess.

Contestación tenían cartas como la de Alfred Barg, que preguntaba a mediados de los años '20 sobre lo que pensaba Hitler del alcohol y a quien Hess respondió en el nombre del «Führer» que «el señor Hitler no bebe alcohol salvo en contadas celebraciones un par de gotas. Y no fuma en absoluto». Y también aquellas misivas en las que se le anunciaban regalos, donaciones o herencias de admiradores y seguidores, por pequeñas que fueran.

El número de cartas que recibió es también un reflejo de su popularidad: mientras que en 1925 cabían en un archivador los mensajes que le enviaron mayoritariamente sus primeros admiradores, en los tres primeros meses de 1933 recibió 3.000 mensajes coincidiendo con su llegada al poder. A partir de ese año y hasta mediados de los años '40, Hitler recibió siempre más de 10.000 cartas anuales de particulares con todo tipo de mensajes.

Sin embargo, menos de cien personas lo felicitaron con motivo de su cumpleaños, el 20 de abril de 1945, pocos días antes de que el Ejército Rojo tomase Berlín y Adolf Hitler se suicidara en su búnker, según se desprende del material archivado.

En un momento dado, Hess cedió la misión de leer y responder las cartas a Albert Bormann, hermano del dirigente nazi y brazo derecho de Hitler, Martin Bormann, quien seleccionaba pasajes de las cartas o elaboraba resúmenes para que el «Führer» conociese de cerca la opinión del pueblo.

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