«El tenor» de K. Ludwig. Dir.: C. Oliveri. Int.: F. Gianola,R. Ranni, C. Alberó, G. Kraus, M. Petriela, M. Ardú, D. Lopilato y S. Rojas. Esc.: D. Feijoo. Dis.de Ilum.: R. Traferri. (Teatro «Metropolitan 1».)
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El director de un timportante teatro de ópera de Cleveland (Rodolfo Ranni) aguarda con impaciencia la llegada de Tito Morelli (Germán Kraus), el gran tenor del momento, al que contrató para interpretar el «Otelo» de Verdi por una sola función. Conociendo los caprichos del divo, el empresario le pide a su futuro yerno y aspirante a tenor ( Fabián Gianola) que lo reemplace esa noche. Pero Morelli llega a tiempo para la función, acompañado de su temperamental esposa ( Cristina Alberó) y bastante mal de salud. Esto dará pie a una serie de malentendidos que harán que esa misma noche haya dos moros de Venecia rondando por el lugar con el rostro embetunado y la consabida peluca de rulos.
Como el disfraz los vuelve prácticamente idénticos, todo el mundo se confunde, empezando por las mujeres.
«El tenor» es la típica comedia de enredos, de argumento liviano, personajes que bordean la caricatura y puertas que se abren y cierran permanentemente para dinamizar la acción. En esta nueva versión, dirigida por Carlos Olivieri, ese engranaje tarda en ponerse en marcha debido a que las situaciones que rodean a sus protagonistas han sido muy poco elaboradas por el director. Ranni y Gianola intercambian algunos chistes sexuales de poco ingenio, Krauss y Alberó discuten entre sí con acento italiano, mientras el resto de los actores intentan defender sus respectivos personajes lo mejor que pueden. Pero una vez que Gianola hace su aparición caracterizado de moro, todo empieza a resultar algo más divertido.
Al llevar el rostro pintado de negro, sus ojos parecen adquirir vida propia, rasgo que el comediante aprovecha al máximo, sumándole algunas gracias payasescas que lo convierten en una suerte de Harpo Marx africano (también la actuación de Krauss mejora notablemente bajo el disfraz de Otelo). De esta forma la comedia va ajustando su ritmo hasta alcanzar su principal cometido: que el público se ría de esta guerra entre sosías.
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