4 de noviembre 2005 - 00:00

Funciona el romance, pero falla el suspenso

Tim Robbins y Samantha Morton protagonizan un improbableromance en medio de la fallida intriga de «Código 46», y eseromance puede salvarles la película a los amantes del melodrama.
Tim Robbins y Samantha Morton protagonizan un improbable romance en medio de la fallida intriga de «Código 46», y ese romance puede salvarles la película a los amantes del melodrama.
«Código 46» («Code 46», Gran Bretaña, 2003, habl. en inglés) Dir.: M. Winterbottom. Int.: T. Robbins, S. Morton, T. Igawa, J. Balibar, O. Puri.

Como melodrama romántico, «Código 46» podría llegar a convertirse en un film de culto. Como ejemplo ultramoderno de ciencia-ficción avant garde, artística, seria e importante, da risa. Como simple thriller futurista, no existe.

La película funciona bien cuando se centra en el romance, potenciado por el tono solemne, al borde del kitsch de la estética y estilo sofisticado y super snob de la puesta en escena, la fotografía y los diálogos, que son muchas veces recitados en off con una entonación filosófica al mejor estilo Bucay. Eso no es grave: el kitsch y el melodrama son totalmente compatibles. La trama muestra a un investigador oficial muy serio y casado, involucrándose con la principal sospechosa del fraude que debía resolver. Tim Robbins no se saca la corbata ni cuando amanece en el futuro, mientras que Samantha Morton se declara culpable antes de que el detective tenga evidencias en su contra. Ya sea voluntariamente o no, las sustancias químicas son un flagelo temible, al punto de que un funcionario tome «virus» para sociabilizar mejor con sus sospechosos, o que alguien pueda ser inoculado con algo que provoca rechazo físico a una relación sexual prohibida (al comienzo hay una explicación totalmente risible de los problemas genéticos que derivan en el mentado Código 46; sería interesante saber cuáles son los 45 códigos previos).

Aun con esos traumas provocados artificialmente, los protagonistas pueden dejar que la pasión los lleve a las situaciones más improbables, y en este sentido Michael Winterbottom no se quedó corto. El director de «Welcome to Sarajevo» y «24 hour party people» aprovechó astutamente locaciones reales de Londres, pero sobre todo la increíble arquitectura urbana de ciudades como Shangai o Dubai.

Donde sí se quedó terriblemente corto es en todo lo que tenga que ver con la acción o el suspenso futurista, y ni siquiera amagó con emular la angustia y la violencia de Orwell o Huxley. Eso sí, al menos filmó al ex Clash, Mick Jones, cantando un karaoke del tema anti guerra de Malvinas «Should I stay or should I go», todo en inglés, sin las palabras en castellano originales, algo curioso en una película que tiene dos o tres palabras en español en cada diálogo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar